El secreto mejor guardado de la salmantina más longeva

Adelaida Hernández González cumplió 111 años este mes de abril, es la centenaria más veterana de toda la provincia, una de las más mayores de Castilla y León y ha protagonizado exposiciones fotografícas

Adelaida Hernández, la centenaria salmantina, con su bisnieto más joven José Manuel Hernández el día de su cumpleaños; abajo, una tarde en su hogar de la localidad de San Pedro de Rozados.
Adelaida Hernández, la centenaria salmantina, con su bisnieto más joven José Manuel Hernández el día de su cumpleaños; abajo, una tarde en su hogar de la localidad de San Pedro de Rozados.

Corría el año 1907. Alfonso XIII de Borbón regía la Restauración en España dentro de la Monarquía constitucional. Momento en el que los ojos marrones verdosos de Adelaida Hernández González despertaban por vez primera al mundo en la localidad de Las Veguillas, dentro de la comarca de Campo Charro, para comenzar una vida sin lujos pero con tesón y una fuerza inescrutable que le ha hecho cumplir hace tan solo unos días,el 11 de abril, 111 años, capicúa.

Adelaida nació en el seno de una familia de pastores y montaraces, la sexta de nueve hermanos. Y en la Finca Arguijo daba sus primeros pasos, jugaba, crecía y aprendía el duro batallar que trae consigo la vida. La primera de esas batallas a la que hizo frente fue perder a su madre con tan solo ocho años, tres años después, fallecía su padre. Y es que la gripe española fue una pandemia devastadora en todo el mundo que, en tan solo un año, se llevó a casi 40 millones de personas en 1918, no sólo morían colectivos sensibles como niños o ancianos, sino también jóvenes y adultos, en principio saludables.

Sin otra opción, Adelaida tuvo que hacer frente a las tareas que conlleva una casa y sacar adelante a sus hermanos. “Tuvo que hacerse cargo de los más pequeños”, cuenta uno de sus nietos, Juan José Hernández Rodríguez, de quien también se ocupó, pero de eso hablaremos más adelante…

Como cualquier joven de su época, había que casarse y Adelaida también lo hizo. Su marido era pastor y, por aquel entonces, hicieron de San Pedro de Rozados, otra localidad salmantina del Campo Charro, su nuevo hogar. Y la batalla continúa. Y es que las guerreras no son sólo de esta época, Salamanca ya contaba con esa casta de mujeres mayúsculas y luchadoras que se encargaba de los oficios del hogar más las labores que ejercía, codo con codo, con su marido en el campo. Las ovejas no se cuidan solas y supone un trabajo a tiempo completo. Del fruto del amor que ambos se procesaban nacieron tres niñas.

La salmantina vivió la dictadura de Primo de Rivera, La Segunda República Española, La Guerra Civil, la dictadura de Franco… con una oreja pegada a la radio, era la manera de informarse que tenía. “Siempre la tiene puesta, le ha acompañado mucho”. Y mientras el mundo se veía sumergido en una revuelta estudiantil y ETA comenzaba a sembrar el terror en España, la vida volvía a sacudir a Adelaida; debía apechugar otra dura batalla en 1968, la muerte de su marido. Y, de nuevo, al frente de un hogar, como siempre lo ha estado.

“Si algo caracteriza a mi abuela es unión”, revela Juan José. “Ella es como el eslabón de la familia”. Él mismo debe su crianza a Adelaida. Cuando las hijas de la salmantina se hicieron mayores, volaron del nido y una de ellas tuvo que marcharse junto con su marido en busca del pan al norte de España, concretamente a Plencia, en Bilbao. Así que la abuela se hizo cargo de Juan José, experiencia no le faltaba.

“Los seis nietos y  siete bisnietos tienen una colcha cada uno hecha a ganchillo por la centenaria”

Aparte de vivir pegada a la radio, dedicaba gran parte de su tiempo al ganchillo. Tiene seis nietos y siete bisnietos y todos y cada uno de ellos poseen una colcha hecha por ella, entre otras confecciones de costura y ropa; por lo que “se ahorraba un dinerillo si lo hacía ella misma”. También, ha dispuesto de un pequeño huerto y unas gallinas para aprovisionarse.

Activa hasta los 102 años”, comparte vivienda con su hija, de 73, Asunción Rodríguez, con la que de vez en cuando aún discute.

“Siempre ha sido una mujer de estar en casa, de trabajo y dedicación a la familia”, confiesan los suyos. No ha salido nunca de la provincia salmantina, físicamente, porque sus fotografías sí lo han hecho. Hace seis años, el fotógrafo neoyorquino afincado en Sevilla, Charles Ragsdale, le hacía una visita a nuestra salmantina para su Proyecto Generaciones, donde retrató a 26 centenarios con sus seres queridos más jóvenes. Adelaida forma parte de un libro para la posteridad y de varias exposiciones. Esto sucedía cuando contaba en su haber con 105 primaveras. Y, en la actualidad, con 111, a penas sí toma medicación: tres pastillas diarias (para prevenir trombos, para dormir y para el calcio).

Ha perdido algo de audición y “le da rabia que tengan que atenderla” porque ahora está en una silla de ruedas. “Ella, que siempre fue la más diligente para ir a buscar algo a los demás”. Esta visionaria que nunca le temió a los avances de la tecnología tiene un secreto, quizás nos lo cuente en su próximo cumpleaños.

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