La versión menos conocida del cáncer de mama

En los hombres, la enfermedad resulta casi una ‘rareza’. Luis forma parte de ese 1% de afectados del que hablan las estadísticas

Estas navidades se cumplirán cinco años desde que a Luis le dijeron que ese bulto en el pecho que el médico le había sugerido tratar con Thrombocid era cáncer. Como la pomada no borró la “avería” que él había empezado a palpar tiempo atrás y que percibía como “una especie de tubo”, insistió en su centro de salud hasta que fue derivado al Servicio de Cirugía. Una biopsia llevó al diagnóstico, el momento “en el que te chocas contra la farola y quedas aviado para tres meses, hasta que luego todo va pasando por encima, porque te dejas llevar, que en el fondo es lo que tienes que hacer”.

A pocos días de que el Día Mundial contra el Cáncer de Mama tiñera todo de rosa, Luis cuenta la versión menos conocida de una enfermedad que en los hombres puede considerarse rara: el 1% de los casos o, lo que es lo mismo, un varón por cada 100 mujeres afectadas.

Recuerda que echó de menos que algunos profesionales pusieran “unas gotas de optimismo” a un asunto de por sí serio. “Todavía hoy el cáncer se sigue asociando a muerte, incluso entre muchos médicos, y al principio fue como una sentencia”. Hasta que llegó a la consulta de la oncóloga.

También recuerda que echó de más que algún que otro conocido se llegaran a tomar su enfermedad “un poco a chufla”, aunque lo achaca a una mezcla de desconocimiento e incredulidad. En cuanto a él, asegura que el golpe se produce “porque es cáncer”, no porque seas un hombre y esté localizado en el pecho. “En ese momento hasta piensas que has tenido suerte, que podía haber sido peor; al menos el cáncer de mama da la cara”, apunta.

Tras una operación en la que desde el primer momento se mostró dispuesto “a que quitaran todo lo que hiciera falta”, llegó la quimioterapia, un tratamiento que le dejaba “sin fuerza ninguna”, hasta el punto de que durante “los días malos sus habituales paseos se reducían a una manzana -“¡y que no hubiera un bordillo!”- y abrir el precinto de una botella de agua se convertía en una odisea.

Reconoce que el proceso es difícil y que hay momentos especialmente duros, como la caída del pelo tras los primeros ciclos, aunque apunta que el golpe es quizás más intenso en las mujeres, como también lo es el momento de enfrentarse a los efectos de una mastectomía.

“Desde aquel primer choque con la farola, tus emociones van ligadas a cómo van las cosas y, en mi caso, a las confesiones con mi psicóloga. Yo soy de los que piensan que si necesitas ayuda, hay que pedirla”, comenta. Es una de las principales enseñanzas que le ha dejado la enfermedad -junto con la de “tomarte la vida de otra forma-, y también uno de sus consejos principales, sobre todo cuando eres hombre “y tiendes a hacerte el valiente”.

Tiene otros: “No pienses que no te va a tocar, porque todos estamos en el bombo; si notas algo raro, no esperes para consultarlo, porque no es lo mismo cogerlo antes que después; y si se confirma que es cáncer, deja que quien sabe y puede hacer algo lo haga. Y busca ayuda”, insiste.

Luis no es muy dado a sumarse a los días mundiales. Tampoco al que conmemora la lucha contra el cáncer de mama, a pesar de lo consolidado de su simbolismo. “Hay tantos días mundiales… Bien están para visibilizar, pero al final parece una lucha por ver qué enfermedad se lleva más apoyo de más gente para que se preste una mejor atención o se investigue más, cuando eso debería ser algo institucionalizado”, concluye.

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