Enfermedad renal: una dolencia grave y silenciosa

Con motivo del Día Mundial del Riñón, cientos de ciudadanos acceden a pruebas gratuitas de detección precoz en una carpa instalada en la plaza de Anaya

La gerente del hospital de Salamanca, Cristina Granados, se somete a una prueba en la carpa de la Fundación Renal.

La enfermedad renal crónica (ERC) es una de las patologías consideradas ‘silenciosas’, porque no produce síntomas hasta que el daño está muy avanzado. Por esta razón, las revisiones periódicas resultan fundamentales para que el diagnóstico se produzca lo más temprano posible. Sobre esta evidencia se asentaban las actividades programadas este pasado jueves con motivo del Día Mundial del Riñón, durante el que la Fundación Renal Íñigo Álvarez de Toledo instaló una carpa informativa en la plaza de Anaya por la que pasaron cientos de personas para someterse a pruebas gratuitas para detección precoz de su riesgo renal.

Así, a través de unos sencillos exámenes, los ciudadanos pudieron conocer los resultados al momento y recibieron un folleto con los valores obtenidos en las pruebas, al tiempo que nefrólogos y profesionales de Enfermería les transmitieron recomendaciones de salud adaptadas a cada situación individual. Para la organización de esta jornada divulgativa y de sensibilización, programada en el marco de los actos del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca, la Fundación Renal contó con la colaboración del Ayuntamiento de Salamanca, la USAL, el complejo hospitalario y la asociación ALCER, cuyos representantes participaron en un acto institucional pasado el mediodía.

El 10% de la población

Los principales factores de riesgo asociados a la enfermedad renal crónica son la diabetes y la hipertensión, aunque la patología se ve agravada por la obesidad y el sedentarismo. Tal y como destaca la Fundación, estos factores, junto con el incremento de la esperanza de vida, hacen que en los últimos años la prevalencia de la ERC haya crecido de forma significativa, superando el 10% de la población mundial.

La enfermedad renal tiene diferentes fases, y en sus inicios no da síntomas, por lo que es de difícil detección. Sólo cuando el fallo renal ya empieza a ser importante pueden aparecer signos como tobillos hinchados, dificultad para concentrarse, fatiga, orina espumosa o disminución del apetito. En el último estadio, el más grave, es cuando los riñones dejan ya de funcionar y los pacientes necesitan un tratamiento renal sustitutivo, ya sea hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante.

Según los datos facilitados por el Servicio de Nefrología del Hospital Universitario de Salamanca a la Fundación Renal, durante el pasado año fueron atendidos 183 pacientes con ERC en tratamiento de diálisis (114 hombres y 69 mujeres). De ellos, 156 recibieron hemodiálisis y 27, diálisis peritoneal. El 28,9% de los afectados tenía más de 80 años; el 40,5%, entre 65 y 79 años y el 30,6% tenía menos de 65 años.

En la mujer

En España, más de cuatro millones de personas padecen algún grado de la enfermedad, y más de 600.000 se encuentran en una fase avanzada de ERC. Así lo reflejan las cifras que maneja la Sociedad Española de Nefrología (SEN), que este año ha querido dedicar el Día Mundial del Riñón a la salud renal en la mujer.

En este sentido, desde esta sociedad científica se calcula que la ERC afecta a más de 110.000 mujeres en Castilla y León, según un informe realizado por la SEN en base a los estudios EPIRCE y ENRICA-Renal, que señala también que la patología se asocia a factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes, elevados niveles de colesterol, el sedentarismo, el tabaquismo y antecedentes cardiovasculares, además de la edad.

HÁBITOS SANOS Y CONTROLES PERIÓDICOS

El Informe realizado por la Sociedad Española de Nefrología con motivo del Día Mundial del Riñón recoge también los resultados de una encuesta realizada por la Federación ALCER, que muestra algunas características socio-demográficas de la población femenina con Enfermedad Renal Crónica. Los resultados revelan que, con frecuencia, la mujer con ERC se ve en una situación de desventaja fundamental con respecto al hombre: la de tener que ‘compatibilizar’ su enfermedad con su condición de cuidadora.

En este contexto, la SEN insiste en la importancia de que la población femenina siga unas pautas de vida saludables, con una dieta equilibrada que evite el sobrepeso o la obesidad y una actividad física regular, además del abandono del tabaquismo. Además, si existen factores de riesgo, como hipertensión, diabetes o colesterol elevado, es preciso someterse a controles periódicos y, a partir de los 65 años, realizar al menos una analítica al año para valorar la función renal.

¿Quieres ser el primero en comentar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*