‘Lecciones’ de convivencia con el autismo

Ocho niños y niñas del centro La Cañada comparten clase y actividades con alumnos del Colegio Pizarrales gracias a un proyecto de inclusión educativa

Javier Martín, junto a D.G., en la clase de Educación Física.

Toca Educación Física, así que llega con el chándal del colegio y con una camiseta de repuesto para después del ejercicio, como establece el colegio. Cuando aparece por la puerta del aula, D.G. es recibido con alboroto. 

Los compañeros le jalean, entonan su nombre, se levantan para acompañarle al perchero y le ayudan a quitarse el abrigo. Uno de ellos le toca las orejas en un gesto simpático. Él se deja querer y sonríe.

Otra niña le muestra unas figuras en una cartulina para recordarle que van a hacer gimnasia. Porque para D.G. es importante conocer bien las rutinas de cada día y recibir explicaciones estructuradas, a ser posible con ayuda de elementos visuales, como los gestos y los pictogramas.

Sus compañeros del Colegio Concertado Pizarrales lo saben, así que utilizan estos recursos cuando le hablan. En realidad, D.G. es alumno de La Cañada, un centro concertado de Educación Especial específico para personas con trastornos del espectro del autismo creado por la asociación Ariadna, y en el que actualmente están escolarizados 26 niños y jóvenes de entre 5 y 20 años. Ocho de ellos participan este curso en el proyecto de inclusión educativa que La Cañada desarrolla junto al Concertado Pizarrales desde 2012 y que antes ya se realizó en otros dos centros de la capital.

La idea es sencilla, pero de un alcance inmenso: cada chico o chica, en función de su edad, comparte al menos dos horas semanales de clase o actividades con los escolares del Concertado Pizarrales. Como uno más. Para ello, cuenta con el apoyo de Javier Martín Rodríguez, el maestro de La Cañada que acompaña a cada niño o niña y que actúa como figura de referencia para ellos, al tiempo que facilita la interacción entre el alumno con autismo y los escolares del Pizarrales.

“En este proyecto de inclusión educativa se trabajan objetivos curriculares, pero está más enfocado a favorecer las relaciones sociales entre los escolares, por lo que se buscan asignaturas y actividades que las faciliten, como Educación Física, Plástica, Música o incluso Conocimiento del Medio”, explica Javier. También comparten momentos del recreo, algunas excursiones y hasta las funciones del colegio.

Una compañera del Colegio Pizarrales se comunica con D.G. mediante pictogramas.

Más autonomía

En este momento, en el proyecto participan tres alumnos con autismo de Educación Infantil y cinco de Primaria (dos en el aula de

cuarto curso y uno en segundo, tercero y sexto). Los apoyos son distintos en cada caso, ya que dependen de las características de los menores y de sus dificultades a la hora de comunicarse e interactuar. En el caso de D.G, integrado en el aula de tercero de Primaria, Javier ha ido “restando apoyos” progresivamente para que el chico, que va a cumplir 10 años, adquiera un mayor grado de autonomía valiéndose de “apoyos normalizados en el aula”, es decir, de la ayuda de sus propios compañeros.

La clase comienza con las preguntas de la tutora, Ana Belén Pérez Sánchez, sobre las reacciones familiares a las notas del trimestre. D.G. permanece tranquilo y en silencio en su pupitre mientras sus compañeros ofrecen sus explicaciones. Javier, que permanece detrás y atento a lo que sucede, lo destaca. “El entorno habitual de estos chicos es el colegio La Cañada, donde cada clases tiene entre tres y cinco niños. Aquí pasan a una de 25. Son aulas muy ruidosas, y eso al principio les molesta, pero en pocos días se les pasa”, explica.

Tras el inicio de la jornada escolar en el Colegio Concertado Pizarrales, Carlos Peña, el profesor de Educación Física, va nombrando a los alumnos para que salgan de forma ordenada hacia las pistas deportivas. Llega el turno de D.G. Cuando escucha su nombre, sonríe y se “activa”, pero se resiste a levantarse. Carlos, entonces, pide a Noelia que vaya a buscarle al pupitre y le acompañe. Javier, su maestro de referencia de La Cañada, observa sin intervenir. Finalmente el niño se levanta para seguir a su compañera, que le indica con desparpajo: “Coloca la silla por lo menos”, y se lo indica con la mano.

Paloma Serrano, Javier Gómez y Javier Martín, en el centro La Cañada

Javier y Carlos cuentan que a veces se “pelean” por ayudar a D.G. a bajar al gimnasio, y hasta tienen que hacer una lista para guardar un orden de acompañantes. Desde hace algún tiempo, el maestro de La Cañada espera unos minutos antes de seguirles y les deja ir solos hasta el patio. Todo un logro.

En los niños con autismo, los avances son pequeños, pero fundamentales. “Para mí es una gran satisfacción, por ejemplo, el primer día que ves que el niño o la niña conecta con algún compañero y que la relación empieza a fluir. Es maravilloso y muy enriquecedor”, reconoce Javier Martín.

Beneficios recíprocos

Otro Javier, de apellido Gómez, asiente. Durante algunos años fue también el maestro de apoyo de este programa de inclusión de la asociación Ariadna, y ahora dirige el centro La Cañada. “El proyecto es muy positivo, porque permite que nuestros niños y niñas puedan estar con alumnos de un centro ordinario, compartir tiempos con chicos y chicas de su edad y sin sus dificultades. Al final, se producen muchos cambios beneficiosos tanto para nuestros alumnos como para los del colegio Pizarrales”, expone. Y es que esta convivencia es, al fin y al cabo, toda una “lección de vida y de diversidad” que garantiza un beneficio recíproco.

En esto existe una abrumadora coincidencia. “Es algo muy positivo para mí y para ellos, una gran oportunidad para que los alumnos adquieran conciencia y valores y actúen con solidaridad. Y aquí los chicos y chicas de La Cañada son uno más”, asegura Carlos Peña.
Mientras, Ana Belén Pérez, tutora de tercero de Infantil en el colegio Pizarrales, cree que la experiencia es necesaria “tanto para nuestros niños como para los niños con autismo”. Al fin y al cabo, prosigue, “el objetivo de la clase y de nuestro centro en general es trabajar desde la convicción de que todos somos iguales dentro de nuestras diferencias y que nos tenemos que aceptar y respetar”.

En La Cañada, cada aula cuenta con un máximo de cinco alumnos.

En su clase, los escolares conocen las dificultades de D.G., colaboran con él, le ayudan y le echan de menos cuando no está. Lo mismo sucede en las aulas en las que se han integrado los otros siete alumnos de La Cañada. “Cuando recibimos la propuesta, ni se nos ocurrió dudarlo. Creemos firmemente en la diversidad, así que en este centro somos un mundo en colores, como el que nos encontramos en la calle. Teniendo en cuenta esta filosofía, recibimos a estos alumnos con los brazos abiertos, porque forma parte de nuestro día a día”, señala Cecilia Regidor, profesora de Primaria y ‘responsable’, en el colegio Pizarrales, de este programa que coordina La Cañada.

Su director expresa su satisfacción por el trabajo que realizan junto al centro concertado, “por su trato humano, por su cariño y respeto y por cómo entienden las diferencias y las llevan con completa normalidad”.

Contra las barreras

D.G., durante uno de los juegos organizados en la clase de Educación Física del Colegio Pizarrales.

Paloma Serrano, presidenta de la asociación Ariadna, recuerda que la mejor forma de avanzar en la inclusión educativa es que existan oportunidades para que los alumnos con autismo se integren, en la medida de lo posible y con los apoyos necesarios, en centros ordinarios. No es fácil. Para desarrollar el proyecto, que supone un desembolso de 20.000 euros anuales, la entidad no cuenta con ninguna subvención pública, a pesar de que debe ser aprobado por la Consejería de Educación.

Aún así, Ariadna “sigue y seguirá apostando” por una iniciativa de gran eficacia para derribar los muros a los que se enfrentan las personas con autismo. “Si un niño aprende a vivir con la diferencia desde pequeño, la va a interiorizar como algo normal. Y entonces, al menos él habrá roto la barrera”, dice Gómez. Mientras, en el colegio, D.G. participa junto a sus compañeros en una original carrera de relevos.

EL AUTISMO

Los TEA son un grupo de trastornos del desarrollo que se manifiestan de muy diversas formas y con diferentes grados de severidad, principalmente en tres áreas: la interacción y las relaciones sociales, la comunicación y el lenguaje y la inflexibilidad de pensamiento.

Las personas con autismo tienen dificultades para empatizar con los demás y para comprender las normas sociales.  En general, les cuesta entender los dobles sentidos y las bromas, así como regular el lenguaje no verbal, el tono y el volumen. Además, comprenden el lenguaje de forma literal y  necesitan un entorno predecible que les aporte seguridad.

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