Impulso a la figura del asistente personal

La asociación Asprodes Plena Inclusión posee entre sus servicios la figura del asistente personal para aquellas personas que necesiten un apoyo en sus tareas cotidianas en un horario y modo a la carta; elemento clave para usuarios con diversidad funcional

Javier Gómez, con su asistente personal, Patricia Carra.

“Los jefes son ellos, los asistentes personales somos un recurso más”, explica Patricia Carra, técnico del servicio de vida independiente y asistente de la asociación Asprodes Plena Inclusión en Salamanca.

“Se trata de otra opción en el abanico de servicios, cuando una persona con diversidad funcional lo necesita. Nosotros tratamos de que esa persona reciba la ayuda dentro de su entorno; es decir, que no tenga que salir de su casa o pertenecer a un colectivo. Los que nos movemos somos nosotros a donde ellos nos digan, como y cuando lo requieran”. Esta aclaración resulta vital, pues la mayoría de las personas creen que para ser ayudados deben acudir al centro en cuestión.

La filosofía de trabajo es simple, el perceptor es el jefe, por este motivo, los usuarios son los que deciden no sólo cuándo y en qué necesitan el apoyo, sino quién se lo va a otorgar. Antes de acudir, el asistente personal es elegido. “Nos hacen una entrevista, algunos vienen con una libreta y nos preguntan sobre nuestra formación. En definitiva, son ellos quienes piden a la asociación, después de barajar sus opciones, quién quiere que les acompañe en sus tareas cotidianas”, explica Carra, que lleva unos diez años en Asprodes y dos como asistente personal.

En la asociación, ya son 65 personas las usuarias de este servicio y aumentando unas 20 personas al año. El reto es que en 2018 se pueda acceder a este recurso en cada cabeza de comarca.

“Empoderamos a la persona y fomentamos su autonomía”, Patricia Carra

Patricia Carra afirma: “Este apoyo es de calidad, empoderamos a la persona y fomentamos su autonomía y eso da sus frutos. Nos adaptamos a sus horarios, porque ellos son los que mandan y lo que hacemos los asistentes básicamente es acompañarles, desde charlar con ellos y pasar una tarde tomando un café, a ayudarles a hacer la compra, vestirse, acompañarles al médico, a clase -si se trata de algún estudiante-; para conducir, para realizar alguna gestión económica o, incluso, ir a un concierto de rock”.

Elena Polo, coordinadora del servicio de vida independiente de Asprodes, desvela que “el servicio se impulsó en el año 2014 gracias a un proyecto de la obra social La Caixa” y lo entendieron como “un cambio de modelo que apuesta por un sistema en el que las personas con algún tipo de discapacidad son las que autogestionan sus apoyos y ejercen todo el control”.

El objetivo es impulsar la inclusión social de estas personas, que tienen el derecho de formar parte de una comunidad como cualquier ciudadano. Se puede solicitar ayuda en cuatro grupos de tareas: personales, de acompañamiento y/o conducción, en el hogar y en la coordinación, planificación y apoyo en la toma de decisiones.

El ‘dependiente’ y el asistente

Javier, preparándose con su asistente para pasar el fin de semana fuera de la residencia universitaria.

La premisa primordial que tiene el asistente respecto al usuario o dependiente de este servicio es la confidencialidad y la actitud de respecto donde se establecen límites aunque es inevitable que “se creen vínculos y confianza, que hace que todo fluya mucho mejor”, asevera Patricia Carra, una asistente personal de Asprodes.

Carra ejerce esta figura desde hace dos años aunque lleva en la asociación unos diez. Javier Gómez es uno de sus jefes, un joven de 21 años que estudia de la Universidad de Salamanca y vive en una residencia. Javier padece Asperger y hemiplejía y, por ésta última, tiene paralizado un lado del cuerpo y necesita ayuda diaria en determinadas acciones, como coger la bandeja de comida en la residencia, ir al bus o acompañamiento en clase.

Un derecho

La figura del asistente personal es un derecho reconocido en la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia en su artículo 19. Pero, “realmente es una prestación poco conocida y aún no está regulado por cualificación consensuada”, aclara Elena Polo, coordinadora del servicio de vida independiente.

Más usuarios

Asprodes impulsa cada año el apoyo de los asistentes y los datos lo avalan. En 2015, 20 personas eran usuarias de este servicio, en 2016, se alcanzó la cifra de los 40 y, este año, 65. El reto para el 2018 es que, en todas las cabezas de comarca se pueda solicitar y que se ejerza la universalización de ese derecho.

Formación

Desde Asprodes, lamentan que la cualificación no esté regulada en España pero apuestan en su asociación por una formación continua de los asistentes y trabajan con el modelo de Castilla y León de plena inclusión, donde delimitan una formación de 50 horas, y donde la actitud de respeto y la confidencialidad son los pilares fundamentales.

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