Equinoterapia: caballos que devuelven sonrisas

La asociación salmantina Cavalier atiende a más de 30 niños con algún tipo de discapacidad en las instalaciones del club deportivo Hípica Valme, en la localidad de Pelabravo, gracias a los voluntarios

Una sesión de equinoterapia en Cavalier.

Numerosos son los beneficios que posee la equinoterapia para las personas con algún tipo de discapacidad y, si se trata de niños, esta técnica se vuelve cada vez más recurrente en el entorno salmantino. La asociación Cavalier dispone de esos ‘caballos que curan’ y que devuelven sonrisas a las familias.

Desde su fundación hace apenas un año, la organización ha crecido tanto en servicios como en usuarios. Una treintena de niños acuden cada semana al club deportivo Hípica Valme, en Pelabravo.

Los pequeños cuentan con todo un elenco de profesionales a su disposición: logopedas, psicólogos, educadores, fisioterapeutas… La presidenta de la asociación Cavalier y autora del libro Caballos, ocio, deporte y terapia para autismo, Inés García, revela que “se crea un vínculo especial entre el niño y el caballo”. Y destaca la inestimable labor que realiza el voluntariado. “De hecho, es una de las mejores actividades que pueden hacer los jóvenes en vez de estar en la calle y conforma un gran ejercicio de responsabilidad”.

Para poder acceder a las terapias, los pequeños deben contar con un requisito imprescindible: autorización de su doctor; muy “importante”, según la presidenta, “puesto que se trabaja con niños con diferentes grados en escoliosis o subluxaciones de cadera, por ejemplo, y la seguridad es la principal medida”.

Cavalier recalca la necesidad de contar con más gente que les ayude, y son muchas las acciones que desarrolla para dar a conocer su labor

Posteriormente y tras un estudio previo, los expertos de la asociación planifican los ejercicios. Las terapias duran, aproximadamente, 45 minutos y se realizan con 2 o 3 niños a la vez. Cada paciente cuenta con la ayuda de tres personas: un terapeuta, un ramal (que conduce al caballo) y una persona de apoyo.

Primero, se acondiciona al équido; después, se trabaja en pista; y, por último, se premia al caballo con pan o azúcar.

Según la vicepresidenta de Cavalier, Sara Seguín, “el mayor problema” son los fondos, pues todo lo que saca va directo a mantener a los cuatro caballos con los que ejecutan las terapias. Por este motivo, recalcan la necesidad de contar con más gente que les ayude, y son numerosas las acciones que llevan a cabo para dar a conocer su labor.

El verano pasado, participaron en el Encuentro Sonrisas, en el que, con la ayuda de la Asociación Sonrisas de Madrid y de la Guardia Civil, Bomberos, Policía y Protección Social, exhibieron los caballos en la localidad salmantina de Santa Marta “para sacar una sonrisa a estos niños con diversas enfermedades”. Además, el Ayuntamiento de Pelabravo ha organizado alguna paella solidaria para recaudar fondos y la asociación acude asiduamente a colegios e institutos de la provincia para mostrar su actividad.

Cavalier ya cuenta con una mención especial en los XXI Premios Tierno Galván, donde la Asociación DOA quedó en primer lugar y, también, disponen de un convenio con la Asociación de Enfermedades Raras de Castilla y León (Aerscyl).

En la actualidad, Cavalier pretende mejorar las instalaciones y cerrar una parte de la pista para que puedan seguir trabajando “en caso de mal tiempo”. Además, se encuentran inmersos en un estudio sobre enfermedades raras con la Universidad de Extremadura con la que colaboran estrechamente. Y reciben alumnos de prácticas tanto de la Universidad de Salamanca como de la Universidad Pontificia.

Beneficios para la mente y el cuerpo

Los expertos recomiendan la equinoterapia para personas con algún tipo de discapacidad física o psicológica . En este sentido, el caballo transmite calor y relaja la musculatura de los jinetes. Además, mediante el movimiento rítmico que evoca el animal, se consigue regular el tono muscular “muy aconsejable para mejorar la capacidad motora”, según la vicepresidenta de Cavalier, Sara Seguín, quien destaca que, a nivel hormonal, se genera oxitocina que favorece las relaciones sociales; algo que beneficia en mayor medida a personas con autismo.

Montar a caballo supone motivar a las personas, se incrementa la autoestima y la seguridad personal. Los pacientes de equinoterapia “se sienten capaces”, indica Seguín. Y, debido al ambiente relajado de las clases, se favorece el lenguaje que, unido a diversos ejercicios respiratorios, se aumenta la capacidad pulmonar; terapia indicada para para niños con hiperactividad. Además, en la asociación Cavalier, se trabaja para estimular la concentración y se fomenta la lectura y escritura, la locomoción, aspectos cognitivos, psicológicos y logopédicos.

“Juan ha mejorado mucho a nivel motórico y le hace muy feliz montar a Guadi”

Lo que más le gusta a Juan Molino Martín es montar a caballo y pregunta a su madre, Rocío Martín, cada día de la semana cuándo vuelve a ver a su amigo de cuatro patas, Guadi. Pero empecemos por el principio.

Juan es un niño de cuatro años que, al nacer, fue diagnosticado de parálisis cerebral. Le afecta, sobre todo, a nivel motórico; es decir, no puede mover sus extremidades y su tronco, tiene rigidez muscular y es un usuario de silla de ruedas.

Después de médicos y tratamientos, la familia de Juan descubrió la equinoterapia. Y lo hizo a través de unos conocidos que llevan a sus hijos al mismo colegio que acude este pequeño de ojos azules cada mañana (La Milagrosa). Éstos les recomendaron una asociación que, hace un año, se renombraría en ‘Cavalier’.

Era septiembre de 2015 y, con tan sólo dos años, Juan montó por primera vez a Guadi. Según cuenta su orgullosa mamá, Rocío Martín, “fue alucinante, le encantó desde el primer momento”. “No era de extrañar que su adaptación fuera tan fácil puesto que se trata de un niño muy cariñoso y simpático”.

Juan tampoco hablaba bastante bien y, tras un tiempo de terapia, el pequeño ha experimentado un “cambio asombroso”. Ahora, “se le puede manipular mejor y habla muy bien”. “Su espalda está más erguida y ha mejorado muchísimo en sus extremidades”.

Al ser tan pequeño y no poder abrir bien sus piernas, monta con su fisioterapeuta y pasan la clase cantando y contando cuentos a la vez que realizan los ejercicios. Rocío destaca que le encanta ver el cariño que profesa su ‘fisio’ a su hijo.

El pequeño y Guadi han formado un excelente equipo. Al pequeño le encanta peinar a su compañero de juegos y le echa de menos cada vez que la asociación se toma un descanso en agosto. Según su madre, si tuviera que renunciar a algo, nunca sería la equinoterapia porque “le hace tremendamente feliz”. Les devuelve sonrisas.

 

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