Contracturas: malas posturas que pesan sobre los hombros

Permanecer durante horas frente al ordenador en posturas forzadas, estudiar mal sentados y con la cabeza muy agachada o ‘perderse’ en la pantalla del móvil a cada rato pueden ocasionar una sobrecarga muscular causante de intensos dolore

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Es raro que, hoy en día, quienes trabajan en empleos sedentarios o que exigen movimientos repetitivos no hayan sentido alguna vez una sobrecarga muscular o una contractura. Detrás de esa molesta y muchas veces dolorosísima sensación de agarrotamiento detrás del cuello o sobre los hombros se encuentra una de las lesiones músculo-esqueléticas más frecuentes en la actualidad.

Una contractura es una contracción excesiva, involuntaria y continuada de las fibras que forman el músculo que se produce por diferentes causas, aunque entre las más habituales están “las posturas poco ortodoxas”, los tirones o estiramientos bruscos o los movimientos repetitivos, que producen una fatiga o sobrecarga muscular. Así lo explica José Luis Morencia Fernández, presidente del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de Castilla y León (CPFCyL), con sede en Salamanca, quien recuerda que aunque las contracturas pueden ocurrir prácticamente en cualquier músculo, la afectados “estrella” son el trapecio y el angular de la escápula, es decir, la musculatura que está “por detrás del cuello y por encima de los hombros”.

Mareos y dolores de cabeza

Pese a que las contracturas parecen una patología leve, sus efectos pueden extenderse y resultar ciertamente incapacitantes. “Una contractura puede incrementar la tensión sobre el disco o pinzamientos cervicales”, según destaca el representante de los fisioterapeutas de Castilla y León, quien recuerda que en ocasiones el dolor que causa una contractura se extiende hacia otras zonas. Además, puede generar mareos, hormigueo o sensación de adormecimiento en las extremidades, inestabilidad que empeora por las mañanas. Muchos dolores de cabeza intensos y recurrentes se deben también a este tipo de contracciones musculares que ocasionan las denominadas cefaleas tensionales, que pueden resultar “muy incapacitantes”, como también lo pueden llegar a ser las contracturas lumbares, causantes de un buen número de ausencias y bajas laborales.

Estrés y ansiedad

José Luis Morencia destaca también que el estrés y la ansiedad también pueden producir contracturas, puesto que se trata de estados que originan “un incremento del tono postural”.

fisioterapeuta contracturas“Esa sensación de estar alerta que conlleva el estrés tiene como consecuencia una mayor actividad muscular que nos hace más susceptibles de sufrir contracturas”, señala el presidente del CPFCyL. En este panorama, parece evidente que este tipo de lesiones y su elevada incidencia guardan una estrecha relación con nuestro ritmo de vida actual. Permanecer muchas horas frente al ordenador en posturas repetitivas y forzadas, estudiar con la cabeza muy agachada y mal sentados, sujetar el teléfono con la oreja y el hombro o perderse en la pantalla del móvil a cada rato pueden ocasionar una contractura muscular, que también puede aparecer cuando obligamos a la musculatura a hacer un esfuerzo mayor que el que puede soportar.

En este contexto, la prevención es la mejor herramienta para reducir el riesgo de padecer contracturas musculares. Así, y en el caso de trabajos o actividades que exijan pasar mucho tiempo en una postura estática, lo mejor es, como destaca José Luis Morencia, “realizar pequeños estiramientos en la silla cada 50 o 60 minutos y levantarse para que los músculos tengan cierto movimiento durante la jornada laboral”. Por su puesto, intentar mantener una postura adecuada mientras se permanece sentado frente al ordenador o en la mesa de la oficina resulta obviamente recomendable para minimizar la posibilidad de que se produzca una sobrecarga muscular.

Por otro lado, si la ocupación –laboral, deportiva o lúdica– requiere movimientos repetitivos, lo aconsejable es “realizar estiramientos antes, durante y después de la actividad” para mejorar la flexibilidad y facilitar la recuperación del músculo posteriormente. “Si existe sensación de tensión al final, lo mejor es aplicar frío o calor, dependiendo de los casos, ya que tienen “efecto miorrelajante”.

Cuando la contractura se produce, es importante no tratarla con masajes inapropiados ni automedicarse. Si el dolor no cede, aparecen pinchazos o sensación de hormigueo o adormecimiento en las extremidades, impide descansar o dificulta las actividades de la vida diaria, lo más apropiado es acudir al médico o a un fisioterapeuta con acreditación sanitaria para que puedan evaluar si se trata de una contractura muscular y determinen el tratamiento.

CUIDADO CON EL INTRUSISMO

Las ofertas de masajes y tratamientos terapéuticos que ofrece el ‘mercado’ son innumerables. Cuidado “con quién le pone la mano encima”. Como recuerda el
presidente del Colegio de Fisioterapeutas, existe un importante grado de intrusismo y “clandestinidad” en este ámbito, y los efectos de una mala práctica no son inocuos. “Las falsas promesas sobre técnicas cuya eficacia no está probada científicamente ponen en riesgo la salud de la población”, recuerda Morencia, que recomienda acudir a profesionales colegiados y con acreditación sanitaria.

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