“Entre el 30 y el 50% de la población padece intolerancia a la lactosa”

Entrevista | Dr. Alberto Álvarez Delgado, especialista del Hospital Universitario de Salamanca y portavoz de la Fundación Española del Aparato Digestivo

Dolor abdominal, hinchazón, diarrea, flatulencia… Aunque en torno a la intolerancia a la lactosa existe un alto nivel de autodiagnóstico y autotratamiento basados en consideraciones subjetivas, lo cierto es que se trata de un síndrome frecuente en nuestro entorno. Así lo confirma el doctor Alberto Álvarez Delgado, especialista del Servicio de Aparato Digestivo del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, profesor asociado de la Universidad de Salamanca y portavoz de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), quien aporta algunas claves para entender mejor la enfermedad.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

Es la no absorción o malabsorción de la lactosa (principal azúcar de la leche de vaca, de oveja y de cabra) a nivel de intestino delgado, y está provocada por el déficit de una enzima llamada lactasa o porque ésta no funciona adecuadamente. Hay que decir en este sentido que la lactosa también se encuentra en algunos productos industriales, como conservantes, por lo que la podemos encontrar en carnes precocinadas (salchichas, patés…), margarinas, helados, salsas, fiambres, embutidos, medicamentos, etc.

En 2015, la Sociedad Española de Patología Digestiva calculaba que la prevalencia de la intolerancia a la lactosa se situaba entre el 30 y el 50%. ¿Se mantienen esas estimaciones?

Sí, aunque en los últimos dos años no ha existido ningún estudio de prevalencia nuevo. España se encuentra en la zona intermedia de prevalencia, como otros países del sur de Europa, y las estimaciones son que el 30-50% de la población padece esta patología, superando a países del norte de Europa cuya prevalencia se encuentra entre el 0-10%.

El doctor Alberto Álvarez Delgado, especialista de Aparato Digestivo del hospital y portavoz de la FEAD.

¿Cuál es la diferencia entre la intolerancia a la lactosa y la alergia a la leche?

Hablamos de alergia a las proteínas de leche de vaca (APLV) cuando un individuo, tras la ingesta de proteínas lácteas, manifiesta una respuesta anormal (con signos que se pueden englobar dentro de las reacciones adversas a alimentos, incluyendo síntomas digestivos, respiratorios, cutáneos, etc.), y en ese proceso hay un mecanismo inmunológico comprobado. Mientras, la intolerancia a la lactosa es una reacción adversa alimentaria en la que no se puede demostrar ninguna reacción de hipersensibilidad del sistema inmunológico.

¿Cuáles son ser los síntomas de la intolerancia a la lactosa?

Se presenta como un síndrome que incluye diarrea, dolor abdominal, flatulencia y/o distensión abdominal (hinchazón) que ocurre después de la ingestión de lactosa.

¿Existen diferentes grados de afectación?

Podemos decir que sí existen diferentes grados de afectación, pero que esta graduación viene dada por diferentes causas: el origen de la intolerancia a la lactosa, la cantidad de lactosa ingerida, la cantidad de lactosa malabsorbida, el tipo de lácteo ingerido (yogur, leche, etc.), la velocidad del vaciado gástrico, la capacidad de absorción de agua en colon, el consumo simultáneo de comida, las interacciones con la microbiota luminal del colon y la hipersensibilidad visceral. El gran número de factores relacionados con la malabsorción de la lactosa tiene como consecuencia práctica que, como se ha mencionado, la correlación entre las pruebas de malabsorción de lactosa y los síntomas no es muy buena.

¿Cuál es el grado más grave?

El grado más grave de intolerancia a la lactosa es, probablemente, el déficit congénito de lactosa, cuya entidad aparece tras el nacimiento en los primeros días de vida y se caracteriza por una diarrea acuosa profusa secundaria a una ausencia total de actividad lactasa en las vellosidades intestinales. La percepción que tienen las personas sobre su tolerancia a la lactosa es muy variable y subjetiva, por lo que los diferentes grados de afectación también son variables.

– Entonces, este problema digestivo puede afectar también a la población infantil…
– En la infancia puede afectar de dos maneras: en aquellos bebés que tengan un déficit congénito de lactosa, cuyos síntomas aparecen en los primeros días de vida con diarrea profusa, y el déficit de lactasa que se produce en los bebés prematuros, que provoca los mismos síntomas pero que, a diferencia de la anterior, se corrige con el tiempo. En los niños mayores también puede aparecer el déficit primario adquirido de lactasa; en este caso, las concentraciones de lactasa aumentan al nacer, pero se produce una disminución progresiva determinada genéticamente y aparecen los síntomas. Además, en la infancia puede existir la hipolactasia secundaria a otro tipo de patología, como puede ser la enfermedad celiaca o la enfermedad inflamatoria.

¿Cómo se realiza el diagnóstico de la intolerancia a la lactosa?

El diagnóstico de la intolerancia a la lactosa se realiza por la sospecha basada en los síntomas y confirmada con las pruebas complementarias de malabsorción. En general, la sospecha clínica y la mejoría tras la eliminación de la lactosa tiene una alta sensibilidad diagnóstica. Entre los exámenes complementarios, tenemos la prueba clásica del aliento de hidrógeno, que se realiza ingiriendo leche o lactosa para, a continuación, recoger muestras del aire exhalado, donde se determina la concentración de hidrógeno en partes por millón. Si se produce un incremento excesivo en la excreción de hidrógeno en aliento se realiza el diagnóstico de malabsorción de lactosa. Esta prueba tiene las ventajas de ser aplicable tanto en adultos como en niños y ancianos, ser económica, aportar una medida cuantitativa y no ser invasiva.

“Sólo debemos usar los productos sin lactosa cuando presentamos alguna intolerancia a la misma”

Otra es la prueba de la gaxilosa en orina; se basa en determinar la eliminación de xilosa en orina (y/o sangre) después de la administración oral de un disacárido sintético que es desdoblado en xilosa y galactosa por efecto de la lactasa. Niveles bajos de xilosa en orina indican hipolactasia.Otras técnicas son la prueba de la tolerancia a la lactosa, la medida de la actividad lactásica en la biopsia duodenal o el test genético, que tiene la limitación de que sólo permite identificar a las personas con hipolactasia primaria. En nuestro medio, la más empleada es el test del aliento de hidrógeno con lactosa, que es utilizada por el 53% de gastroenterólogos. En cualquier caso, la elección de una u otra prueba, o incluso de la prueba de un tratamiento empírico retirando la lactosa de la dieta, dependerá del profesional sanitario o de la disponibilidad de las técnicas.

Hay personas que perciben que la leche les “sienta mal” y deciden prescindir de este alimento o sustituirlo por productos sin lactosa. ¿Es muy frecuente esta especie de autodiagnóstico?

Sí. Esta entidad se define como intolerancia a la lactosa subjetiva, y es aquella situación en la cual la persona decide de forma subjetiva atribuir sus molestias digestivas a la lactosa restringiendo su consumo de forma no justificada.

¿Tiene alguna consecuencia negativa prescindir de la leche de vaca o los lácteos y sustituirlos por productos sin lactosa?

Se ha demostrado que los productos lácteos producen una reducción de la tensión arterial, un adecuado control del peso, una disminución del riesgo cardiovascular y contribuyen a prevenir el desarrollo de diabetes de tipo 2 dentro de un estilo de vida saludable. De igual manera, los últimos estudios sugieren un efecto protector de los lácteos frente al cáncer colorrectal y el cáncer de vejiga. Antes de decidir sustituir la leche de vaca por leche sin lactosa, la primera recomendación es reducir la cantidad de leche de vaca hasta eliminar los síntomas, ya que con esta medida en ocasiones podemos encontrarnos bien. Los pacientes con intolerancia a la lactosa pueden sustituir los lácteos por alternativas sin lactosa. De este modo pueden realizar una dieta más variada y mantener una ingesta adecuada de calcio. Además de lácteos sin lactosa, también hay disponibles múltiples productos elaborados sin lactosa, como son embutidos, pan, chocolates y salsas. Es interesante destacar que el consumo de los alimentos sin lactosa se ha generalizado, incluso en personas sin intolerancia a la lactosa demostrada, posiblemente por considerarse erróneamente más saludables.

“La primera recomendación en caso de intolerancia es reducir la cantidad de leche de vaca hasta eliminar los síntomas”

Una vez diagnosticada la intolerancia a la lactosa, ¿cuál es el tratamiento?

Lo primero es descartar una hipolactasia secundaria a otro tipo de patología digestiva, como la enfermedad celiaca, la enfermedad inflamatoria intestinal, la diarrea infecciosa u otras, como puede ser el síndrome de intestino irritable. Como he dicho anteriormente, una vez diagnosticada la intolerancia lo primero es reducir la ingesta de productos con lactosa; si conseguimos controlar los síntomas, no realizaremos más medidas. En el caso de no lograrlo, será necesaria la retirada de la lactosa de forma completa. Es importante para los pacientes recordar que la lactosa no solo se encuentra en los lácteos, por lo que deben tener cuidado con estos productos. Por otro lado, existen enzimas sustitutivas de la lactasa endógena. Los pacientes con intolerancia a la lactosa pueden emplear estas enzimas exógenas cuando prevén una ingesta de lactosa mayor a 10-15 g. Aunque no está contraindicado su uso diario, habitualmente se recomienda su uso de forma ocasional. Se deben tomar al principio de la comida, en una dosis proporcional a la cantidad de lactosa que se prevé ingerir.

¿Los productos sin lactosa son recomendables?

Solo debemos usar los productos sin lactosa cuando presentemos algún tipo de intolerancia a la misma.

¿Estos alimentos las mismas propiedades que la leche y los lácteos convencionales?

La lactosa no es un nutriente esencial, por lo que su falta en la dieta no supone un riesgo. Lo importante es seguir una dieta equilibrada y rica en nutrientes (vitamina D, calcio, magnesio, proteínas y vitaminas) y evitar aquellos alimentos o sustancias que destruyan el calcio de nuestro organismo.

¿Por qué algunos afectados sufren problemas digestivos si toman leche, pero no si consumen otros productos, como yogures, cuajadas o quesos?

En este sentido, hay que tener en cuenta una serie de consideraciones: las leches desnatadas presentan más nivel de lactosa que las enteras; los productos lácteos fermentados (yogures) tienen menos lactosa; los quesos curados no tienen lactosa; los semi-curados, escasa cantidad y los quesos frescos presentan más nivel de lactosa. La mantequilla y cremas presentan escasa cantidad de lactosa.

¿Es posible curar la intolerancia a la lactosa?

La producida por déficits congénitos primarios no se puede curar, aunque sí aliviar o eliminar los síntomas con la dieta de exclusión de lactosa. Si la intolerancia a la lactosa es secundaria a otro proceso, sí es posible curarla cuando resolvamos dicho proceso, como ejemplo podemos decir que un paciente que tiene celiaquía al retirar el gluten mejorará de la intolerancia a la lactosa.

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