“Me ha sorprendido tanto la tele, que ahora apenas la veo”

Víctor Gutiérrez, el cocinero que da nombre al único restaurante de Salamanca que posee la prestigiosa Estrella Michelín, se quedó en el segundo puesto de la final del concurso de Antena 3, 'Top Chef'

El cocinero Víctor Gutiérrez. Fotografía: Enrique Carrascal

Víctor Gutiérrez ha llevado su cocina hasta la gran final del programa ‘Top Chef’, que se emitió la noche del pasado miércoles en Antena 3. Aunque para muchos, él es el justo ganador, el cocinero afincado en Salamanca no consiguió el cuchillo dorado y tuvo que conformarse con el segundo puesto.

-Al final no pudo ser y te quedaste con el segundo puesto…

Bueno, el año pasado ya ganó un concursante extranjero. Dos veces iba a sonar mal.

-Siempre has sido una persona discreta, de hecho, ni siquiera en Salamanca ponían rostro a tu nombre ¿Cómo has afrontado la popularidad que te ha dado la televisión?

Con naturalidad, la verdad. Al principio te sientes extraño, observado. Han sido tres meses en pantalla, en un programa de mucha audiencia. La gente te reconoce, quiere hacerse fotos contigo, entran en el restaurante sólo para saludarme… no me molesta para nada. Agradezco las muestras de cariño.

-¿Y cómo ha sido tu experiencia como concursante?

La experiencia ha sido muy positiva. Ahora me conocen, no sólo por el nombre; saben dónde estoy y también cómo trabajo. Estoy contento, porque he cocinado y se ha visto. También me ha enseñado a manejar las relaciones con los medios de comunicación y, sobre todo, he aprendido cómo funciona la televisión y, en concreto, este tipo de shows.

-Y… ¿cómo funcionan?

Todo está escrito. Me ha sorprendido tanto la tele, que ahora apenas la veo; selecciono muy bien los programas y dedico el tiempo a otras cosas.

-¿Por qué te apuntaste a este concurso?

Fue una decisión personal, desde luego. Me pareció interesante para dar a conocer mi trabajo y conseguir lo que he conseguido, que sepan quién soy y donde estoy. Lo que tenía muy claro es que iba a por todas, a ganar.

-Dicen que has sido un concursante de estrategia, que has sabido manejar la situación e incluso a tus compañeros…

Yo he ido a ganar y me he mostrado como soy. En el programa aparece solo una parte de lo que ha ocurrido y de la totalidad de lo que se ha grabado. Si en vez de emitirlo todo, seleccionan las tomas y hacen montajes que distorsionan la realidad, lo que finalmente ve el espectador está sesgado.

El cocinero en su bodega del restaurante ‘Víctor Gutiérrez’ de Salamanca. Fotografía Enrique Carrascal

-¿Qué ha sido lo peor de cocinar ante las cámaras?

Lo peor de los retos ha sido el reloj, la ausencia de reloj para ser exactos. No saber cuánto tiempo te queda. Y también las largas horas de grabación, algunos días comenzamos a las seis de la mañana y terminamos a la una de la madrugada. Son sesiones muy intensas y, a veces, agotadoras.

-También nos han mostrado ese lado humano, en el que señalas a la familia como tu gran pilar.

Sin duda. Ellos lo son todo para mí. Mis hijas mayores han sufrido mis ausencias y han vivido este mundo en lo bueno y lo malo. Ahora, la mayor se está acercando con más interés a la cocina; al fin y al cabo, lo conoce desde niña. Cuando hago viajes gastronómicos, trato de llevarme a toda la familia, es un modo de conciliar.

-Estrella Michelín desde 2004. ¿Cómo afrontas la renovación año tras año?

Pues con nervios, especialmente los días antes de hacer públicos los resultados. Aunque debo reconocer que con los años he aprendido que la clave reside en trabajar cada día como si los inspectores estuvieran en la sala cada noche. Da igual quién venga a comer, da igual quién esté sentado fuera, hay que rendir al máximo y mostrar respeto absoluto al cliente, sea quien sea. Y, precisamente, esa filosofía la trasladé al concurso, dando lo mejor de mí en cada prueba.

“La implicación del personal es muy importante. Yo siempre digo que para que un restaurante funcione bien tiene que haber profesionales inteligentes en el comedor y fieles en la cocina”.

 

 

 

 

-El trabajo de su equipo imagino que es fundamental para lograr la estrella Michelín o los Soles de Repsol.

Claro, la implicación del personal es muy importante. Yo siempre digo que para que un restaurante funcione bien tiene que haber profesionales inteligentes en el comedor y fieles en la cocina.

-¿Le ha reportado el concurso nuevos proyectos?

El concurso me ha reportado visibilidad y ha ubicado mi restaurante en el mapa. Los nuevos proyectos han llegado antes, supongo que son otro modo de reconocimiento al trabajo bien hecho, reflejado a su vez en la “biblia de la gastronomía”, que es la Guía Michelín.

-¿Cuáles son esos proyectos?

Pues uno tan hermoso e ilusionante como encargarme del restaurante de la Bodega Arzuaga, que abrirá próximamente y estará en el interior de la propia bodega. Amaya Arzuaga, que había pasado por el restaurante en alguna ocasión y conocía mi cocina, me lo propuso y me pareció un  reto fantástico.

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