Regresar a las aulas de la universidad cumplidos los 70

La desocupación laboral permite cursar estudios para los que antes no se tenía tiempo; tanto la USAL como la UPSA poseen programas en la Universidad de la Experiencia

Un encuentro de mayores de la Universidad de Salamanca.
Un encuentro de mayores de la Universidad de Salamanca.

Me jubilé y dije, ahora es la mía”, pensó Elena Guerra, de 71 años, que cursa 4º y está a punto de concluir su grado en Historia del Arte. Es la segunda vez que Elena cursa estudios superiores. Fue enfermera y, desde que se retiró, dedicó su tiempo libre a clases de dibujo y pintura, entre otras cosas. El Arte es su pasión y decidió compartir pupitre de nuevo. “Animo a todo el mundo de mi edad que quiera estudiar, no tenemos prisa y si llega un momento en el que no hay tiempo u ocurre algo, no pasa nada por dejarlo. Se puede retomar más adelante. Ésa es nuestra gran ventaja”, confiesa la salmantina, quien se encuentra “encantada” con su compañeros más jóvenes y lamenta que no hayan más personas mayores puesto que “ya han concluido sus estudios y hay poca renovación de gente de nuestra edad”.

Elena Guerra, 71 años, estudiante de 4º de Historia del Arte: “Me jubilé y pensé ahora es la mía”

Los veteranos se ponen manos a la obra y aprovechan que están retirados laboralmente para dedicarse de nuevo a estudiar cursos superiores. Aunque el 90% del alumnado de las Universidades salmantinas lo conforman jóvenes que acaban de salir de Bachiller, los mayores también acceden a éstas y, además, tanto la Universidad de Salamanca como la Universidad Pontificia poseen programas en la Universidad e la Experiencia para compartir viajes y como complemento a las clases.

Craso error es pensar que la universidad es para jovencitos recién salidos de bachillerato o de un módulo de grado superior. La mentalidad no es la misma, las motivaciones tampoco y la experiencia, menos.

Las personas mayores de 40, 50 ó 60 años que deciden embarcarse de nuevo en los estudios superiores apechugan sus años de estudio bajo una mentalidad totalmente diferente. Lo que garantiza su éxito, no por la salida laboral, sino por el aprendizaje de nociones y materias. Su objetivo es aprender; mientras que, en la mayoría de los casos de los más jóvenes, su objetivo es aprobar.

Los veteranos aplican una de las premisas hoy perdidas: “el saber no ocupa lugar“. Y es cierto que “no lo ocupa” pero sí que resta tiempo. O al menos ésta es la razón que los ya mayores dan para explicar porqué no lo hicieron antes. “Compaginar estudios y trabajo no es fácil, es casi un imposible. Y cuando te jubilas tienes más tiempo libre para hacer aquello que siempre te ha gustado”, responden.

Otro de los argumentos que dan ellas, es que “antes las mujeres no tenían derecho a nada”. Si bien es cierto que aquellas que hoy ocupan un alto cargo en cualquier profesión, en su etapa de estudiantes eran una minoría. El ingreso de la mujer en las universidades se produce con un importante retraso, hasta finales del siglo XIX no acceden las primeras y, durante el XX, seguían sin ser representativas. Se matriculan de forma paulatina, en condiciones desiguales y con más obstáculos que sus compañeros masculinos. En la actualidad, la tendencia ha cambiado, ellas ocupan más plazas en las universidades españolas, aunque su preparación no garantiza que desempeñen altos cargos. Pero eso es harina de otro costal.

“No estaba bien visto que entráramos en la universidad”, afirman. A pesar de que los tiempos hayan cambiado las personas mayores que pretenden embarcarse en la aventura universitaria, hoy se encuentran con otros tabús sociales: “¿Cómo vas a entrar tan mayor?”, “¿para qué? si ya tienes tu vida resuelta”, ¿qué van a pensar tus compañeros de clase a los que les doblas la edad?”

Las ganas de aprender aquello que siempre desearon hace que rompan prejuicios. Se accede a la universidad mediante inscripción común y, además, los mayores pueden beneficiarse de las actividades de la Universidad de la Experiencia, anteriormente mencionadas.

Alfonso Dávila, 74 años, estudiante de Relaciones Laborales: “¿Y si me sale un trabajo?”, bromea

Los intercambios entre alumnos mayores impulsan la cooperación y suponen una manera distinta de viajar y de relacionarse con otras personas”, aseguran desde la Pontificia. Además, están subvencionados por la Junta de Castilla y León. Oporto, Badajoz, Burgos, Barcelona… son algunos de los destinos y que también son receptores de estos universitarios. La Universidad Pontificia de Salamanca tiene previsto que, este año, les visiten los séniores de la Universidad de Oporto entre el 14 y el 19 de mayo de 2018.

Alfonso Javier Dávila, estudiantede Relaciones Laborales y Recursos Humanos de la Universidad de Salamanca. Foto: DGRATIS Salamanca.
Alfonso Javier Dávila, estudiantede Relaciones Laborales y Recursos Humanos de la Universidad de Salamanca. Foto: DGRATIS Salamanca.

“Me pongo más nervioso en los exámenes que en los juicios”

Alfonso Javier Dávila es un estudiante más en el Grado Relaciones Laborales y Recursos Humanos de la Universidad de Salamanca. Cursa tercero y, este año, le está resultando “difícil”. Su pretensión es ocupar su tiempo libre y se lo toma como un alumno más, aunque tenga en su haber 74 primaveras. “Me pongo más nervioso en los exámenes que cuando iba a los juicios”, confiesa este salmantino que se dedicó toda su vida al Derecho y concurrió en un periplo como ganadero de morucha. De domingo a miércoles, le podemos encontrar en la ciudad, estudiando y yendo a clase, y, a partir del miércoles viaja con su mujer a Ciudad Rodrigo.
Allí, sigue hincando codos y leyendo, una de sus pasiones, paseando, pasando un rato con los amigos o, a petición de su esposa, lo deja todo para viajar.
“No hay prisa, lo primero es mi familia”.Alfonso, en sus años como colegiado, comenzó otra carrera: Grado Social, pero no la pudo acabar por hacer las milicias, ésa fue una de las motivaciones para volver a la universidad, así que un día preguntó a dos jóvenes estudiantes en la puerta de la facultad y volvió a las aulas.
Cuando la gente le pregunta suele bromear: “¿Por qué no? también, me puede salir un trabajo. Y sentencia: “Tengo capacidad de memoria, no hago demasiado el ridículo y dispongo de facultades para terminar, después, Dios Dirá”.

 

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