Un verano con los refugiados en Grecia

El Serendípity acogerá este sábado una jornada solidaria sobre la situación de las personas que huyen de la guerra para salvar sus vidas. La recaudación se destinará a la familia de Sahad, una joven irakí que reside en Salamanca, y a financiar el proyecto de voluntariado de Néstor Prieto, que viajará a Atenas para colaborar en un barrio de acogida impulsado y gestionado por la sociedad civil

Néstor Prieto coloca el cartel Nadie es ilegal' en una de las protestas organizadas el pasado año en la Caravana a Grecia.

Néstor Prieto Amador estaba impaciente por cumplir 18. No por el ansia de sacarse el carné de conducir, ni por tener carta blanca para comprar tabaco o alcohol, no. Él deseaba con todas sus fuerzas alcanzar la mayoría de edad para poder conocer más de cerca la realidad de quienes tienen que huir de su país, dejar su hogar y separarse de su familia por culpa de la guerra y la violencia.

El próximo 25 de julio emprenderá un viaje que le llevará a Exarchia, el barrio de Atenas en el que vecinos, voluntarios y personas refugiadas conviven en una singular experiencia de autogestión que aleja el espíritu de acogida de la idea de una caridad a cuentagotas.

Ya el verano pasado, con solo 17 años, Néstor se sumó a la Caravana a Grecia Abriendo fronteras, una iniciativa en la que se involucraron centenares de activistas para mostrar su rechazo a la política europea y española respecto a los refugiados y defender sus derechos. La experiencia le permitió conocer algunos testimonios de los que marcan. Pero quería vivir la realidad de estas personas más de cerca.

Durante todo el curso, este joven que ha terminado segundo de Bachillerato ha renunciado al descanso de los recreos para trabajar en la cafetería del instituto. “Vendiendo golosinas y paninis” ha conseguido dinero para sufragar parte de los gastos que implicará un verano de profundo compromiso social.

Néstor Prieto, en plena protesta durante la Caravana a Grecia.

Antes del viaje a Atenas, participará también en la Caravana a Melilla, respaldada por un centenar de colectivos del país, entre ellos CGT Salamanca y la Asamblea de Apoyo a las Personas Migrantes de Salamanca, organización a la que pertenece Néstor, que tres días después de regresar partirá hacia Grecia, donde permanecerá durante tres semanas “ayudando en lo que haga falta” en los squats del barrio ateniense de Exarchiacentros autogestionados de acogida surgidos a iniciativa de movimientos civiles a través de la ocupación de edificios en desuso, como escuelas, hoteles, pabellones y otros inmuebles abandonados.

“Tengo algunos contactos con voluntarios y me pondré a su disposición para colaborar en la elaboración de las comidas, hacer actividades con los niños, realizar obras y trabajos de mantenimiento… Lo que se necesite”, cuenta Néstor, que afronta “con expectación” las dos semanas que quedan para el inicio de su personal aventura. “Pienso en qué me va a deparar el viaje, que sé que va a ser duro, y también espero poder estar a la altura”, cuenta.

Mientras llega, actúa. Como manda su inconformismo, sigue actuando. Este sábado, por ejemplo, ha promovido una jornada solidaria con refugiados y voluntarios que dará comienzo a las 18:00 horas en el Serendipity (calle Serranos, 35) con un mercadillo de ropa, decoración, juguetes y otros artículos en el que quienes lo deseen pueden participar también aportando sus propios objetos.

Media hora más tarde dará comienzo una charla-coloquio en la que intervendrán varios voluntarios y en la que los asistentes escucharán el testimonio de Sahad, una joven refugiada que, huyendo de la guerra en su país, Irak, llegó a Siria, de donde se vio obligada a escapar de nuevo, recalando en Salamanca. A ella y a su familia se destinará, precisamente, la mitad de la recaudación de esta velada, que incluirá también un recital a cargo del poeta salmantino Raúl Vacas y una cena solidaria con comida de todo tipo: irakí, vegana, vegetariana… y para la que los comensales aportarán un donativo de 3 euros, además de alimentos, si lo desean.

La otra mitad de los fondos conseguidos durante la jornada ayudarán a Néstor a completar los ingresos obtenidos con su trabajo en la cafetería del instituto para poder sufragar los gastos de su viaje a los centros de acogida de refugiados en Grecia.

Después del verano, este joven que soñaba con los 18 años para que la edad no fuera un freno a su compromiso social tendrá que decidir definitivamente qué quiere para su primer curso en la Universidad. Ahora duda entre la Historia y las Ciencias Políticas, pero sabe que lo que verá, escuchará y sentirá estos meses será determinante a la hora de plantearse los estudios… y la vida.

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