TVE comparte viaje con la primera mujer comandante de vuelos transoceánicos, la salmantina Marta Pérez-Aranda

El programa 'Ellas', de La 1, rinde homenaje esta noche a las mujeres que trabajan en la aviación civil española

La piloto salmantina Marta Pérez-Aranda protagoniza esta noche el programa 'Ellas'.

El programa Ellas, de Televisión Española (TVE) homenajea esta noche (a las 00:40 horas en La 1) a las mujeres que trabajan en la aviación civil española, y lo hace asomándose a la trayectoria de la salmantina Marta Pérez-Aranda, la primera comandante de líneas transoceánicas de Iberia, con la que compartirá uno de los viajes. La homenajeada entró en la compañía en 1988, y logró este cargo en 2014.

La conocida actriz Blanca Portillo y la cantante Soraya Arnelas, anteriormente azafata de vuelo, se acercarán, junto a Elena Mayoral, directora del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, a distintas mujeres que desempeñan trabajos de todo tipo en sus instalaciones, y se reunirán con una de las pilotos más jóvenes de Iberia y con un grupo de pioneras en el que destaca la figura de Bettina Kadner, la primera mujer que logró ser piloto comercial en España.

Un momento del programa que emite esta noche La 1.

La vida de la salmantina Marta Pérez-Aranda, la primera mujer comandante de vuelo de su compañía que cruzó el océano, transcurre entre los aeropuertos de las grandes capitales del mundo y su casa, en Madrid, que comparte con su marido, también piloto de largos recorridos. Hace unos meses protagonizó nuestra sección Salmantinos sin Fronteras:

La salmantina que rompió con los prejuicios
y echó a volar

El 13 de enero de 2014 Marta Pérez-Aranda pasó a la historia como la primera mujer comandante de vuelo que sobrevoló el océano Atlántico de su compañía. Ese día voló con destino a Sao Paulo. Desde entonces, la salmantina, porque Marta es de Salamanca, no ha parado de recorrer continentes a los mandos de un Airbus A-340/300.

López-Aranda nació en Salamanca en la década de los 60; en la de los 70 ya sabía cómo era una cabina de vuelo y la base aérea de Matacán era un escenario tan familiar como su propia casa. Este hecho no les resultará nada extraño si les aclaro que su padre era ingeniero aeronáutico en la base salmantina. “Recuerdo la avioneta de El Cordobés. A mis hermanos, a mis primos y a mí nos gustaba subir en ella. El piloto militar Darío Marote nos invitaba a subir cuando aterrizaba”, recuerda la salmantina.

Criada en esta ambiente, no es de extrañar que existiera la mínima posibilidad de que deseara convertirse en piloto, y así fue. Pero no eran tiempos de aventuras para mujeres, y menos en el seno de una familia tradicional, donde los roles de las señoritas estaban muy lejos de estas pretensiones.

“Cuando estudiaba 2º de BUP, saliendo de casa una mañana, me sorprendió que en la parada del autobús que recogía a los estudiantes de la escuela de pilotos de ENA había una chica. La escuela de pilotos estaba recién estrenada. Fue como una luz en mi vida. Ese día decidí que lucharía por ser piloto”, explica Marta. Recuerda que se preparó la oposición para acceder a la escuela “a conciencia”. “Me fui en verano a Inglaterra a trabajar para conseguir un buen nivel de inglés, que era imprescindible para entrar”, añade.

El primer año fue muy complicado, “era la única chica en un grupo de 49 hombres, todos mayores que yo, porque ellos estaban haciendo la mili. Yo tenía 18 años”. Reconoce que estuvo a punto de abandonar, demasiada teoría, demasiado cambio. Pero comenzaron las clases prácticas, empezó a volar y se disiparon sus dudas. Cuatro años más tarde, uno más de lo previsto, porque un accidente aéreo modificó los planes de estudio, salió de Matacán y también de Salamanca.

El momento de licenciarse no fue el mejor, coincidió con la huelga general de una gran compañía. Como cualquier joven entusiasta que concluye sus estudios, envió cartas a todas las empresas del sector. Al final, pasó dos años trabajando para una línea de aerotaxi sin cobrar, pero, a cambio, hacía horas de vuelo. “Eso sí, pasé dos años sin vacaciones”. Sin saber muy bien cómo, reconoce Marta, empezó a trabajar en una firma muy conocida, en la que continua actualmente. “He volado con todos los aviones de la compañía. Airbus 300, Airbus 340, Airbus 320, el Boing 727 y el mejor de todos para mí, el Boing 757”, explica. Ahora pilota un Airbus de largo recorrido y suma 10.000 horas de vuelo.

Marta está casada con un colega, y tiene una hija veinteañera. “El hecho de que mi marido sea piloto me ha facilitado la vida y hemos podido compaginar familia y trabajo. Cuando uno volaba, el otro estaba en casa, cuidando de nuestra hija. Eso sí, de los 32 años que llevamos casados, hemos vivido juntos la mitad. Tenemos algunas conversaciones por videoconferencia. Hay días que cuando yo salgo de Nueva York, él está aterrizando”, revela divertida.

Marta ha transportado a numerosos famosos, como Richard Gere.

En la actualidad, Marta es un referente para cualquier mujer, un ejemplo claro de que todo es posible cuando se desea con pasión y se lucha con fuerza. Las barreras, las rompes o las saltas. En su caso, alguna queda en pie, y reconoce con cierta tristeza que duele vislumbrarlas cuando te las ponen los tuyos. Pero ha cruzado demasiadas veces los océanos, ya no merece la pena el resentimiento, es hora de agradecer a quienes confiaron en ella. “Mi padre me apoyó siempre y se sintió muy orgulloso de mí”, recuerda con cariño.

La compañía para la que trabaja Marta cuenta con una plantilla de 1.500 pilotos, de los que 68 son mujeres. “Tratamos de reunirnos cada cuatro meses”, explica. Marta Pérez-Aranda anima a todas las chicas que les guste esta profesión a que lo intenten; “es muy sacrificada, primero a nivel de estudio y después en cuanto a horas de dedicación y de reciclaje continuo, pero es hermosa si es tu pasión. Por otra parte, me gustaría decir que no es tan cara como se piensa, si tenemos en cuenta el precio de las matrículas de los grados en las Universidades”.

Ver programa Ellas completo

 

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