La tuna universitaria femenina de Salamanca cumple 20 años

La agrupación nació en el instituto Fray Luis de León como extensión de la tuna del centro educativo, cuando era un colegio menor

La incorporación de la mujer a todos los ámbitos de la sociedad es un hecho que no deja lugar a dudas. Incluso en los segmentos masculinos por tradición, las féminas han sabido ganarse a pulso su propio espacio. Por si hubiera alguna les ponemos un ejemplo y con él les contamos una historia.
A principios de los años 90 un grupo de chicas y chicos, estudiantes del instituto Fray Luis de León, decidieron retomar una antigua tradición del centro, que se originó desde su fundación como colegio menor, la tuna. A finales del siglo pasado las aulas del instituto ya eran mixtas, razón por la cual las chicas tuvieron la oportunidad de acceder a la agrupación. Comenta Elena Bonet, una de las refundadoras, que la iniciativa partió de ex alumnos, ex tunos del “Fray Luis” y también de universitarios que formaban parte de las tunas en activo en aquellos años. “Venían al instituto a enseñarnos canciones. Algunas sabíamos tocar la bandurria y otros fueron aprendiendo”.
No dudaron aquellas y aquellos adolescentes en vestirse las calzas y el jubón para salir con bandurrias y pandereta a conquistar los oídos y conseguir los aplausos del personal, que mostraban su sorpresa al encontrar a aquellas niñas lucir capa con soltura.
El paso del instituto a la Universidad de buena parte de aquellos estudiantes supuso también un paso más en la constitución de una tuna femenina en la Universidad de Salamanca. “Los compañeros se incorporaron a las agrupaciones de las diferentes facultades y nosotras apostamos por continuar y fundar una propia. Tuvimos un apoyo magnífico por parte del rectorado”, recuerda Elena, desde entonces más conocida por el apodo de “Duende”.
Así, en el año 1994 surge este grupo con entidad propia y lo hace con una importante cantera de componentes, las que venían del “Fray Luis de León”, y otras jóvenes que venían a estudiar de otras ciudades. Tras un largo “pardillaje” de tres años fueron becadas por la Tuna Femenina de la Universidad Complutense. “Intentamos que nos apadrinara una tuna salmantina, pero no todos los tunos aprobaban nuestra existencia, así que para no crear discordia, se lo pedimos a las compañeras de la Complutense de Madrid, que ya habían recorrido nuestro camino”.
Fue así como las mujeres comenzaron a tener representación en otro ámbito emblemático de la Universidad de Salamanca, que hasta entonces siempre estuvo ocupado por varones.
Dos décadas después de que aquellas pioneras lucieran por primera vez la beca granate, la tuna femenina de la USAL no sólo sigue activa, sino que además, se ha convertido en una agrupación referente y acompañan y tutelan a otras jóvenes con las mismas inquietudes, “recientemente hemos puesto las becas a las chicas de la Tuna Universitaria de Sevilla, nuestras ahijadas”, afirma Cristina Zato, tuna en activo.
Con los años no sólo se han ganado el derecho a continuar con una antiquísima tradición universitaria, sino que también han conseguido el respeto de los compañeros de las agrupaciones masculinas. “Aunque los comienzos no fueron fáciles, ahora gozamos del cariño de las tunas masculinas, con quienes compartimos noches de ronda y de fiesta”, afirma Zato.

Canción propia
La Tuna Universitaria Femenina de Salamanca tiene su propio repertorio de canciones, entre las que se encuentran las tradicionales y también alguna exclusiva. “‘Sal al balcón’ es un tema que compuso para nosotras un tuno de Sevilla que se llama Aladín, y que hace referencia expresa a nuestra agrupación. La canción ha trascendido a otras tunas femeninas”, comenta Elena Bonet.

Tradición
Una de las características de la tuna femenina de Salamanca es su fidelidad a la tradición. “Siempre tuvimos claro que había que respetar las costumbres, nuestro objetivo era y es continuar con la tradición, desde la indumentaria al modo de actuar. No modificamos nada”, aseguran.

Rondas femeninas
Al igual que los tunos, ellas también van a rondar a los jóvenes. “Ahora nos llaman para rondar a los chicos en su cumpleaños o alguna fiesta”, asegura Cristina Zato. “A ellos también les gusta, aunque es cierto que al principio nos encontramos con estudiantes que se avergonzaban. Recuerdo -explica Bonet- a uno que se escondió en el baño y no salió hasta que no nos marchamos”.

Zaragoza
La tuna de Zaragoza fue la primera que conocieron. Hoy, las más fuertes son las de Derecho de Alicante y la madrileña de la Complutense.

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