“Tengo 26 años y soy un chico transexual pero ante todo soy humano”

Las personas ‘trans’ siguen encontrando barreras tanto burocráticas como sociales que les impiden mostrar su verdadera identidad. Judd vino a Salamanca a estudiar y su mundo cambió. Aquí, comenzó el ansiado tratamiento hormonal y aún le queda más de un año para poder cambiar su DNI

Me enfadé muchísimo cuando mi madre me compró un babi rosa. Eso no me hacía más niña y mi sorpresa fue que, dos años más tarde, a mi hermana se lo pusieron verde. De pequeño no dije que era un chico inmediatamente, fui dejando pistas. Me gustaban más los juegos comúnmente asociados a los varones pero no fue hasta los 12 años cuando ya lo tuve más o menos claro”, explica Judd, un chico transexual de 26 años que lleva desde el año pasado en tratamiento hormonal. “Quizás, tardé tanto tiempo en tenerlo claro porque todo va en tu contra. Es como un handicap, te niegan lo que eres”, revela. “Entonces, te metes en tu mundo y te aíslas porque todas las veces que has intentado encajar, has fracasado”.

A los 19 años, el tinerfeño aprovechó que vino a Salamanca a estudiar para buscar su hueco y lo encontró. Poco a poco, fue vistiéndose como un hombre, como una manera de reafirmar su verdadera identidad. “Que te traten como tal viene después pero, antes, preferí que me percibieran visualmente como lo que soy”, alega. “Decidí que lo mejor era independizarme económicamente; en parte, por miedo a quedarme solo cuando les contara la verdad a mis padres; y, por otra parte, para demostrarles que podía valerme por mí mismo como cualquier persona porque, en definitiva, soy eso: persona”.

Un día, Judd dejó un libro sobre transexualidad a la vista de su madre pero a quien primero se lo contó fue a su hermana. “Por aquello de tener una mediadora”, bromea. Asistió a un concierto de AC/DC en Sevilla con su padre y, al acabar, se lo confesó. “Y fue, entonces, cuando mi padre me dijo las palabras más hermosas que he oído en mi vida: ‘Haz lo que tengas que hacer para ser feliz’”.

Posteriormente, se lo confesó a su madre pero ella le pidió que no se lo contara a los abuelos. “Lo que dicen los demás hace mucho daño y, al fin y al cabo, los padres temen por sus hijos”, confiesa.

En la actualidad, hasta la manera de ser de Judd ha cambiado. “Ahora, soy mucho más cercano a mi familia”. Y es que “sentirse aceptado saca a la luz como eres, incluso, puedes crecer en habilidades, ya no estás cohibido”.

“Cuando comencé con el tratamiento hormonal sentí, por primera vez en mi vida, paz mental”

El tinerfeño decidió acercarse al Centro de Salud La Alamedilla, donde le comunicaron que debía pasar antes por su médico de cabecera. Éste le hizo un volante para que le vieran en el centro anteriormente citado con el objetivo de comenzar el ansiado proceso de cambio físico. “Pasé una entrevista con la enfermera; otra, con el doctor Montejo y me derivaron al endocrino. Allí, me hicieron análisis de todo tipo: hormonales, mamografías, ecografías… un chequeo general”. Y en, aproximadamente tres meses, comenzó con unos sobres de Testogel que, más tarde, se sustituirían por los pinchazos de testosterona. “Me sentí muy nervioso al comenzar el tratamiento, yo sólo quería que todo saliera bien, que no hubiera ningún tipo de complicación, que no me fallara mi cuerpo. Después, ya vino la alegría y, por primera vez en mi vida, sentí paz mental”. Se le retiró el periodo, la voz le cambió y comenzó a salir más vello. “Ahora soy feliz y, solamente, tengo la necesidad de formalizar los documentos pero para ello debo estar dos años en tratamiento hormonal”.


Tabú y reivindicación

La falta de información provoca que aún, en la actualidad, ser trans (transexual o transgénero) conlleve un profundo estigma. Hay que diferenciar entre género y sexo. El primero es la identidad de la persona; el segundo, sólo hace referencia a los genitales. Tampoco hay que confundir la identidad con la orientación sexual.

Determinados colectivos reclaman una desvinculación entre transexualidad con prostitución a la que la sociedad habitualmente une. Iguales e Iguales USAL prepara, además, las actividades para el Día del Orgullo en Salamanca que se sucederá del 13 al 15 de junio.


Presidenta de Chrysallis CyL
Raquel Ruiz Miranda

“Queda mucho trabajo por hacer y más en la región”

Thalía, de 17 años, se quitó la vida en Móstoles a primeros de mayo. Ekai, de 16, lo hacía en Vizcaya en febrero. Alan, 17, se suicidó hace casi tres años en Barcelona… Todos tienen un nexo en común, el estigma social de ser transexuales.

“Necesitan ver su nombre en el DNI, tener acceso a los tratamientos hormonales que precisen si los demandan, a una escuela inclusiva y a un futuro laboral como el resto”, afirma la presidenta de Chrysallis Castilla y León, Raquel Ruiz.

Ella es madre, además, de un chico transexual al que durante unos años ‘no le dejaron existir’. “Hoy, mi hijo es un chaval estupendo que no pasa su vida pensando que es transexual, es una más de sus características, como el ser diestro o tener facilidad para las matemáticas. Porque además de ser trans, patina, toca el piano, dibuja, escribe, hace voluntariado, tiene un montón de amigos… y saca buenas notas”. “Hay muchos chicos que no se atreven a darse a conocer o que su entorno no acepta. Por eso, desde Chrysallis apostamos por la visibilización; pero aún hay mucho trabajo por hacer… y más en Castilla y León, donde parece que cuesta más que en otros lugares”.


20% más de intentos de suicidio

Según la encuesta realizada por The Williams Institute junto con American Foundation for Suicide Prevention, el 4’6 % de la población total ha reportado intentos de suicidio; cifra que se incrementa entre un 10 y un 20% para las personas lesbianas, gay o bisexuales. Además, la tasa alcanzó el 41% de intentos de suicidio en las personas transexuales, o no conformes con el género. Según el estudio, los niños y niñas que dicen identificarse con el sexo opuesto en edades tempranas dejan de hacerlo de mayores y de manera ‘espontánea’ hasta en el 80% de los casos, por presión de la sociedad que les impone que debe seguir su conducta según su sexo biológico.


Coordinador de Disforia de Género del Hospital
Ángel Luis Montejo

“La identidad de género se desarrolla antes que el sexo durante el embarazo”

Aunque aún no está demostrado, “todas las hipótesis científicas parecen apuntar que hay una parte en el desarrollo embrionario en la cual el cerebro se impregna de testosterona o de estrógenos, alrededor del tercer o cuarto mes; donde se establece genéticamente el rol de género o la consciencia psicológica a la que se pertenecerá adelante. Posteriormente, el organismo ‘decide’ el sexo”, alega el doctor y coordinador del grupo de trabajo para la disforia de género del Hospital de Salamanca.

Según términos médicos, la no concordancia de la identidad de género con el sexo de nacimiento se conoce como disforia de género. La expresión ‘disforia de género’ no gusta a las personas transexuales al ser “patologista”. Aún así, el doctor Montejo reconoce que “es difícil encontrar un término aceptado”. Desde el 2015, las distintas autonomías en España acogieron el documento oficial de intervenciones en personas con disforia de género. En el hospital, este apoyo es relativamente nuevo, de hecho, este mismo año se han reestructurado para ajustarse a la demanda. El complejo hospitalario ha recibido en los últimos cuatro años unos 40 casos, tan sólo una decena son niños. Con todos se sigue el mismo proceso: “Primero se ha de descartar que haya alguna patología, como una trastorno de identidad”, alega el doctor.

Tras pasar las entrevistas con el equipo médico y las pruebas analíticas, recomiendan una prueba de vida de más de seis meses. “No es más que comentarlo con la familia y comportarse o vivir bajo el rol al que creen pertenecer. Aunque las personas que vienen ya traen los deberes hechos, ya tienen otro nombre”. El doctor desmiente además de que se trate de una patología: “Sigue habiendo rechazo y algunos creen que se puede curar, pero desde los años 70 ya salió de los manuales de diagnóstico de enfermedades mentales”.

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