Salmantina y luchadora holandesa

Aventurera e inquieta, María José Carrasco aprovechó la oportunidad de cursar un master en Inglaterra, que le trajo muchos quebraderos de cabeza, pero que le abrió las puertas a una brillante carrera profesional en el Benelux

María José Carrasco, a la izquierda de la foto superior, se encuentra con sus padres y su hijo, visitando los cultivos de flores.
María José Carrasco, a la izquierda de la foto superior, se encuentra con sus padres y su hijo, visitando los cultivos de flores.

María José Carrasco, más conocida como Carrie por su apellido, tiene mucha suerte en esta vida. O eso dicen los que a menudo hablan con ella. “La suerte se hace, se trabaja y se lucha”, les contesta.

La salmantina es un claro ejemplo de que correr riesgos puede abrir las puertas a un gran futuro. En la actualidad, está al frente dos equipos del Benelux de la multinacional Red Hat, el proveedor líder de soluciones TI (software) de código abierto para empresas que opera por todo el mundo. La entidad desarrolló un sistema novedoso hasta el momento; en otras palabras, el software privado de una entidad pasa a ser libre, es decir, se puede estudiar, modificar y mejorar… Y Carrie está “encantada” con su trabajo y con su vida en Holanda, pero no le ha caído del cielo.

“A lo largo de nuestra vida, surge la indecisión de salir del cascarón, de arriesgarte y, posiblemente, de pasarlo mal, pero hay que atreverse, porque puede que eso cambie tu porvenir”. Y así fue como la salmantina, que había acabado en 1992 la carrera de Físicas, se planteó varias opciones: la de tener a un conocido que le ‘enchufara’ en un trabajo: inviable; opositar: “ya no tenía más ganas de estudiar”; así que sólo le quedaba la opción de salir de España a buscarse la vida. “El catedrático Juan Mateos Guilarte me propuso estudiar con beca Erasmus un master de Tecnología de la Información en Inglaterra. No me lo pensé, me fui y fue el peor año de mi vida; pero fue el inicio de los acontecimientos que siguieron después”, asegura.

“Se pasa mal, estas sola y solo tienes dos opciones: tirar la toalla o intentarlo”

Era la única extranjera en un master “muy solicitado”, comprendía lo que leía en inglés, pero ni lo hablaba ni les entendía. “Estuvieron a punto de echarme si suspendía tan solo un examen, que eran cada semana. De hecho, la comisión del master me citó con un traductor para darme la noticia de que no podía ocupar una vacante en estas condiciones. Así que les propuse que me dejaran hacer las pruebas a modo guión, aceptaron y acerté. Después ya me fui soltando, ya no era cuestión de aprender vocabulario… ya podía hablar”. “Se pasa mal, estás sola y solo tienes dos opciones: o tiras la toalla o lo intentas“. Carrie perdió muchos kilos a causa del estrés y estuvo hasta en tres ocasiones con la maleta, literalmente, en el andén para volver a casa, pero persistió y lo consiguió. “Es muy importante salir fuera. Cuando no eres de ciudades como Madrid o Barcelona, provoca un impacto personal grandísimo pero es una inversión de futuro. Cuando consigues adaptarte, conoces otra cultura, otro modo de trabajar, adquieres otros conocimientos… lo que ganas es increíble”, sentencia esta salmantina.

Volvió a Salamanca, trabajó dando clases para pagar el préstamo de su master que no cubría la beca e, incluso, fue profesora asociada de informática de la Universidad en Béjar. Y un día, con 26 años, volvió a liarse la manta a la cabeza y consiguió un trabajo en la British Telecom en Inglaterra.

La familia Smit-Carrasco en el barrio donde viven.
La familia Smit-Carrasco en el barrio donde viven.

Ella, que había conocido a un holandés durante su primer periplo inglés, se cansó de mantener una conversación por carta y por teléfono (de fijo a fijo, como antes) de escasos minutos a la semana. Así que consiguió que IBM le diera trabajo en el país de procedencia del que hoy es su marido. Y, así, se vio compartiendo piso en Róterdam, yendo a trabajar en bici y aprendiendo otra lengua, el holandés —y eso que nunca se le habían dado bien los idiomas—. Diez años después, pasó a la alemana Software AG como gerente del Benelux, en la que estuvo un quinquenio. Desde hace tres años, se encuentra en Red Hat, donde lidera dos equipos también del Benelux de investigación y desarrollo de software del llamado código abierto “que pertenece a comunidades desarrolladoras de todo el mundo”. “De esta forma, hay más gente, más ideas y tu equipo es ilimitado. Me gusta trabajar así porque es innovador”.

Cuando Carrie puso un pie en Holanda pudo comprobar cómo percibe la sociedad a los españoles. De hecho, cuando fue presentada por vez primera a la que sería más tarde su familia política, el hermano de su marido le mostró lo que era un mando a distancia de televisión. Perpleja por el acontecimiento esperó al día de su boda en Salamanca, años más tarde, para devolverle con cariño a su cuñado la misma moneda y hacerle ver las maravillas de Salamanca, que no vivía en la Edad Media. Ganó por goleada porque Salamanca enhechiza la voluntad de volver a ella. “Todos tenemos estereotipos y hay que tomárselo con humor”, bromea. “Son ideas que se inculcan desde primaria”. Por este motivo, se siente satisfecha de la educación que le brinda a su hijo de 13 años quien, según sus compañeros holandeses de colegio, come diferente, pues Carrie mantiene la cocina española dentro de su hogar.

Se confirma la idea de que en Holanda se cocina con mantequilla, que la comida es algo insípida y que “están acostumbrados a comer dos albóndigas gigantes, patatas y brócoli -solamente- cocidos”. Y otra de las diferencias que nota la salmantina la percibe cuando vuelve a tierras charras. “En Salamanca, nos gusta ir arregladitos hasta para pasear, en Holanda son más cómodos y prácticos. Ninguno mejor o peor, sino distintos”.

“La educación aquí está más enfocada al individuo, quien tiene que estar satisfecho. Se educa con la idea de que lo importante en esta vida es ser feliz“, explica. “El sistema educativo es algo que llama mucho la atención. Por ejemplo, si quieres ser abogado, acabas siéndolo y no podrás trabajar de otra cosa. Desde los 14 ó 15 años, puedes comenzar a hacer ‘trabajillos’ para tus gastos de unas tres horas, de camarero, lavacoches, en la producción de flores… Así empiezan a valorar lo que es administrarse, lo que cuestan las cosas. Y cuando estudian una carrera, su futuro profesional será ése y no otro. Aquí en los trabajos no cogerían a alguien que no ha estudiado para ello o que se ha preparado para otra cosa. El trabajo conlleva un esfuerzo y, si lo haces con gusto, sale bien, pero hay que tener ganas”.

Carrie, junto a su hijo en el junto a los murales de Alphen aan den Rijn.
Carrie, junto a su hijo en los murales de Alphen aan den Rijn.

 “Mi casa en Alphen aan den Rijn está a seis metros por debajo del mar”

Alphen aan den Rijn es el pueblecito de unos 80.000 habitantes que acoge a la familia Smit-Carrasco, en los Países Bajos. Las universidades se posicionan en la cúspide mundial por formar a ingenieros. Holanda, además de la producción de flores, es famosa por la historia Real o por los “impresionantes” diques que protegen del mar y que tienen su razón de ser en la renovación de los anteriores, tras la gran inundación que desoló a los Países Bajos en 1953. Ahora ya está todo controlado y canalizado en la guerra del agua que el 1 de febrero de hace 65 años se llevó la vida de 1.836 personas. “Mi casa en Alphen aan den Rijn está a seis metros por debajo del nivel del mar“, explica.

“Aquí, se dice literalmente: subimos a la playa”, bromea Carrie, quien relata las maravillas del país verde. Esa estampa que todos tenemos de Holanda entre los campos de flores, las vacas y los molinos parece ser cierta. Además, a los niños hay que suministrarles vitamina D por la falta de sol y, si quieres ir de un sitio a otro, puedes hacerlo en bici; cuan verano azul… o mejor dicho, verde.

En los Países Bajos, son ellas las que dejan de trabajar de motu proprio para dedicarse a la familia, “algo que no se entiende para ser una sociedad tan abierta”. Así que tienen la conciencia de que las mujeres trabajan menos y/o no acceden a altos puestos, “no porque no puedan, sino porque ellas deciden anclarse en la familia y cuando quieren volver, tras tantos años sin trabajar, les cuesta”. Pero ya está allí Carrie, para mostrarles de lo que son capaces las mujeres españolas… hasta su jubilación, momento en el que regrese a casa. A esa tierra más fría en invierno pero cálida cuando tiene que serlo; la que le espera con los brazos abiertos: Salamanca.

Carrie
Carrie

PERFIL

  • Nombre: María José Carrasco Cordero
  • Ocupación: Gerente de dos equipos en el Benelux de la multinacional Red Hat
  • Lugar de residencia: Alphen aan den Rijn, Holanda Meridional, Países Bajos
  • Habitantes: 80.000
  • Distancia:  1.466’98 kilómetros
  • Diferencia horaria: Ninguna

 

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