Roller derby, un deporte inclusivo que rompe estereotipos

El equipo Kinkicharras afianza en Salamanca un nuevo juego de contacto sobre patines caracterizado por su espíritu crítico y por su defensa de la diversidad

Equipo Kinkicharras Roller Derby Salamanca
Las Kinkicharras Roller Derby Salamanca, en un entrenamiento / FOTO: Elektro Vision

A la joven Ana Hernández le llamó la atención el roller derby “porque es un deporte diferente y por su espíritu crítico y feminista”. Tiene 21 años, cursa Estudios Ingleses y hoy es la capitana del equipo Kinkicharras Roller Derby Salamanca, pero cuando empezó ni siquiera sabía patinar, así que las caídas eran tan constantes y aparatosas, que hasta le proporcionaron su alias de guerra, Rompebragas.

Dr. Speed, Petazetas en tus tetas, Fast & Furious, Vasca de Vil, Iron Ass, La Txunga de Bara, Mami Killer… Los nombres derby de sus compañeras de batalla son tan poco cándidos como el juego que practican, un deporte de contacto originario de Estados Unidos que se disputa sobre patines tradicionales alrededor de una pista ovalada en la que dos jammer o anotadoras compiten, protegidas y asistidas por un pack de cuatro bloqueadoras cada una, para sumar puntos.

Como explica Ana Hernández, el nacimiento del roller derby se remonta a los años 30 del pasado siglo, cuando surgió como una carrera de mujeres sobre patines, pero sin contacto. En torno al 2000, se produjo en Texas el resurgimiento de la disciplina, pero ya desde “una perspectiva underground y punk” que lo convirtió “en una herramienta de empoderamiento que se desmarca de los deportes tradicionalmente femeninos, como el patinaje artístico o la natación sincronizada, porque, por su dureza y agresividad, rompe estereotipos”.

Pero además de su vinculación al feminismo, el roller derby está muy ligado a la lucha LGTB+, el movimiento que combate la discriminación y reivindica la equiparación de derechos para todas las orientaciones sexuales e identidades de género.

Jugadoras del Kinkicharras Roller Derby Salamanca / FOTO: Electro Vision

“En el roller derby no es que se toleren y se respeten las identidades no normativas, sino que se celebra la diversidad, por lo que abre sus puertas a las personas transexuales o transgénero o a las que no se identifican con los géneros masculino o el femenino”, destaca la capitana del equipo salmantino, quien añade que el espíritu inclusivo de este deporte va aún más allá, porque tampoco tiene en cuenta las características físicas de las patinadoras.  “Todos los cuerpos tienen ventajas en el roller derby: unas son más rápidas, otras bloquean mejor, otras se cuelan con más facilidad por los huecos que dejan las jugadoras…”, indica Ana Hernández.

Comienzos “desde cero”

En su expansión por Europa, este nuevo y todavía desconocido deporte entró en España por Tenerife -la primera liga fue la Tenerife Roller Derby, en septiembre de 2010-, y poco a poco se fue extendiendo a otras ciudades españolas, entre ellas Salamanca, donde se formó el primer equipo de Kinkicharras en 2011, aunque actualmente no permanece en la formación ninguna de las fundadoras. Todas empezaron “desde cero”, sin saber patinar, como su actual capitana, y gracias a un continuo proceso de reclutamiento (rollerderbysalamanca@gmail.com), ya superan la docena, entre las jugadoras más experimentadas y las que están dando sus primeros pasos en este deporte de reglas algo complejas.

Hace dos años, jugaron su primer partido, que disputaron, como anfitrionas, con el Black Thunders Derby Dames de Madrid. “En 2016 la Federación Nacional de Patinaje organizó el primer encuentro nacional, pero al no haber ligas ni campeonatos oficiales, normalmente los equipos nos ponemos de acuerdo para jugar”, cuenta la capitana de las Kinkicharras Roller Derby Salamanca, que ya han competido con las Rocket Dolls Roller Derby de Coimbra, las Sereas Bravas de Vigo, As Brigantias de A Coruña…

Un deporte todavía desconocido

Equipo Kinkicharras Roller Derby Salamanca
Una de las patinadoras del equipo salmantino / FOTO: Elektro Vision

Entrenan en el pabellón Lazarillo de Tormes los martes, jueves y sábados, y aunque el suyo es todavía un deporte minoritario que les exige algunos esfuerzos personales para los desplazamientos, empiezan a tener patrocinadores que respaldan su afición. “El principal problema del roller derby es el desconocimiento, pero una vez que nos conocen, nos siguen”, afirma Ana, que confirma que los moratones y las torceduras son habituales en este juego que exige a las patinadoras ir protegidas, cuanto menos, con coderas, muñequeras rodilleras, protector bucal y casco.

Cada equipo debe tener cinco jugadoras en pista (cuatro bloqueadoras o defensas y una jammer o anotadora), pero la dureza de las carreras requiere que haya más patinadoras que permitan el descanso de las demás durante el partido o bout. Éste consta de dos tiempos de 30 minutos, cada uno de los cuales se divide en jams de hasta dos minutos, periodos en los que las jammers deben luchar por anotar puntos respaldadas por el resto de jugadoras, cuya misión es intentar empujar a las rivales fuera de los límites de la pista o impedir sus movimientos con bloqueos que deben cumplir ciertas reglas, por lo que realizan una tarea “defensiva y ofensiva a la vez”.

Dada su dureza, aunque no hace falta que quienes deseen formar parte del equipo salmantino se hayan subido a unos patines alguna vez, sí es necesario que hayan cumplido los 18 años para practicar este deporte “de fuerza y contacto, pero también de estrategia y trabajo mental” que convierte a sus patinadoras en guerreras dentro y fuera de la pista.

Equipo Kinkicharras Roller Derby Salamanca
El roller derby se juega sobre patines tradicionales / FOTO: Elektro Vision

 

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