Promesa en bronce del judo salmantino

Martín Rodríguez, del Club Doryoku de Salamanca, logra el tercer puesto en el Campeonato Nacional Infantil de este deporte que comenzó a practicar con 3 años

Cuando cumplió 3 años y empezó a ir al colegio, Martín Rodríguez Romero comenzó a practicar judo como actividad extraescolar. Aquello le gustó desde el principio, así que cuando él y su familia se trasladaron desde Madrid a Salamanca, ahora hace seis años, se inscribió en un equipo federado y algo después, por cercanía a su casa, recaló en el Club Doryoku del gimnasio Zarza, cuyo fundador, considerado uno de los pioneros del judo en España, fue el impulsor de este deporte en la capital salmantina.

Hace justo una semana, este adolescente de 14 años logró la medalla de bronce en el Campeonato Nacional Infantil organizado en Valencia por la Federación Española de Yudo y Deportes Asociados, en el que se alzó con el tercer puesto en la categoría de menos de 60 kilos. Aunque está “muy orgulloso” del resultado, él iba “a ganar”. Sólo había participado una vez en esta competición, la de mayor nivel para yudokas infantiles, pero ya en la primera ocasión se había quedado “a las puertas” del podio, alcanzando la quinta posición, y venía de una buena temporada en la que se había llevado a casa varias copas y reconocimientos destacados.

Martín Rodríguez, con la medalla de bronce.

De hecho, su medalla de bronce es fruto de su condición de campeón regional en su peso, su pasaporte a esta importante competición nacional, por lo que suyo es un triunfo que se suma al palmarés de Castilla y León, cuyos representantes volvieron a casa el domingo pasado con cuatro metales.

Como cuenta el gimnasio Zarza en su crónica del campeonato, hubo más yudokas del Club Doryoku en el encuentro, y todos demostraron que la práctica de esta disciplina goza de buena salud y de posibilidades prometedoras en Salamanca. Paola Cornejo y Marcos Mangas lograron un quinto puesto en una igualada lucha por el bronce, y Álvaro Antón se subió a la séptima posición en su categoría, mientras que Serghei Volosin, Paula G. Montaño, Valma Cornejo y Elena Casado protagonizaron buenos combates en las rondas iniciales, aunque finalmente no pudieron competir por el podio.

Por su parte, Martín Rodríguez destacó por su buen hacer en la cita, en la que “se impuso con gran superioridad en los tres primeros encuentros y cayó en semifinales frente al representante de Baleares en una lucha igualadísima”. Ya en la disputa por el bronce, el judoka “volvió a imponerse por Ippon, la máxima diferencia en judo”.

“A estos encuentros vas para ganar. Siempre tienes ganas de más y, de hecho, al día siguiente de la medalla quería seguir compitiendo”, asegura Martín, que estudia segundo de ESO en el colegio Santísima Trinidad y al que le gusta el mundo de la informática y la programación. “El judo no es un deporte del que se pueda vivir. Para eso tendrías que ser muy buen yudoka a nivel internacional”, aclara. Tiene los pies en la tierra respecto a su futuro, y por eso muestra una firme intención de seguir formándose, aunque sabe que el judo siempre formará parte de su vida, de un modo u otro. “Practico fútbol también, pero el judo es mi deporte, me encanta, porque no es solo entrenar, te da la oportunidad de participar en campeonatos y de hacer grandes amigos. Para mí es como una segunda familia, y te aporta valores que otros deportes no te pueden aportar, como el máximo respeto hacia tu rival”, cuenta.

El judoka del ClubDoryoku de Salamanca, con sus compañeros de podio.

Según explican los entendidos, la práctica de este deporte de lucha de origen japonés “implica una forma de vida ordenada, basada en el equilibrio entre el cuerpo y el espíritu y en el principio del respeto a los demás -amigos, compañeros y adversarios- pero también del respeto a uno mismo”, unas normas que hacen que el judoka “sea más fuerte en el tatami… y en la vida”.

El próximo año, Martín iniciará su etapa como cadete -será “el más pequeño de la categoría”-, un nivel en el que ya es posible participar en campeonatos europeos e internacionales.

“El judo es una cultura”, confirma Martín, actualmente cinturón marrón, quien avanza que una de las primeras cosas que le gustaría hacer cuando cumpla los 16 años es presentarse al examen para obtener el primer dan, el primer grado de cinturón negro en este deporte o “arte de la gentileza”.

 

 

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