“Al espectador hay que darle lo que quiere pero nunca del todo”

El guionista salmantino Carlos de Pando posee una de esas mentes geniales que idean escenarios y diálogos y que el resto de mortales vemos plasmados en series tan conocidas como ‘Aída’, ‘Gran Hotel’, ‘Velvet’ o ‘El Ministerio del Tiempo’. Muy pronto veremos la adaptación de ‘El silencio del pantano’ en la gran pantalla

Carlos de Pando, guionista salmantino de series televisivas y que está adaptando el largometraje El silencio del pantano.

Los flashes de las cámaras de los compañeros de la Científica y la del forense devolvieron su atención a la pasarela de hormigón. Al otro lado, baja por la pista forestal un Ford Focus gris plata. Miró el reloj de nuevo: las diez menos cinco. ‘Ya era hora’ pensó.

Éste es un fragmento del comienzo de ‘El silencio del pantano’, libro de Juanjo Braulio pero que está adaptando el guionista salmantino Carlos de Pando para un largometraje. Una película que produce Zeta Audiovisual y que dirige Marc Virgil.

“Escribir, escribir y escribir. Y cuando termines, escribir otra vez. No sólo lo que te paguen por hacer, sino también tus cosas, tus historias y tus ideas. No hay que parar nunca y siempre hay que tener un cajón lleno de proyectos que puedas mostrar a las personas adecuadas en el momento adecuado”, éste es el consejo de este salmantino afincado en Madrid, mente despierta e inquieta y a la que debemos series como ‘El Ministerio del Tiempo’, ‘Gran Hotel’, ‘Velvet’, ‘Herederos’, ‘Imperium’, ‘Karabudján’, ‘Gominolas’, ‘Aída’, ‘7 vidas’ o ‘Casi perfectos’.

A menudo encendemos el televisor -o la tablet para los más avezados a las tecnologías- y no nos paramos a pensar de dónde salen todas esas ideas. Carlos de Pando tiene una de esas fábricas en su cerebro que le han permitido labrarse un futuro en el mundillo aunque no fuera eso lo que quisiera en un primer momento. “Cuando entré en la Pontificia yo quería hacer radio, era lo que siempre había querido. Pero la universidad cambió mi manera de ver las cosas y, aunque siempre me había gustado el cine, fue en aquellos años cuando me volví un cinéfilo empedernido”, cuenta el salmantino.

Estudió el Máster de Guion y se plantó en Madrid. “Aquel verano trabajé en mantenimiento en un campamento para poder pagarme unos meses en Madrid, y los dediqué a echar currículums como un poseso. Productoras de cine, cadenas de televisión, emisoras de radio… Eché casi doscientos y, creo que me contestaron de tres; y, en los tres, fueron muy amables para decirme que no”. Pero recibió una llamada de un profesor para que hiciera una prueba de guion, primera oportunidad que le ofrecieron para desarrollar su potencial. Y, desde entonces, no ha parado.

Desde que, en 2003, comenzara a trabajar se ha mantenido en la cresta de una ola en la que las entradas están limitadas. “Es una profesión muy dura, en la que es muy difícil entrar y aún más difícil mantenerse. En los momentos más duros, la vocación es lo único que te va a sostener y te va a animar a seguir”.

Su técnica de trabajo: escribir y repetir en voz alta. “Mis vecinos deben vivir alucinados”, confiesa. Y el resultado, ahora, puede verlo al momento, gracias a las redes sociales y a Internet, cuando se estrena un capítulo el público comenta, alaba o critica. “Yo a las redes sociales llegué tarde y todavía no me siento del todo cómodo con ellas pero es verdad que ver los capítulos de ‘El Ministerio’ con Twitter abierto y comprobando cómo reacciona el espectador a lo que has escrito, aporta un feedback del que también se puede aprender mucho. También puede intoxicarte y hay que tomarlo con mesura. Al espectador hay que darle lo que quiere, pero nunca del todo”.

Como buen salmantino, varias son las referencias que cuela sobre esta ciudad en sus guiones, incluso sobre su profesor de instituto; una oda a Vitorino en ‘El Ministerio del Tiempo’ o la primera clase de Unamuno después de su exilio, “autor fundamental” en su vida. “Porque a Salamanca siempre se vuelve”, sentencia.

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