Pinturas eternas en un lienzo llamado piel

De forma casi periódica, el mundo de los tatuajes se ve “sacudido” por noticias que tienden al alarmismo, aunque carecen de trascendencia para quienes lo viven desde dentro, que se limitan a experimentar este arte con naturalidad

De izquierda a derecha, Alberto, Clare, Pablo, Alvar y Macu, parte de la “gran familia” que es La Barbería.

Llevaba años deseándolo, así que el mismo día en el que cumplió 18, Alberto se “autorregaló” un tatuaje. Los dos primeros fueron tema de conversación en casa, pero “más de siete” después, la familia ha terminado por acostumbrarse. Pero cuando hace unos días se hizo público un informe en el que la Comisión Europea “dejaba caer” que algunos componentes de la tinta pueden liberar sustancias cancerígenas, su padre aprovechó la ocasión para hacerle llegar la información, por si la quería tener en cuenta.

A Alberto, sin embargo, la noticia no le ha quitado el sueño. Ni las ganas de estamparse otro. “La gente lleva tatuándose toda la vida y no ha pasado nada grave”, recuerda este estudiante de Electromecánica de 21 años, cliente asiduo y fiel del estudio La Barbería.

Tampoco se detecta ni un atisbo de preocupación en Pablo, un profesor de Secundaria de 29 años que empezó a tatuarse la piel a los 21 con un dibujo propio. Al igual que Alberto, no sabe concretar cuántos tiene, aunque calcula que unos 35. Son relativamente pequeños, al principio por una cuestión meramente económica. “Nunca tenía demasiado dinero, y con el tiempo pensé que había algo más atractivo y con más sentido en los pequeños tatuajes, aunque creo que hay que desmitificar un poco esa idea de que siempre existe un sentido o una importancia biográfica. Me tatúo porque me gustan los dibujos o determinados motivos, y no le doy demasiadas vueltas”, explica.

Ambos jóvenes también coinciden a la hora de criticar el alarmismo con el que muchas veces se abordan las noticias relacionadas con el mundo del tattoo, aunque Pablo es más contundente cuando manifiesta su opinión sobre el informe de la Comisión Europea (CE). “Es una tontada. No me creo nada de eso. Zanjé la cuestión desde el primer momento, porque creo que no está en la perspectiva correcta”, sostiene.

Más estudios

Lo cierto es que, más allá de los titulares -“Europa alerta de que la tinta de los tatuajes puede liberar sustancias cancerígenas”,“La tinta de los tatuajes puede conllevar riesgos sanitarios”, “Alerta por las tintas de tatuajes”…-, lo que concluye el documento es que no existen datos suficientes para establecer “una relación causa-efecto directa”. También que es necesario impulsar más investigaciones para evaluar “la posible presencia de impurezas o ingredientes prohibidos” en las tintas y realizar estudios toxicológicos que analicen, en la piel y en el cuerpo humano, los efectos a largo plazo de los colorantes utilizados.

Recomendaciones con las que están de acuerdo tatuadores y tatuados. “Todo lo que vaya a suponer una mejora está bien, y si se considera conveniente que los pigmentos que se usan en las tintas sean analizados específicamente para la función que van a tener, que se haga”, afirma Alvar, uno de los responsables de La Barbería, que está convencido de que las autoridades sanitarias “no deberían ser el enemigo” y que “cuando haces bien el procedimiento”, no hay razones para el ‘miedo’.

“Actualmente existen tintas buenas que funcionan muy bien de compañías que llevan fabricándolas 50 años y que han ido cambiando sus formatos en base a los requerimientos sanitarios. ¿Que es posible que algunos componentes tengan alguna toxicidad a largo plazo? Pues sí, como ocurre con todo. También En la industria agroalimentaria es mucho lo venenoso (nitritos, pesticidas…). Por no hablar del tabaco. En todos estos años, si la situación fuera alarmante habría llamado la atención y se habrían tomado medidas”, expone.

Macu, con la que regenta este estudio situado en el barrio del Oeste, refuerza esta idea. “Se supone que si Sanidad supiera que hay alguna tinta con ingredientes cancerígenos, tendría que ser consecuente y la quitaría del mercado, ¿no?”, plantea la joven, que en el análisis de la CE ve, sobre todo, “un ensayo demográfico”. Porque aporta datos. Los autores recogen que el fenómeno del tatuaje “no está tan vinculado como antes a cierta marginalidad”, que el 12% de la población europea está tatuada -entre el 2 y el 9% de los adolescentes- y que aunque no hay “un tamaño estándar” para estos grabados que se realizan en las capas profundas de la piel, oscilan entre los 30 y los 300 centímetros. También cuentan que las mujeres los prefieren más pequeños y en el tronco y los hombres suelen tatuarse más, con diseños de mayor tamaño y en las extremidades.

Interpretación “tendenciosa”

“Si consideran que deberían hacerse más investigaciones, que las hagan. Pero molestan las interpretaciones tendenciosas que siempre se hacen de estas noticias”, comentan los responsables y los clientes de La Barbería, que forman, según Alvar, “una gran familia”. De hecho, la sensación que queda tras un coloquio medio improvisado en el estudio sobre el informe de marras es que el asunto carece de toda trascendencia para unos y otros y que no sería merecedor ni de un segundo de debate si no fuera por “exigencias” de este reportaje. “Lo que sorprende de todo esto es comprobar lo susceptible que es la opinión pública para algunas cosas y lo benevolente que con otras otras”, reflexionan con puntería. Y aquí llueven los ejemplos (los aditivos alimentarios, las emisiones de los coches…), pero hay uno reiterado: el tabaco, cuya toxicidad no admite discusión ni soporta argumento científico contrario.

Para el gerente de otro de los estudios de tatuaje que funcionan en la capital salmantina, que prefiere no dar su nombre, la indulgencia con la que se tratan otras sustancias y sus riesgos tiene una razón clara: el interés económico. O más bien, el tributario. Le hicieron su primer tatuaje a los 16 años, “mientras me fumaba un porro y me bebía una cerveza”. Lo hizo porque era “un chaval malísimo” que pensaba que, como consecuencia de su vida disipada, no iba a llegar a los 40. Tiene 45, innumerables “grabados” y un gran arraigo a la vida y a quienes quiere.

No es “tan borde como parece ni tan simpático como algunos piensan”, y tiene un alto sentido de la responsabilidad, que es, al fin y al cabo, lo que marca la diferencia en un mundo como el del tatuaje. Y en tantos otros. “Para algunos esto es solo su trabajo y para otros es nuestro trabajo y nuestra vida. Un profesional no se va a arriesgar a hacer algo dañino y cargarse así su reputación. Hay que trabajar con responsabilidad y respeto”, destaca. Lo demás, sugiere, son ganas de crear “alarma social”, como ocurre con los pitbull”. O según apunta Pablo desde La Barbería, “un run run episódico”.

Una calavera

Dibuja calaveras “desde pequeño”, así que tenía claro lo que quería cuando se plantó en La Barbería para que le hicieran su primer tatuaje. Tres años y por lo menos siete “grabados” después, Alberto asegura que el dolor de la aguja es “soportable” y que, además, “sarna con gusto…”.

Homologación 

Según afirman varios tatuadores, muchas tintas que funcionan desde hace décadas en otros países no están homologadas en España, no por razones de seguridad, sino porque los fabricantes no están dispuestos a “pasar por el aro” de unas tasas que rondan los 2.000 euros por tono.

Espacio para la creatividad

Pablo se decantó por un dibujo propio a la hora de encargar su primer tatuaje. “Al principio siempre quería que el diseño siempre fuera como yo lo había pensado, pero me di cuenta de que a veces no es justo con quien tatúa, que es importante dejarle cierto espacio para que exprese su creatividad”, cuenta.

Con naturalidad

Aunque en la actualidad los tatoos han perdido esa fama que los asociaba a los “malotes”, sigue habiendo ciertas reticencias, sobre todo en el ámbito laboral, según indica Pablo, aunque en su caso “no tiene problemas” por esta personal afición que tanto él como Alberto viven “como algo natural”.

“No vemos muchas complicaciones”

La doctora Mónica Roncero, dermatóloga del hospital, explica que unos cuidados adecuados de la herida reducen el riesgo de efectos indeseados

Según el informe de la Comisión Europea, titulado “Seguridad de los tatuajes y del maquillaje permanente”, la prevalencia real de las complicaciones del tatuaje, “principalmente de carácter dermatológico, es actualmente desconocida”. El documento señala que la mayoría de las quejas “son transitorias e inherentes al proceso de cicatrización de la herida”, aunque en algunos casos pueden producirse infecciones bacterianas, especialmente en lugares poco higiénicos”, un riesgo que, según la estimación de los autores, afecta “hasta al 5% de las personas tatuadas”.

La doctora Mónica Escudero, adjunto del servicio de Dermatología del Hospital Universitario, explica que teniendo en cuenta el número de tatuajes que se realizan, “no vemos demasiadas complicaciones”, una realidad que asocia en buena medida a las garantías sanitarias existentes en la actualidad. Mantener limpia la herida lavándola “con agua y jabón” y la cobertura antibiótica tópica que normalmente aconsejan los profesionales del tatuaje son las recomendaciones principales de esta especialista, que indica que el dolor es uno de los síntomas que pueden hacer sospechar de la existencia de una infección y el picor o escozor, de una reacción alérgica.

Pautas estrictas

Son recomendaciones que también se encargan de recalcar los tatuadores a sus clientes. “Les damos unas pautas muy estrictas” sobre los cuidados y las precauciones que deben seguir”, confirma Alvar, de La Barbería.

Y es que, como recuerda el gerente de otro de los estudios de la capital salmantina, las potenciales complicaciones asociadas a un tatuaje no siempre tienen que ver con el trabajo del artista, sino que pueden deberse a unos cuidados inadecuados en el proceso de curación de la herida. También con los materiales, añade, un riesgo en gran parte controlable si el tatuador trabaja con responsablidad.

“Si eres profesional, te preocupas por el material que utilizas. Si una buena tinta cuesta entre 15 y 18 euros y te la venden a 6… En este mundo también hay falsificaciones y productos de mierda. Además, las tintas caducan y se estropean, y es algo que se debe tener en cuenta. Al igual que desechar todo material que entre en contacto con la herida. Aquí no reutilizamos nada que se haya abierto, aunque no lo hayamos usado al final, ni siquiera para la misma persona”, subraya.

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