Nacidos con un balón debajo del brazo

Para sus pies, cualquier objeto puede tener forma esférica y cualquier momento es bueno para el regate y el puntapié. En Salamanca, muchos son los clubes que permiten canalizar una pasión que a veces asoma desde la cuna

fútbol
Uno de los entrenamientos de las categorías inferiores del CD Navega.

Cuando Sonia recuerda los primeros años de su hijo, en la imagen que asalta su memoria siempre aparece un balón. Agarrado con su manita a un dedo de su padre, le iba dando patadas a su pelota al tiempo que aprendía a caminar. “Con 3 años llegaba al parque y si veía a un grupo de niños jugando al fútbol se acercaba a ellos y les decía: ¿se puede? Le daba igual la edad que tuvieran”, cuenta la madre.

Botas, deportivas, equipaciones y balones eran regalo obligado en cumpleaños y Reyes y, en los recreos, el juego preferido de Jorge Garrote siempre era el mismo, una y otra vez. “Hasta los profesores nos lo decían en las tutorías, así que le apuntamos al equipo de fútbol sala del colegio, donde jugaba con niños tres años mayores que él, y lo hacía bien”, explica Sonia Esteban.

Pero su pasión iba a más. A los 6 años ingresó en el CD Carbajosa. En la década que ha pasado desde entonces, distintos clubes le han llamado, entre ellos el UD Santa Marta, donde jugó dos temporadas, aunque prefirió regresar a su primer equipo. El año pasado fichó por el Salmantino UDS. Los entrenamientos le tienen ocupado de ocho de la tarde a once de la noche tres días a la semana, a los que se suma la jornada del partido. El ritmo y las exigencias irán creciendo a medida que avance su progresión en el fútbol.

Mayores exigencias

Jorge Garrote (izquierda), durante un partido.

Eso es, precisamente, lo que preocupa a su madre, porque empieza primero de Bachillerato y los estudios también le irán requiriendo cada vez un mayor esfuerzo. “Le he dicho que confíe en mí, que me voy a esforzar al máximo en las dos cosas”, se defiende el joven delantero del Salmantino UDS, antes de asegurar que no tiene intención de abandonar su formación por el deporte y que le gustaría ser policía… si su sueño no se cumple.

A José Garrote, su padre, también le intranquiliza que Jorge no pueda compaginar el fútbol con los estudios, aunque en el fondo, casi secretamente, comparta con su hijo la ilusión por un futuro de éxito en el campo de juego. “Su única pasión era y es el fútbol”, reconoce.

Está convencido de que, durante el embarazo, su mujer “tenía en la barriga un niño y un balón”. Y que nacieron juntos. Una impresión que comparte el chico. “Creo que he nacido con ello. Mi padre es futbolero, pero nunca le he visto jugar. No tengo muchos recuerdos de cuando era pequeño, pero he visto en fotos en las que el balón era casi más grande que yo. Nunca me cansaba de jugar. Para mí es una ilusión muy grande, no sé cómo explicarlo, la pasión va por dentro”, relata.

“Nunca he creído que vaya a llegar muy lejos, porque todo el mundo dice que es muy difícil”, señala Jorge Garrote

Humilde a la hora de expresar sus aspiraciones, Jorge Garrote, que ha llegado a ser el máximo goleador de Castilla y León en su categoría, sostiene que prefiere ir poco a poco. “Me han dicho bastantes veces que valgo, pero yo nunca he creído que vaya a llegar muy lejos, porque todo el mundo dice que es muy difícil, aunque yo no pierdo la esperanza”, apunta el joven, que vive con nerviosismo los encuentros en los que intuye que algún ojeador anda cerca. “Según va rodando el balón se me pasa”, añade.

Lo cierto es que, como él dice, no es nada sencillo ser alguien en un deporte que no solo mueve a las masas, sino que también despierta infinidad de sueños desde la más tierna infancia. Aunque a veces las fantasías tengan origen en un íntimo anhelo paterno.

Unos cuantos datos bastan como aproximación al fenómeno. Este curso, el fútbol base tendrá en Salamanca más de 300 equipos adscritos a 36 clubes en sus diferentes categorías. “El fútbol es el deporte mayoritario, y los niños con padres o hermanos que juegan van cogiendo la costumbre de dar patadas a una pelota, así que son muchos los que quieren jugar. Aunque también son muchos los que llegan casi obligados, porque a quienes les gusta es a sus padres. Y eso luego se nota en los entrenamientos”, explica David García, coordinador deportivo del CD Navega.

También se observa enseguida, claro, quienes lo viven como una verdadera pasión. Son esos niños y niñas “que acaban de entrenar y siguen dando patadas al balón, que son capaces de jugar durante horas en el pueblo, en el parque o en la puerta de su casa, o esos que, con 3 o 4 años, ves dar patadas a una pelota en las pistas o en las gradas del campo mientras su hermano juega un partido”.

Hugo y su hermana Marta, que este curso estará en los ‘Chupetines’ del Navega.

Algo así ha ocurrido con Marta. El curso pasado su hermano Hugo, de 8 años, empezó a jugar en el Navega animado por sus padres. Hasta ese momento no había sido muy “futbolero”, pero Cristina y su marido querían que practicara algún deporte, y resultó que se lo pasó tan bien desde el principio que ahora “está encantado”. Su hermana iba a los entrenamientos y a los partidos, y allí descubrió su gusto por el balón y el ambiente futbolístico.

La pequeña cumplió 4 años en junio, y esta temporada debutará en los Chupetines. “Hace poco le compramos las botas de fútbol y los primeros días tenía que ir con ellas puestas a todos los sitios. Está entusiasmada”, asegura su madre, Cristina Sánchez, que se muestra dispuestísima a asumir que su agenda semanal se llene de citas de entrenamiento: lunes y jueves para Marta; martes y viernes para Hugo, además de los partidos del niño. La pequeña, de momento, no compite.

Horas dando patadas

Tampoco lo hace todavía en competiciones regladas Sergio Cavero, pero tiene “muchísimas ganas”. Nació hace 9 años y pertenece al Club Deportivo InterSala. Sus padres, Raquel y Santi, optaron por el fútbol sala para que no le resultara tan “sacrificado” vivir su pasión frente a las inclemencias del tiempo cuando apenas tenía 5 años. “Siempre llevábamos un balón en el maletero, y podía pasarse horas dándole patadas”, recuerda la madre, mientras que su marido comenta que no piensa en que llegará a ser “una gran estrella”, aunque Sergio a veces pregunta: “¿Creéis que algún día me fichará el Atlético de Madrid?”.

Es colchonero, como su padre, aunque confiesa que admira a Iniesta, y él sí reconoce con cierta timidez que le gustaría ser futbolista, porque jugar le produce una gran “alegría”. En el fondo, es lo que esperaban sus padres cuando le impulsaron a practicar algún deporte.

Sergio Cavero persigue un balón de fútbol.

De hecho, Santi conserva en la memoria los años de su infancia con un balón en los pies. “Lo recuerdo como algo muy agradable, porque con el fútbol tenías algo más que hacer aparte del colegio, los deberes y la televisión, aunque perdieras todos los partidos. Éramos muy malos, pero si en un 10-1 marcabas el gol te convertías en el ídolo del equipo”, rememora entre risas.

“Aparte de la educación intelectual, siempre hemos considerado que la práctica de una actividad deportiva es algo positivo, porque contribuye a afianzar ciertos valores, como la disciplina y el compañerismo”, destaca Raquel. No es la única. También lo cree la familia de Hugo y Marta y la de Jorge Garrote, que siente que el fútbol “te centra y te hace ser una buena persona”.

“A estas edades lo de menos es la táctica y la técnica, lo que importa es que cojan el hábito”

Ese convencimiento también mueve a los clubes que cuentan con equipos de fútbol base, sobre todo en las categorías iniciales. “La mejor edad para empezar es relativa. Personalmente creo que entre los 4 y los 8 años es lo más adecuado, y a estas edades lo de menos es la táctica y la técnica. Lo que importa es que los niños y niñas hagan grupo, que cojan el hábito, que jueguen con los compañeros y adquieran ciertas rutinas… Es mucho juego, mucha educación y mucho respeto”, subraya el coordinador deportivo del CD Navega.

Luego ya llegará el momento de pensar en las posibilidades y en el futuro, “muy complicado” incluso para quienes sobresalen. La “falta de medios” y oportunidades es responsable en buena medida de estas dificultades, pero también las decisiones de los propios chicos. “Hay que tener mano izquierda para proporcionarles una educación y unos valores adecuados. A los 13 o 14 años, por ejemplo, se entra en contacto con el alcohol y las fiestas, y para muchos esto es determinante, hasta el punto de que un chaval que no ha sido el mejor despunte más que otro que parecía con mucho potencial”, indica David García.

Él lo llama “el entrenamiento invisible”, que es el que, poco a poco, de forma casi subliminal, va dirigiendo a cada persona a una dirección u otra cuando la vida y los sueños se topan con un cruce de caminos.

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