Mentes brillantes con necesidades insatisfechas

Según las estadísticas, entre un 10 y un 15% del alumnado tiene altas capacidades intelectuales, una cifra nada despreciable que esconde una realidad cargada de estereotipos y obstáculos. El desinterés y la falta de atención a las necesidades que plantean estos niños y jóvenes no son infrecuentes, y obligan a las familias a buscar respuestas por su cuenta

El hijo de Pilar ha empezado este curso en un nuevo colegio. Tras el primer día de clase, su madre le preguntó: “¿Qué tal ha ido, cariño?”. La respuesta del niño, que pronto cumplirá 8 años, fue: “Muy bien, mamá. Aquí me hablan bien”. Y es que en el cole anterior empezaron a llamarle “el listillo”. Incluso algún que otro profesor se dirigía a él en estos términos. Todo, después de que sus padres entregaran en el centro el informe en el que una psicóloga clínica especializada confirmaba que el pequeño tenía altas capacidades intelectuales (AACC) y, por ello, requería una atención educativa específica. Podría decirse que aquello cayó en saco roto, así que la familia ha tenido que ingeniárselas para responder a las necesidades del niño, que actualmente practica numerosas actividades extraescolares, como yudo, natación, inglés, robótica, ajedrez o fútbol, su deporte preferido.

Tiene una gran facilidad para relacionarse, así que lo peor de cambiar de colegio ha sido alejarse de sus amigos. Sin embargo, tanto la tutora como el equipo de orientación de su nuevo centro “son conscientes de que existen alumnos con altas capacidades y que tienen unas necesidades que se deben cubrir”.

Desconocimiento

La historia permite asomarse a una de las numerosas dificultades a las que se enfrentan las familias de los niños con AACC: la atención que reciben sus hijos en el ámbito educativo depende directamente de la sensibilidad de los profesionales con los que se crucen en el camino. Las ganas de no ‘complicarse’ mucho y, sobre todo, el desconocimiento que existe sobre las altas capacidades están detrás del desinterés que muestran muchos docentes y orientadores cuando se enfrentan a uno de estos alumnos, tal y como apuntan Silvia Calvente y Pilar Jiménez, presidenta y vicepresidenta de la Asociación Salamantina de Apoyo a las Altas Capacidades Intelectuales (Atenea). Como sucede tantas otras veces, la entidad surgió de la inquietud de las familias afectadas ante la falta de respuestas a las necesidades de sus hijos.

La presidenta de Atenea, Silvia Calvente, y el vicerrector de Investigación, Juan Manuel Corchado, durante la firma del convenio.

Dos años después de su nacimiento, y tras chocar con muchos muros, ha llegado su “primer éxito”: la firma de un convenio por el cual la Universidad de Salamanca se compromete a trabajar en la mejora de la detección, la formación y la concienciación sobre las AACC de niños y jóvenes, un acuerdo que incluye, además, la creación del Observatorio de Altas Capacidades Intelectuales. Pero no es solo eso, sino que esta apuesta decidida de la USAL ha servido para poner el foco de atención en el problema y han comenzado a abrirse otras puertas.

Los ejes fundamentales que guían a la asociación en este nuevo y esperanzador escenario son “la detección, la atención y la formación” de los profesionales involucrados, como profesores, maestros, psicólogos y orientadores escolares. De este modo será más fácil conseguir que las necesidades de las personas con altas capacidades también obtengan respuesta dentro de la llamada atención a la diversidad.

¿Por qué se realizan adaptaciones y se proporcionan apoyos para los estudiantes con discapacidad o con dificultades de aprendizaje, como la discalculia y la dislexia, y no para los que presentan altas capacidades intelectuales?, se preguntan las familias afectadas, empeñadas en que la situación cambie. “Muchas veces decimos que nuestros hijos ya están ‘perdidos’, pero batallamos para que ganen otros, para que los niños con AACC tengan los derechos a los que no han podido acceder los nuestros”, afirma con cierta resignación la presidenta de Atenea.

Sabe de lo que habla, porque los obstáculos que ha enfrentado son innumerables. Tiene cuatro hijos, todos superdotados… y todos diferentes. La mayor ya tiene 30 años y “está súper feliz”.

Incomprensión

Es bióloga, tiene varios másteres y está realizando el doctorado en Granada antes de regresar a Canadá para trabajar como inmunóloga en un hospital infantil. Cuando era pequeña y se despertaba sintiéndose mal, se recuperaba como por arte de magia cuando su madre le decía: “Pues entonces no puedes ir al cole”. A los siete años, cuando la familia se trasladó a Baeza por motivos laborales, lo que para ella era un castigo se convirtió en ‘excusa’ de tremendos efectos.

“No quería ir al colegio y se ponía literalmente enferma; le subía la fiebre y vomitaba. El pediatra nos derivó a una psicóloga que descubrió que es superdotada. En la escuela nos dijeron que había más niños con otros problemas y no hicieron nada. Regresamos a Granada y para ella fue como volver a nacer, porque en su colegio tenía incentivos y le planteaban retos cada vez mayores”, recuerda Silvia Calvente.

Sus tres hermanos también son superdotados, pero no tienen historias similares. El pequeño, el segundo en ser diagnosticado, sufrió retraso madurativo –con 4 años apenas hablaba–, tiene un trastorno TDAH (déficit de atención con o sin hiperactividad) y numerosas ‘rarezas’; por ejemplo, le molestan los ruidos y los olores intensos y solo se relaciona con facilidad con los compañeros de ajedrez, porque con ellos comparte “un gusto común”. Los dos hermanos del medio siempre habían tenido excelentes resultados académicos, pero en la familia era lo normal. La diferencia con la mayor y el pequeño era “que no se habían puesto enfermos”. Al final las pruebas también confirmaron su superdotación.

Una actividad de música organizada por la asociación.

Como en todo, en el caso de las altas capacidades no es posible generalizar, porque cada niño es un mundo. Pero sí es habitual que los afectados “no quieran decirlo para no destacar”, una actitud que a menudo repiten las propias familias porque no quieren “señalarse y señalar a sus hijos”.

“Muchas veces, las altas capacidades se esconden, porque si lo dices parece que presumes de niño. Y es triste esconder tu capacidad porque temes no ser aceptado”, indican las representantes de Atenea. En este contexto, no es infrecuente que los afectados entren “en una dinámica de introspección que les hace más vulnerables a problemas como la depresión y el acoso.

Conocer para actuar

No siempre es así. El hijo de Pilar era “el rey del mambo” en su clase de Infantil. “De pequeño era muy espabilado y mantenía conversaciones con adultos que llamaban la atención, pero también muy revoltoso e incapaz de estar sentado dos minutos seguidos, aunque se enteraba de todas las explicaciones. El paso a Primaria fue difícil, porque nos llegaban constantemente notas de la tutora: que hacía pedorretas, que hablaba sin parar… Pensábamos que nuestro hijo era un gamberro y le castigábamos. Después del diagnóstico, que llegó hace un año, me sentí culpable: él se estaba rebelando contra lo establecido y en casa recibía más de lo mismo”, recuerda su madre.

Ella sabe, como también lo sabe Silvia, lo esencial que resulta obtener un diagnóstico a tiempo. Solo así es posible actuar en la dirección correcta y lograr que la incomprensión no cercene el inmenso potencial de unos alumnos que, con medidas más decididas para fortalecer y desarrollar toda su creatividad y capacidad de aprendizaje, podrían brindar a la sociedad los frutos de sus valiosos talentos.

Silvia Calvente (derecha) y Pilar Jiménez, presidenta y vicepresidenta de Atenea.

Signos característicos

Aunque no todos los niños manifiestan los mismos síntomas, existen algunos signos característicos de las AACC: consiguen buenos resultados sin esforzarse; manifiestan una forma de pensar distinta, con un pensamiento no lineal, sino arborescente (tienen una gran creatividad y muchas ideas, pero a veces desordenadas, caóticas); muestran curiosidad por todo desde muy pequeños; son muy autocríticos y perfeccionistas y muy intensos emocional y sensorialmente (les molestan los ruidos, los olores…). Además, a estos niños no les sirve el “porque yo lo digo”, sino que necesitan que las normas estén argumentadas y tengan sentido para ellos. Las señales son numerosas y diversas. En el Observatorio de la USAL, galileo.usal.es, se enumeran.

Prevalencia

Como explican las representantes de Atenea, el espectro de las AACC es muy amplio, y dependiendo de si la persona muestra alta capacidad en una, algunas o en la mayoría de las áreas de la inteligencia (entendida en sentido amplio), se habla de talento simple, talento múltiple, talento complejo, precocidad intelectual o superdotación. En la definición más amplia del término, se estima que entre el 10 y el 15% del alumnado tiene altas capacidades intelectuales; en la más restrictiva, la superdotación, el porcentaje ronda el 2%.

Ambicioso acuerdo para que el talento permanezca

La Universidad materializa su compromiso con el desarrollo de los niños y jóvenes con altas capacidades a través de un convenio que pone el foco de atención en una realidad hasta ahora ‘ignorada’ .

Imagen de la presentación del convenio en la Universidad de Salamanca.

Aunque ha sido fruto de muchos meses de trabajo, la presentación oficial del acuerdo que materializa la apuesta de la Universidad de Salamanca por mejorar el diagnóstico y la atención que reciben los niños y jóvenes con altas capacidades intelectuales se produjo hace un par de semanas. El ambicioso proyecto, impulsado por el Vicerrectorado de Investigación y Transferencia y la asociación Atenea supondrá la creación de una estructura desde la que se pretende involucrar “a un gran grupo de profesores e investigadores comprometidos con esta realidad” en la generación de proyectos e iniciativas “que permitan generar los medios y recursos necesarios para que estas personas puedan desarrollarse en las mejores condiciones y que la sociedad pueda beneficiarse de su talento”.

Así lo explica Juan Manuel Corchado, quien recuerda que es desolador comprobar a menudo “cómo muchos estudiantes con un excelente potencial nos dejan para irse a otros centros donde pueden trabajar en mejores condiciones”. Aprovechar su talento y que éste se desarrolle “al más alto nivel” debería ser, por tanto, una prioridad. En ella se asienta un convenio con el que la institución académica busca convertirse en un referente tanto a la hora de detectar los casos de AACC como a la de implementar medidas y planes de formación especializados que permitan que estas personas se desarrollen académica y profesionalmente.

Así, desde la USAL ya se trabaja en una estructura que aúne en torno a este objetivo a especialistas, investigadores, asociaciones, centros educativos e instituciones. Además, la Universidad y Atenea ofrecerán cursos, talleres y jornadas para mejorar la formación de los futuros profesores, maestros, psicólogos y orientadores, y los alumnos con AACC podrán acceder a actividades dentro del programa ‘Investigando en la USAL” y a un proyecto de Mentorías.

Para contactar con la asociación Atenea:

  • Teléfono: 717 71 22 14
  • Correo electrónico: atenea.salamanca@gmail.com 

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