Los tesoros que esconde el Pozo de las Nieves

Tras su restauración, el Pozo de las Nieves, los restos del Convento de San Andrés y los túneles subterráneos se suman a los atractivos arquitectónicos de Salamanca

Un visitante al Pozo de las Nieves observa las galerias / FOTOS: Enrique Carrascal

Un pozo de nieve, almenas desconocidas, galerías, torres que emergen del subsuelo, túneles subterráneos y murallas; restos de conventos enterrados y muchas, muchas historias que se agolpan en la imaginación de los mil visitantes que han pasado ya por la nueva joya turística de la ciudad, el conjunto arquitectónico abierto al público por el Ayuntamiento hace solo dos meses. Cada fin de semana se repiten las visitas -gratuitas- al Pozo de las Nieves.

Guiados por la arqueóloga que formó parte del descubrimiento, Elvira Sánchez, los visitantes tienen la oportunidad de conocer una estructura, como es este depósito de hielo, que durante el siglo XVIII fue la nevera de los salmantinos en época de calor. “La peculiaridad de este pozo de nieve, además de sus grandes dimensiones, es el uso público que se le otorgó. En aquella época estas estructuras formaban parte de las edificaciones de grandes construcciones, como conventos o universidades, para dar servicio a sus comunidades; sin embargo, parece que éste tenía como fin poner el hielo a disposición de los ciudadanos salmantinos, como sistema de refrigeración y herramienta medicinal.

El mercadeo con la nieve contribuyó también al tejido económico de la ciudad en el siglo XVIII”, comenta Rosa Moreno, otra de las arqueólogas que muestra el pozo. El peculiar habitáculo descubierto en 2005, estaba escondido en la casa que ocupaba el número 79 de Rector Esperabé. “Ya había indicios de que podía existir este pozo, pero nunca imaginé lo que después fuimos encontrando”, comenta Elvira Sánchez, quien insiste en que ella sólo se encargó de un “quesito” de esta magnífica tarta en la que se convirtió el hallazgo.

Y es que tras la visita al Pozo de las Nieves por la parte superior, los turistas tienen la oportunidad de conocer el jardín exterior, flanqueado por un paño de la muralla, pero no un tramo cualquiera, sino el único que mantiene las almenas, “los siete picones”, fechado en el siglo XII. Mientras los visitantes se asoman al vano de un pozo de agua, encontrado también en la parte exterior, la guía les prepara. Les habla del pequeño Escorial y de los Carmelitas Descalzos de San Juan de la Cruz mientras se adentran en una estancia contigua y les muestra las muescas que permanecen en las paredes, techos y suelo, pese al tiempo. Esas marcas les han revelado su identidad, de la que ya había referencia en textos antiguos. La sala corresponde a las dependencias administrativas de un antiguo convento, el Convento de San Andrés. Un gran edificio que ocupó el paseo Rector Esperabé y se extendía hacia la ribera del Tormes, entonces salpicada de huertas.

La arqueóloga muestra el Pozo de las Nieves desde la base.

El edificio fue destruyéndose poco a poco durante el siglo XVIII, y finalmente derruido con la construcción de un tramo de travesía. Pero sin duda, lo que más llama la atención en la visita son los túneles. Pasadizos de uso hidráulico, bien conservados que nos dan información de la excelente construcción que en aquella época se realizaba. “Toda gran construcción contaba con este tipo de estructuras, de uso múltiple. Según qué épocas se utilizaban para almacenar material, como escondite, salidas de emergencia, para huir… y otros usos que engordan las leyendas de la ciudad bajo tierra”, comenta la investigadora. Para terminar, regreso al pozo de las nieves, esta vez para contemplarlo con la mirada alzada, que es como mejor entendemos las grandes obras.

Estalactitas

La acción del agua en las galerías ha propiciado la formación en los techos de sales carbonatadas con coladas y pequeñas estalactitas que singularizan el espacio.

Expertos

Los arquitectos de Estudio Sánchez Gil, Fernando Paricio y Carlos Macarro han averiguado interesantes datos después de años de investigación sobre estos restos arquitectónicos. Recogemos un extracto de los mismos.

Convento de San Andrés

La Orden del Carmen Calzado se estableció en Salamanca durante el siglo XIV asentándose desde 1480 en la parroquia de San Andrés, a las afueras de la Puerta de San Pablo. El Convento, que contaba con un activo colegio, fue lugar de residencia entre otros de san Juan de la cruz en 1564 y 1567. Mediante sucesivas reformas y ampliaciones, principalmente a raíz de los daños causados el 26 de enero de 1626 por la famosa Riada de San Policarpo, se transforma en uno de los más destacados edificios de la ciudad, dominando con sus cuatro torres la visión de la misma desde la orilla sur del Tormes siendo su imagen sobria y austera relacionada con la del monasterio del Escorial.

Galerías

Las galerías subterráneas descubiertas bajo el sector de las tenadas y pozo de nieve del Convento de san Andrés conforman una red conocida parcialmente, de unos 75 m. de longitud y 150 metros cuadrados de superficie. Ha sido excavada en roca a 13 m de profundidad desde la base de la muralla y continuando hacia el actual Paseo Rector Esperabé, donde está cegada por los áridos de la carretera. Con un origen incierto, posiblemente anterior a la construcción del complejo renacentista, fueron utilizados como bodegas hasta el siglo XIX. EL POZO El pozo de nieve fue construido hacia 1738 en los terrenos situados entre la cerca del convento y la Puerta Nueva de la muralla. La sala principal consiste en un espacio cubierto con una bóveda de pizarra y mortero de cal que protegía el pozo de 7,10 metros de profundidad y excavado en roca para mejorar el aislamiento. Contaba con un pequeño desagüe que obligó a la excavación de la galería situada en el inferior.

FOTOS: Enrique Carrascal

Visita guiada:
Recogida de entradas: Oficina de Información Turística de Salamanca. Plaza Mayor, 32

 

 

Galería:

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