La estación que espera un nuevo aliento

La estación de autobuses cumplió en 2015 los 40. Pronto comenzará el esperado proyecto de ‘rejuvenecimiento’ que la adaptará a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades de los viajeros

Una viajera mira el panel de salidas y llegadas.

“Aquí sucede como en cualquier otro negocio: llega un cliente y le atiendes, y siempre le debes tratar como se merece, aunque no lo vuelvas a ver”. Sucede mucho. Aunque tiene algunos habituales, por el quiosco de Antonio Alonso pasan muchos compradores de una sola vez. O de unas cuantas veces. Eso sí, la ubicación de su local le permite conocer a personas de un sinfín de nacionalidades. “Guardo muchas direcciones para visitar México, Estados Unidos, Francia…”, cuenta este hombre que lleva dos décadas asentado en la estación de autobuses de Salamanca, un lugar en constante movimiento que da lugar a numerosas anécdotas.

“Más de una vez he cogido el coche para llevar a su pueblo a alguien que ha perdido el coche de línea. Y otras, hasta tienes que hacer casi de ATS cuando ves a una persona desmayarse delante del quiosco o sufrir una lipotimia. Tengo hijos que han viajado y me gusta pensar que en caso de necesidad habrá alguien que les ayude”, comenta.

Antonio Alonso en su quiosco.

Muchas mañanas invita a desayunar a Vítor, un portugués “extraordinario” que espera con frecuencia y durante horas en la estación, no a que llegue su autobús, sino una nueva oportunidad para retomar su vida. Lleva 35 años en Salamanca, donde disfrutaba de una existencia cómoda hasta que la falta de trabajo y alguna que otra mala decisión personal le condujeron a una rutina que no desea.

Vive en la calle desde hace un año, menos los días que puede dormir en el Centro de Emergencia Social de Cruz Roja, y hay jornadas en las que no prueba bocado hasta media tarde, cuando merienda en el Espacio Abierto de Cáritas. A no ser que alguien, como el quiosquero de la estación, le regale un café y un bollo. A no ser que alguien le ofrezca algún trabajo esporádico.

A la espera de un cambio de rumbo

Mientras aguarda que esto ocurra, como sucede a veces, sigue tratamiento contra su alcoholismo, añora a Emilia, su última pareja, y sueña con que su suerte cambie, con poder alquilar una habitación para alejarse de una vida que no le gusta. “Vítor tiene un corazón extraordinario”, insiste Antonio, el dueño del quiosco, que lamenta la falta de recursos para las personas sin hogar. “Vienen aquí, ¿qué va a hacer esta pobre gente para pasar el día? Sobre todo en invierno”, se pregunta.

Vítor posa frente al panel de salidas y llegadas.

La estación de autobuses representa para ellos un lugar donde pasar las horas, aunque no está permitido pedir limosna en las instalaciones. De velar por el cumplimiento de normas como ésta se encarga el servicio de seguridad. Juan Luis, uno de los vigilantes, lleva seis años en este destino, donde es necesario estar siempre “en alerta” para garantizar que todo esté bajo control, pero que también le proporciona muchas satisfacciones.

“Lo mejor es la gente: los comerciantes, los conductores… los trabajadores en general”, afirma. Dice que la de Salamanca es una estación “segura”, aunque cree que todavía lo será más cuando se ejecute el proyecto de modernización de las instalaciones, licitado recientemente, y en el que la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Salamanca invertirán cerca de cinco millones de euros.

Quienes tienen en este emblemático espacio del barrio de San Bernardo su lugar de trabajo ven esta esperada reforma “con expectación”… y con dudas. “Es muy necesaria. Por mí, podían empezar mañana mismo. Esto es muy antiguo, no tiene calefacción ni aire acondicionado, el viajero está incómodo. También se supone que habrá más locales comerciales y, por lo tanto, más negocio y más vida”, confía Antonio González, que hace nueve años se hizo cargo de la empresa multiservicios de la

Antonio González atiende a una clienta en su local de multiservicios.

estación, regentada por su tío durante más de dos décadas. Pero Antonio, como otros de los comerciantes de este espacio, no cree que su reforma vaya a ser, por sí misma, la solución para que la estación recupere su esplendor.

“Un poco de vida”

“Es como si a una persona enferma le compras un traje. Primero cúrala y luego le compras el traje”, sentencia, contundente, el propietario del quiosco, que añade: “Esto está totalmente desangelado, y no te cuento en enero y febrero”. Pese a todo, confía en que el proyecto de modernización previsto “le dé un poco de vida”.

Un taxista dice que hace años el primer autobús diario hacia Madrid, el de las seis de la mañana, “salía lleno”, y que ahora muchas veces el vehículo parte con apenas un puñado de pasajeros. Lo cuenta cuando lleva una hora larga a la espera de que algún viajero demande sus servicios al llegar a Salamanca, pero asegura que a veces este tiempo se alarga, y él y sus compañeros han llegado a permanecer hasta dos horas y media “sin carga”. Es verano, cierto, y en esta época se echa de menos el vaivén de universitarios y sus desplazamientos de ida y vuelta a casa. Pero no es solo eso. En los últimos años, el descenso de viajeros que llegan a la estación de autobuses de la capital salmantina “ha sido bestial”.

No lo dice solo este taxista que lleva cuatro décadas de profesión, casi dos de ellas en Salamanca. Así lo sostienen también muchos de los comerciantes asentados en estas instalaciones, aunque no todos alegan las mismas causas. Probablemente, la respuesta correcta sería una mezcla de todas.
Para el taxista, por ejemplo, mucho ha tenido que ver la llegada del Alvia, un tren rápido que permite ponerse en Madrid en poco más de hora y media y que une Salamanca con la capital de España a través de cuatro frecuencias. Pero también afecta el hecho de que muchas de las líneas de autobús culminan su trayecto en la estación con un reducido número de pasajeros, puesto que existen paradas autorizadas en otros puntos de la ciudad, que también son utilizadas para el transporte discrecional.

Esta dispersión es, precisamente, uno de los motivos fundamentales que apunta Antonio Alonso, propietario del quiosco, para explicar la progresiva reducción de la actividad de la estación. “Por aquí han llegado a pasar 55.000 estudiantes; ahora estaremos por 30.000 o 35.000, porque muchos de los viajeros de los autobuses no llegan hasta aquí. Como no se den cuenta pronto, esta estación se viene a morir”, sostiene. Hay quien apunta también otras causas, como la despoblación que sufre el medio rural y la mayor disponibilidad de vehículos privados, una realidad que resta pasajeros a las líneas que unen los distintos municipios con la capital.

Sea como sea, lo cierto es que la impresión de que “cada año se trabaja menos” -como apunta Antonio- es generalizada. Como también lo es el adjetivo con el que conductores, comerciantes y viajeros califican la estación: “muy antigua”.

En un par de años, cuando finalicen las obras de mejora, este problema quedará resuelto, y la estación será “más cómoda y más bonita”. Queda por ver si tendrá también “más vida”, algo en lo que confían, pese a las dudas, quienes tienen en este “lugar de paso” su jornada cotidiana.

42 AÑOS

La estación de autobuses de Salamanca cumple 42 años. Fue construida en el año 1975 por la Administración del Estado, que conservó su titularidad hasta diciembre de 2014, cuando fue transferida a la Comunidad de Castilla y León. Los servicios de transporte que operan actualmente en esta estación se corresponden con 45 líneas, de las cuales 20 son internacionales, 20 autonómicas y cinco nacionales. Esta actividad mueve unos 2,5 millones de viajeros anuales, según las estimaciones oficiales. La empresa que la gestiona tiene una concesión por 75 años, hasta 2050 .

MODERNIZACIÓN

Según explicaron la Junta y el Ayuntamiento durante la presentación del proyecto, la reforma “cambiará completamente el aspecto y funcionalidad de la estación de autobuses, ajustándola a los nuevos estándares edificatorios con plena adaptación en materia de movilidad reducida, una redistribución de espacios y usos -se unificará por bloques la zona comercial y la administrativa-, así como una mejora general de la confortabilidad, habitabilidad, eficiencia energética y servicios”.

MÁS COMODIDAD

Para los usuarios, se trata de una actuación imprescindible para mejorar la estancia de los viajeros y sus acompañantes. “La estación es antigua y poco confortable. Hay personas que tienen que esperar mucho tiempo su autobús, y se echa de menos un poco más de comodidad”, señala Lorena.

LUGAR DE PASO

Los conductores también creen necesaria la reforma. Aunque las estaciones sean “un lugar de paso”, como recuerda Isidro Arroyo. Lleva 25 años en el sector del transporte de pasajeros, y actualmente cubre trayectos a Madrid, Salamanca y Zamora. Aunque pasa en la estación salmantina poco tiempo, el que transcurre entre viaje y viaje, en esa hora y media en la que disfruta de “un café y un pincho” y un rato de charla acaban por tejerse amistades. “Este trabajo te tiene que gustar”, apunta Isidro, que ahora se siente afortunado. Puede volver todos los días a casa.

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