“Seguiremos acogiendo hasta que nuestro corazón lo aguante”

Nieves Jiménez | Presidenta de la Asociación de Familias de Acogida de Salamanca

Nieves Jiménez, presidenta de la Asociación de Familias de Acogida de Salamanca.

Hace siete años que Nieves y su marido decidieron convertirse en familia de acogida temporal. Desde entonces, su hogar es también el de aquellos niños que eventualmente necesitan un hogar y una familia que les dé protección, seguridad  y, sobre todo, mucho amor.

Actualmente viven con vosotros dos niños en acogimiento temporal, los sextos ya…

Sí, en este caso son hermanos y llevan unos meses en casa. Es el quinto acogimiento y, como siempre, estamos encantados.

Vosotros preferís niños muy pequeños, bebés…

Sí, cuando te conviertes en familia de acogida puedes solicitar una franja de edad, y si los profesionales que estudian cada caso lo ven viable, te dan prioridad con niños de esas edades. En nuestro caso, los niños que hemos tenido en acogida han sido muy pequeños. Además, somos familia de urgencia, esta terminología implica que pueden llamarnos en cualquier momento para acoger a niños de 0 a 6 años. En este momento, sin embargo, tenemos niños pequeños, pero no bebés.

Imagino que los niños pequeños implican mucho esfuerzo y es necesario el apoyo de toda la familia.

Desde luego. Mis hijos -tengo tres y el mayor tiene ya 23 años- se involucran completamente. La decisión de participar en las acogidas es consensuada entre los cinco; sin el apoyo de todos los miembros de la familia sería imposible, pues tanto mi marido como yo trabajamos fuera de casa. Nos organizamos muy bien y, sobre todo, disfrutamos compartiendo los cuidados que necesitan. Mis hijos, además de encargarse de llevarles a la guardería, se dedican a jugar con ellos, a enseñarles a divertirse y disfrutar.

La otra parte, la de las normas, el orden… recae en vosotros.

Bueno, establecer normas y hábitos saludables es fundamental para su desarrollo y para que adquieran unas rutinas que les sirvan cuando ya no estén con nosotros. En esas rutinas también está el cariño, la afectividad. Les enseñamos a querer y mostrar sus sentimientos. Muchos de estos niños no saben dar un abrazo. Alguno de ellos incluso se acunaba solo. En casa no faltan los besos ni los abrazos, esa es otra norma.

Tener hermanos en acogida es otra experiencia nueva para vosotros…

Para nosotros es novedoso y también sorprendente. Nunca antes había visto un vínculo tan fuerte entre hermanos, ni siquiera con mis hijos. A pesar de ser pequeños, se cuidan y protegen en cada momento. Si uno llora, el otro le consuela; si sienten miedo, se protegen… Es asombroso y maravilloso contemplarles.

Tus hijos viven esta aventura solidaria desde hace años, cuando ellos también eran niños y adolescentes. ¿Qué les ha aportado?

Muchísimo. Han aprendido a compartir y a entregarse. Creo que se han convertido en grandes personas, regalan su tiempo, sus experiencias, su espacio… Gracias a este programa, ahora cada uno de ellos está involucrado en otras iniciativas solidarias. Esta es otra recompensa al acogimiento temporal.

¿Y a vosotros, como padres?

Lo primero, responsabilidad. Más que con tus hijos biológicos. Y después, nos enseñan tanto… nos dan tanto cariño… La recompensa no es proporcional a lo que nosotros les damos. Son emociones y sentimientos inmensos, desbordantes, difíciles de explicar, y también creo que difíciles de entender si no los vives. Ojalá muchas más familias se animasen a experimentarlo, porque se enriquecerían interiormente muchísimo y les haría mucho más felices.

Todo ello, a pesar de que los niños un día se van y el vacío que dejan es muy grande y doloroso…

Mucho. Se te rompe el corazón y sabes desde el día que llegan que va a ser así. Pero es un sentimiento contradictorio, porque a la vez que les despides, sabes que comienzan una nueva vida, ya sea con su familia biológica o con la familia adoptiva. Yo siempre digo que es un sufrimiento feliz.

¿Cómo os preparáis para esa despedida?

Pues cada familia tiene sus medios. En nuestro caso, yo trato de recordar a cada momento que estamos desarrollando una labor de ayuda para que los niños puedan continuar su vida felices con otras familias. Les hago muchas fotos, del día que llegan, de sus juegos, de momentos especiales que vivimos, haciendo ver a todos los miembros de la familia que así recordaremos su paso por la casa y todo lo que hemos vivido juntos. Hay que estar muy preparados para el día de la separación, que siempre es dolorosa. Los pequeños nunca deben percibir que ese momento va a ser traumático. Cuando hay visitas a los padres biológicos, ayuda, pues sabes que, por naturaleza, los niños tienen que volver con los suyos, siempre que sea posible.

También es importante vuestra labor alentando a los niños a mantener ese vínculo con sus progenitores biológicos.

Desde luego. No siempre hay visitas, depende de cada caso. Los niños que tenemos en casa sí ven a sus padres -cuando lo determinan los profesionales que se encargan del caso-. Nuestra tarea es prepararles para esas visitas, animarles y acompañarles para que vayan contentos de reencontrarse con ellos. Los niños se muestran alegres, salen felices y también regresan a casa felices. Es muy importante que la familia de acogida normalice esta situación.

¿Mantenéis el contacto con las familias de los bebés a los que habéis cuidado?

Sí, en nuestro caso, seguimos su crecimiento, pero no siempre es así. Eso depende de cada familia. Como digo, tenemos suerte, porque seguimos al tanto de la vida de los cuatro niños que han estado antes en casa. Uno de ellos pasó dos años con nosotros. Nos llamamos por teléfono, nos envían fotos… Estos gestos te llenan por completo.

En casos excepcionales, las acogidas temporales se convierten en permanentes. ¿Estaríais dispuestos a asumirlo?

No. Nuestra labor tiene principio y fin. Es una situación transitoria en la que debemos dar a unas personitas que sufren un momento difícil en sus vidas la capacidad de amar y ser amados, que no les falte de nada para crecer protegidos e iniciar otra vida.

Los hermanos, los niños con discapacidad o los adolescentes son los casos más difíciles a la hora de encontrar familias dispuestas a acogerles.

Eso es. En el caso de los adolescentes o niños mayores, es una idea confusa que sean problemáticos. El problema no lo tienen los niños, sino sus situaciones familiares. Los chicos son solo marionetas que sufren las consecuencias de los problemas de sus familias biológicas. Estos chavales necesitan igualmente cariño, que les escuchen, que les demos un poco de nuestro tiempo.

Ostentas la presidencia de la Asociación de Familias de Acogida de Salamanca y también de la Federación de Asociaciones de la Castilla y León. ¿Cuál es el fin de estas agrupaciones?

Dar apoyo a las familias, acompañarnos los unos a los otros en esta aventura. A veces esta labor tiene sus dificultades, y no todo son rosas en el camino, como puede ocurrir en cualquier familia. Sin embargo, por las características de las nuestras, es más fácil encontrar comprensión y apoyo en quienes viven las mismas circunstancias. Por otra parte, desde la asociación velamos por los derechos de los niños acogidos y para que su bienestar sea lo primero. Gracias a este trabajo hemos conseguido que salga adelante el Estatuto del Acogedor, publicado a primeros de año.

¿Qué supone este documento?

Este documento reconoce la figura del acogedor y quedan registrados los derechos de las familias de acogida. Ahora podemos participar en la toma de decisiones de temas tan básicos como a qué colegio o guardería llevar a los niños. Lo lógico es que estén cerca del nuevo hogar. Ahora tenemos voz y voto, podemos participar en el día a día de los niños para que la adaptación sea mucho más natural y sencilla. Es cierto que en Salamanca no teníamos ninguna dificultad, los procesos y el centro funcionan muy bien.

Y a todo esto… ¿Qué despertó en vosotros la idea de acoger a un niño?

Tan sencillo como un cartel en el autobús. El anuncio era de un niño que se llamaba Carlos, como mi hijo, y me movió. Lo comenté con mi marido y lo meditamos con calma.

¿Hasta cuándo seguiréis acogiendo?

Hasta que nuestros corazones nos lo permitan. Vamos cumpliendo años, las separaciones son duras y siempre se rompe un poquito el corazón. Quizá dentro de unos años no podamos resistirlo. Entonces será el momento de dejarlo, pero estaremos inmensamente felices.

Programa de Acogimiento Familiar

El programa depende de la Junta de Castilla y León y lo desarrolla Cruz Roja

902 106060
983 336777

familiasacogidacyl@cruzroja.es

www.cruzroja.es/familiasacogidacyl

 

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