Ricardo Cavolo: “En verano lanzo mi propia marca de ropa, mi mayor reto en este momento”

Inició el año con un libro mágico, 'Periferias', y marcas como Zara e Ikea muestran ya el personal ingenio del ilustrador salmantino. Su cabeza sigue en plena ebullición

El artista Ricardo Cavolo.

El cajón de proyectos de Ricardo Cavolo rebosa. Las marcas más potentes reclaman sus personalísimas ilustraciones, y él responde con un trabajo entusiasta, aunque su verdadera obsesión es posar la mirada en la la cara B de la vida, en su magia.

Estrenaste el año con libro y sigues imparable: colaboraciones con Zara, con Ikea… ¿Continuará tu 2017 con la misma intensidad?

Pues espero que sí. Ahora en verano lanzo mi propia marca de ropa, y es algo para lo que he estado trabajando mucho tiempo. Ya quedan semanas para el estreno, así que gran parte del tiempo se va en esto ahora mismo. También están por estrenarse otras tres colaboraciones con marcas de moda en este mismo año. Estoy ya trabajando en mi próximo libro y preparando una exposición para el año que viene.

En tu trabajo se observa una debilidad especial por lo mágico y por el simbolismo, conceptos que sientan como un guante a un espacio dedicado al sueño. ¿Qué ha supuesto para ti participar en el proyecto de personalización del espacio IKEA TEMPORARY Dormitorios?

Este tipo de proyectos me hacen mucha ilusión. Y más en concreto éste, por la mecánica en sí, es muy especial. Roza casi la instalación artística, y a mí me encanta salirme de los márgenes habituales en mi propia dinámica de trabajo. Cada poco tiempo necesito cambiar de formato y técnica para mantener esa emoción del riesgo con el cambio.

También has sido uno de los tres artistas elegidos por Zara para customizar una colección vaquera muy especial. ¿Cómo has vivido esta colaboración?

Ha sido algo muy divertido. Yo ya llevaba algún tiempo pintando en mis propias cazadoras. Pero la cosa mejora mucho cuando colaboras con un gigante como Zara. Le da mucha más visibilidad y el impacto es infinitamente mayor.

Hay quien dice que eres el ilustrador español de moda…

No lo creo, sinceramente. Pero además, tampoco quiero algo así. Yo quiero mantener mi trabajo de manera regular aún por muchas décadas. Y lo de estar de moda es algo que no ayuda demasiado en esa dirección.

Has trabajado para grandes marcas de ropa, de zapatillas, de bebidas, para el Circo del Sol, para Google… ¿Qué siente uno al ser reclamado y, por tanto, valorado, por compañías tan relevantes y omnipresentes en nuestro día a día?

Es un honor. Hay muchísimos artistas por ahí haciendo cosas súper potentes. Y que escojan mi trabajo entre todos estos grandes artistas es un orgullo.

Y como contrapeso a esa actividad ligada a lo comercial, el pasado enero lanzas Periferias, un sorprendente libro ilustrado sobre las realidades marginadas y olvidadas, sobre personajes y mundos que se salen de lo común y que, consciente o inconscientemente, metemos en el saco de lo raro. ¿Por qué te atrae tanto eso que llamas la cara B de la vida?

Como explico en la introducción del libro, yo conviví con gitanos durante la primera parte de mi vida. Mi padrastro era gitano, y eso me hizo vivir muchas experiencias y situaciones con mi familia gitana. Me hicieron aprender muchas cosas desde niño en cuanto a las diferencias sociales. Y también aprendí a encontrar la magia y lo bello en un ambiente desfavorecido. Eso me ha obsesionado desde siempre y lo he transportado a mi trabajo.

Las kumari (niñas diosas de Nepal), los hijras o transexuales de la India, los albinos africanos, los gitanos, el insecto ninfa, el pangolín, Somalilandia… En tu libro nos muestras 150 mundos o personajes periféricos, fuera de lo común o incluso imaginarios. ¿En qué te fijaste a la hora de seleccionar a los protagonistas de este Gran libro ilustrado de lo extraordinario?

“De pequeño aprendí a encontrar la magia y lo bello en un ambiente desfavorecido”

He de decir que no tuve que hacer una investigación previa antes del libro. Todo esto ya estaba en mi cabeza después de años de leer sobre ellos, ver películas y documentales que me descubrían estos mundos… Es una obsesión, y un placer, el hecho de encontrar todas esas periferias. Por tanto, lo único que tuve que hacer fue volcar en papel todas esta información que había ido acumulando en mi cabeza por placer. Y es evidente que lo que une a todos estos elementos no es más que pertenecen de una u otra manera a la periferia.

En tu trabajo y en tu día a día, ¿cómo haces para mantener el equilibrio entre la cara A de la vida, con su poderosa inercia, y la magia de la cara B?

Yo vivo en la cara A, y debo asumir las normas de este lado de la vida. Pero nunca dejo de tener presente la cara B. Y no paro de comparar ambos polos, para no perder nunca el norte, a pesar de habitar mayoritariamente la cara A. Siempre tengo en mente esa comparativa para no ser injusto y actuar con ecuanimidad.

Has dicho que Periferias es una invitación “a mirar bonito”, a buscar lo bueno de esos mundos diferentes que nos muestras, y que para eso basta con “mirar como un niño”. ¿Crees que tenemos una mirada envejecida o es solo que preferimos permanecer ciegos ante lo que no nos interesa o nos compromete?

Creo que desde que somos niños nos añaden capas o filtros en los ojos que no nos dejan ver bien, o que hacen que nos fijemos sólo en lo que se ha preestablecido como lo normal, atendiendo todo esto, lógicamente, a un sistema capitalista y elitista de sálvese quien pueda. De niños aún no tenemos esa ceguera, pero según vamos creciendo nos damos cuenta de que mirar de una manera limpia o bonita nos estorba para conseguir nuestros logros preestablecidos de sociedad consumista y basada en el éxito individual.

Por tus circunstancias personales, desde pequeño has vivido la diferencia con naturalidad, disfrutándola como algo incluso mágico. ¿Cuál es el secreto para mantener esas sensaciones en un mundo que tiende a la uniformidad?

Pues creo que el secreto ha estado en que desde muy pequeño he visto las dos caras de la sociedad, entonces lo asumes como algo normal y natural. Y te elimina muchos prejuicios, al vivir simultáneamente en ambos lados. Te hace ver tanto lo positivo como lo negativo de las dos caras. Y ahora, de adulto, se ha convertido casi en mi religión; por tanto, nunca descanso el ojo para no perder esas coordenadas que se me crearon de niño.

Te apasiona lo outsider, que tiene un reflejo constante en tu obra y, sin embargo, rechazas categóricamente que tú puedas colgarte esa etiqueta…

“He concebido la etiqueta de ‘outsider’ como algo muy auténtico a lo que creo que no pertenecía”

Bueno, la rechazo por respeto. Porque normalmente he concebido esa etiqueta como algo muy auténtico a lo que creo que no pertenecía. Pero es cierto que la etiqueta de outsider se ha democratizado últimamente, y requisitos casi indispensables antes para formar parte se han desvanecido, dando cabida a más artistas que, en esencia, sí pertenecen quizás a ese mundo. Por esto quizás ahora sí me atrevo a decir que, al menos formal y conceptualmente, sí puedo encajar en esa etiqueta.

¿Qué tipo de escenas o imágenes cotidianas te inspiran o te conmueven?

Últimamente presto mucha atención a la situación de los refugiados. Y por otro lado, también estoy profundizando en la situación de los jóvenes de mente más liberal y abierta en los países árabes y, en especial, la situación de la mujer. De un par de años a esta parte estoy siendo capaz de canalizar mi trabajo para poder usarlo a modo de protesta política y social.

¿Crees que el arte debe ser siempre comprometido?

No tiene por qué. Hay arte muy válido que es totalmente superficial. El arte comprometido, además de ser arte, lleva un mensaje que puede ayudar socialmente. Pero no por eso el otro arte es menos arte. De hecho, hacen falta ambas corrientes.

¿Es fácil vivir del arte en estos momentos?

No es nada fácil. Se puede pensar que cuando llevas unos años ya puedes relajarte un poco más, pero no es cierto. Tan difícil es empezar como saber mantenerte. De hecho, por eso hay que compaginar el trabajo puramente artístico con encargos comerciales. Hay que trabajar en ese balance para poder sobrevivir.

Ilustrador de libros infantiles, recetarios de cocina, portadas de discos, ropa, ordenadores, pintor de murales y hasta cartas de tarot… ¿Hay algún soporte que se te resista?

De momento estoy siendo capaz de meter la mano en todos los soportes que me gustan. Aún no he encontrado tope. Y creo que si encuentro un reto en el que se me complica la cosa, terminaré consiguiéndolo antes o después. Soy bastante peleón y tenaz.

¿Cómo ves Salamanca desde la distancia? ¿Crees que tus logros habrían sido los mismos si te hubieras quedado aquí?

“Creo que si encuentro un reto que se me complica, terminé consiguiéndolo antes o después”

Reconozco que no he tenido demasiada relación con Salamanca. Fue donde me formé y donde aún tengo algo de familia. Pero desde muy pequeño he estado siempre viajando y cambiando de sitios donde vivir, por tanto, tengo un cierto desarraigo generado por todo ese movimiento desde muy niño. No conozco bien la situación en Salamanca para ser artista. Pero es evidente que hay más opciones en sitios algo más grandes o con más movimiento en ese sentido.

¿Hay algún proyecto que te gustaría desarrollar y todavía no has podido?

Estoy a punto de hacerlo, la marca de ropa. De momento ese es el reto más grande, y estamos a punto de cumplirlo.

¿A qué dedica el tiempo libre Ricardo Cavolo?

A leer y a los videojuegos. Esto último es casi como mi antídoto real para descansar la cabeza. Es tan diferente a lo que hago, que es cuando realmente me descansa la mente.

 

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