María Antonia Sánchez: “Mi mejor trofeo han sido mis hijos, más que cualquier otro triunfo”

Ex tenista profesional

María Antonia Sánchez, en la actualidad.

En el mundo del tenis, María Antonia Sánchez era conocida como Mery. Se retiró hace 12 años de la élite profesional por culpa de las lesiones. La salmantina llegó a ser número 33 del mundo, logró relevantes trofeos y fue miembro del equipo español de la Copa Federación y en los JJOO de Atenas

¿Cómo fueron tus inicios en el tenis?

Con 8 años, mi padre empezó a entrenarnos a mi hermano y a mí casi todos los días. Se nos daba bien y al final eso acaba por ‘engancharte’ un poco.

Pero en aquellos años Salamanca no era una ciudad propicia para el aprendizaje o la práctica del tenis…

Aquí era muy difícil. En verano entrenábamos en las pistas del Helmántico y en invierno íbamos por la noche, después de las clases, a la urbanización donde vivía mi tío, que tenía pista de tenis. Muchas veces practicaba con los amigos de mi padre. Luego empezamos a competir en Madrid los fines de semana, porque en Salamanca no había nada en tenis infantil.

Y llegó a ser la 33 del mundo…

Con 12 años fui campeona de España en pista rápida. A partir de ahí, surgió la posibilidad de irme becada a una academia de Barcelona, la cuna del tenis, o quedarme en Salamanca y renunciar la posibilidad de una carrera deportiva, y con 14 años me marché sola a Barcelona.

¿Cómo recuerdas aquel momento?

Fue muy duro. Yo era una niña y estaba muy unida a mi familia, sobre todo a mi madre. Pero en la escuela éramos muchos los que estábamos en una situación parecida, y al final haces ‘piña’.

Compartiste época con dos grandes del tenis femenino, Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez, a la que llegaste a ganar cuando era número 2 del mundo. ¿Qué le parece que se diga que fue ‘eclipsada’ por ellas?

Jugué con Conchita tres o cuatro veces y gané la mitad. Con Arantxa jugué un par de veces y no gané ninguna. España siempre ha tenido muy buen nivel, con varias tenistas entre las 100 primeras, pero de quienes se hablaba más era de ellas, y es normal, porque eran las mejores. La realidad es la que es. Nunca me ha preocupado.

¿Teníais buena relación?

Coincidíamos cuando competíamos en la Copa Federación y la relación era buena, aunque en un deporte individual como es el tenis siempre hay cierta rivalidad sana, claro.

Tras 12 años en la élite del deporte, las lesiones precipitaron tu retirada en 2006.

Sufrí varias. Una de las más graves fue una que tuve en la espalda con 23 o 24 años y que me obligó a estar retirada del tenis más de un año. En este mundo, cuando vuelves después de ese tiempo tienes que empezar desde cero. Esa vez regresé con ganas, pero me sucedió de nuevo con 29 años, y entonces ya no tienes las mismas fuerzas. El tenis es un deporte complicado, estás todo el día con las maletas para un lado y para otro y eso al final acaba cansando.

Y entonces decidiste que tu siguiente partido sería formar una familia. ¿Cómo has vivido ese proyecto?

Yo siempre echaba de menos a los míos cuando estaba lejos de ellos, así que cuando me retiré, después de años duros y de mucha concentración, quise disfrutar de mi familia, y así lo hecho. Pronto me quedé embarazada. Mi hija y mi hijo se llevan un año, y estoy encantada, porque para mí es una suerte poder estar con ellos, algo muy difícil en un momento en el que muchas veces el padre y la madre tienen que trabajar fuera de casa.

Actualmente hablar del tenis español es hablar de Rafa Nadal, es decir, de tenis masculino. ¿Qué pasa con el femenino?

A día de hoy, el tenis femenino es Muguruza. No es que solo exista ella, sino que ocurre lo mismo que en mi época, como tampoco existe solo Rafa Nadal. Pero son grandes estrellas, y el foco se pone sobre ellas, aunque entre el resto haya muchos tenistas con muy buen nivel. En España ha habido siempre un gran nivel en tenis masculino y femenino.

¿Echas de menos algo de tu época en la élite del deporte?

Tengo recuerdos bonitos de torneos que he disfrutado mucho, como el Open de Australia, mi preferido. Otros momentos son muy duros, pero como en todas las facetas de la vida. Ningún trabajo es siempre color de rosa.

¿Sigues vinculada al tenis de alguna forma?

La verdad es que estoy bastante desvinculada. Cuando dejé de jugar me trasladé de Barcelona a Madrid, y aunque conservo amistades, cada una somos de un sitio y es complicado el reencuentro, aunque cuando hablamos es como si hubieran pasado dos días. Ya en Salamanca he jugado un par de veces con mi hermano, pero hasta ese momento no había vuelto a coger una raqueta. Ahora juego al pádel y de vez en cuando imparto alguna clase. Es un deporte más ‘fácil’, en el sentido de que no tienes que estar en una forma física espectacular para poder practicarlo.

Ha comenzado a ponerse de manifiesto las diferencias que existen entre hombres y mujeres en el deporte. ¿Cuál era la realidad en su época?

En nuestra época esta diferencia se vivió con mucha más intensidad. Intentábamos luchar contra ello, pero se los hacía poco caso. Los compañeros chicos veían normal que no cobráramos lo mismo –llegaba a ser hasta cinco veces menos– y respecto a las tenistas que estaban arriba la diferencia económica era un abismo, así que estábamos un poco solas en esta lucha. Afortunadamente, se han ido reduciendo las diferencias, y al menos los premios de los grand slam se han igualado en los últimos años.

Y luego llegaban los cronistas del momento y en lugar de destacar tu técnica o tus logros deportivos te comparaban en belleza con Anna Kournikova…

Hombre, mal no te puede sentar que te digan una cosa bonita, pero nunca pude compararme con Kournikova, quien, por otro lado, obtuvo grandes ingresos económicos gracias a su físico y a su belleza. Pero por desgracia, esa diferencia en el tratamiento informativo es así y va a seguir siéndolo. Ahora las mujeres se están alzando y demandan el mismo trato, pero todavía queda recorrido.

¿No da un poco de rabia volver a salir en los medios por haber sido hace años “novia de”?

Eso sí me molesta mucho, porque aquello sucedió en una época de mi vida en la que no era conocida. Fue una relación de dos ‘niños’ anónimos sin ninguna repercusión mediática, y que después de tantos años te vinculen a eso, en lugar de a tu carrera, no me hace ninguna gracia.

¿Cuál ha sido su mejor trofeo?

Mis hijos, sin duda. Mucho más que cualquier otro triunfo que puedas imaginar. Son el motor de mi vida. Mi ilusión siempre fue formar una familia, y eso no lo cambio por nada.

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