“En las procesiones de Ucrania no hay imágenes, sólo estandartes”

Anna Karaman | Costalera en la Hermandad del Silencio

Anna Karaman, con el hábito de la Hermandad del Silencio
Anna, con su hija Amaia, que ya pertenece a la Hermandad.

Su primera “parada” en España fue Madrid. En 2005 recaló en Salamanca, donde se casó y donde nació también su hija Amaia. Anna Karaman lo hizo hace 32 años en Lviv, Ucrania, vive actualmente en Pelabravo y trabaja de 7:30 a 12:30 horas en una panadería de la localidad salmantina.

A las cuatro de la tarde, después de comer con su pequeña de tres años, inicia su segunda jornada laboral en un salón de apuestas. Así, de lunes a domingo, menos los sábados, cuando por lo general descansa.

Cuenta que fue su madre quien la trajo a España, pero ahora las separan más de 600 kilómetros, los que hay entre Salamanca y Barbastro (Huesca), donde vive su progenitora. En dos días, sin embargo, volverán a abrazarse, porque su madre, siempre que puede, pasa la Semana Santa en Salamanca, donde vivirá de cerca la emoción que siente Anna cuando, cada Sábado Santo, carga descalza el paso de la Virgen en la procesión de la Hermandad del Silencio. La de Pizarrales.

¿Cómo acaba una joven ucraniana en una Hermandad de la Semana Santa salmantina?
Durante mi primer año en Salamanca me recorrí con unos amigos casi todas las procesiones de la ciudad. Cuando vine a Pizarrales a ver el desfile de la Hermandad del Silencio, me impactó mucho la salida, la seriedad de la imagen, la expresión de la cara de Nuestra Señora del Silencio… No sé, te transmite algo diferente. Y también el barrio. Me pareció impresionante, no había dónde ponerse para ver la salida. Es increíble ver cómo los vecinos animan a los costaleros y a toda la Hermandad, sobre todo en la salida y la entrada. Hablé con el Hermano Mayor y me inscribí en el grupo de carga de la Virgen.

Y eso que ni siquiera eres vecina de Pizarrales…
No, cuando entré en la Hermandad vivía en Garrido, y ahora vivo en Pelabravo. Pero aquí me acogieron como si fuera del barrio, me adoptaron muy bien. El recibimiento fue extraordinario, me dieron un trato muy cercano y mucho apoyo y comprensión. No sé cómo explicarlo, pero sientes como si se pusieran en tu lugar. Y eso me gustó muchísimo, porque llevo muchos años fuera de mi tierra y para mí, después de tanto tiempo, esto es como mi familia. Entre todos nos ayudamos mutuamente.

¿Has vuelto a Ucrania en estos 16 años?
Una vez. Pero en Semana Santa siempre estoy aquí.

¿Cómo se vive la Semana Santa en tu país?
No tiene nada que ver. Hay procesiones, pero son diferentes, porque son ortodoxas y no sacan imágenes, solamente estandartes, y salen por los pueblos. Cada uno tiene su tradición y su día. El domingo que aquí es el de Ramos la gente va a la iglesia con una especie de cesta en la que llevan un bollo que es elaborado por las abuelas por tradición. También embutido, ajo… El cura lo bendice y se celebra una eucaristía por el rito ortodoxo. También lo hacen las iglesias católicas. En mi caso, la familia de mi padre es católica y la de mi madre, ortodoxa. Yo no encontré mucha diferencia, excepto en las iglesias, porque las católicas son más sobrias, pero hay cierta sintonía y las tradiciones se respetan y se van mezclando un poquito. Aunque la Navidad, por ejemplo, la familia de mi padre la celebra en diciembre, como aquí, y la de mi madre en enero.

¿Qué significa para ti que tu madre venga a verte en Semana Santa?
Es imprescindible… Bueno, es que mi madre es parte de la promesa que hice el primer año que cargué el paso de la Virgen… Es muy importante.

La ucraniana Anna Karaman es costalera en la Hermandad del Silencio
Anna Karaman mira con devoción a Nuestra Señora del Silencio

¿Ella como vive ese momento, tu recorrido con la Hermandad del Silencio?
Le encanta. Se emociona muchísimo, le pasa lo mismo que a mí. Siempre la llevo a ver otras procesiones, pero aquí llora. Si un año no puede venir, lo pasa bastante mal. Llega este domingo. Como ella dice, ya está sentada en las maletas esperando el día.

¿Por qué elegiste ser costalera?
La Semana Santa siempre me ha gustado, y también me gusta mucho leer, así que leí sobre la Semana Santa en España y la figura de los costaleros. Además, como dije antes, me impresionó mucho la imagen de Nuestra Señora del Silencio. Quise probar, y el primer año, al estar debajo del paso, hice una promesa. Vi que cada año que salía aumentaba la devoción y la fe… (se emociona mientras habla, y también lo hace ante la imagen de la Virgen, que mira con una intensa ternura).

¿Siempre has salido cargando el paso de la Virgen?
Sí, excepto un año que estaba embarazada y fui al lado de la Virgen. Para mí fue durísimo. No es solo que cargar el paso enganche… es devoción, algo difícil de explicar. Estás ahí debajo, y que antes de salir de la iglesia el jefe de paso te recuerde por qué sales, el motivo por el que estamos allí, te remueve por dentro. Cada uno llevamos nuestra “cruz” encima. Ese año que no cargué fue muy difícil para mí. Me faltaba todo.

¿Cargar el paso te reconforta?
Sí, será algo emocional. Me he criado en una familia religiosa, mis abuelos siempre me llevaban a la misa, aunque ahora no voy cada domingo, como el 90% de la gente, hay que ser realista. Pero me han bautizado, he bautizado a mi hija…

¿El momento de la salida es el más significativo para ti?
Para mí el momento de la salida es no mirar escaleras abajo. Impresiona mucho. Tienes que mirar a tu compañero. En el último ensayo nos recordaron que nos tenemos que hablar con la mirada, y es cierto. Si miras escaleras abajo y te impresiona, te bloqueas. Yo suelo mirar a la Virgen y las flores. Tienes que centrarte en la técnica: paso a un lado, paso al otro y escalón. Olvídate de todo lo demás. Para mí hay dos puntos clave: la escalera de la iglesia y el arco de Prior, por el que ya no pasamos. Íbamos en cuclillas, prácticamente sentados uno en el otro; vamos, que si se caía uno sería “efecto dominó”.

¿Qué sientes durante las cinco o seis horas de recorrido, que, además, haces descalza?
Calor. Da igual que haya 10 grados bajo cero que 50, sientes el mismo calor. No es un paseo, es una penitencia. Tienes presente por qué estás ahí, así que es un recorrido consciente, de reflexión y emoción.

¿El público facilita el recorrido o lo dificulta?
Alguna vez lo dificulta, pero también ayuda mucho. En el barrio es impresionante. En los últimos años siempre ha llovido y la gente “mete el hombro” por fuera para ayudar, da igual lo que llueva. O de repente aparece un paraguas que te tapa para que no te mojes. Es precioso, increíble. Muchas veces lloramos por la emoción de ver cómo nos apoyan. Y también los compañaros. Cuando se te clava algo en el pie o te haces daño, notas que se te levanta el paso, porque hay alguien cogiendo tu peso… Ahí somos hermanos de verdad, una familia. Es lo que he visto yo aquí, donde nunca me ha faltado una buena palabra cuando he tenido problemas.

Supongo que el día siguiente no irás a trabajar…
Sí. Me levanto a las 6:30 para ir a la panadería. Pero mis jefes ya saben que voy perjudicada, y ese día me lo tomo un poquito más flojo: hago el reparto en cinco horas, en lugar de en tres, y en vez de coger los cestos de 100 en 100 barras, los cojo de 30 en 30 (ríe).

Aparte de la vuestra, ¿qué otras procesiones te gustan?
Me gustan mucho La Soledad y La Esperanza, en la que también salgo, aunque este año no podré.

Todas imágenes de Vírgenes...
Me gustan todas las imágenes, pero siento una devoción especial, sí… Será por ser una figura materna, por la añoranza… Quizás también porque mi madre y yo llevamos muchísimos años separadas… Es como que me representa muchas cosas: añoranza, cariño…

Además de tu madre, ¿hay alguien de tu familia de Ucrania con quien te gustaría vivir estos momentos tan especiales?
Mi abuela. Y con mi abuelo, que en paz descanse, pero murió este año. Me encantaría vivirlo con mi abuela. Es la última persona con la que hablo antes de salir de casa para venir a la iglesia el día de la procesión. Hablamos por Skype. Si no ha podido venir mi madre, hacemos la llamada a tres, a veces con mi madre por teléfono y con mi abuela por Skype. Se ha convertido en una tradición.

¿Quieres ser el primero en comentar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*