“Las humanidades derriban las fronteras”

Jesús Hernández Lobato | Profesor del Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo de la USAL

El profesor Jesús Hernández Lobato.

Jesús Hernández Lobato recibirá 40.000 euros de la Fundación BBVA para consolidar su trayectoria profesional. La relevancia de su labor le ha hecho merecedor de una de las 60 ayudas que concede la entidad a investigadores de todo el país. Profesor del Departamento de Filología Clásica e Indoeuropeo de la Universidad de Salamanca, se dedica a desentrañar los secretos de la cultura tardoantigua y medieval, cuyo estudio “aporta lucidez al conocimiento de nuestro propio mundo”.

La convocatoria de la Fundación BBVA está destinada a investigadores con una producción científica, tecnológica o cultural “altamente innovadora”, pero sin una situación laboral consolidada. ¿La seguridad profesional es la utopía del científico español?

Desde luego, la estabilidad laboral es un requisito fundamental para fomentar la producción científica. Es mucho más difícil sacar adelante un proyecto si tienes que pasarte el día buscando convocatorias para subsistir. Después de haber pasado varios años por el extranjero (hecho que me ha resultado sumamente enriquecedor), me gustaría estabilizarme en España. Lo considero casi un deber patriótico, pero las instituciones tienen que poner de su parte.

Su trabajo se centra en la cultura tardoantigua y medieval. ¿Qué supone esta inyección de 40.000 euros para sus proyectos?

Es absolutamente fundamental. Se necesita financiación para adquirir los materiales bibliográficos imprescindibles, tener acceso a ciertas bases de datos y herramientas digitales, visitar determinadas bibliotecas y centros de investigación extranjeros, desplazarse a congresos…

¿Qué le atrajo de estas épocas históricas para dedicar sus esfuerzos a profundizar en ellas?

La etapa final del Imperio Romano, entre los siglos III y V d. C., y el período inmediatamente sucesivo es, sin lugar a dudas, el momento crucial en la formación de la cultura occidental. Es el instante decisivo en que comenzamos a ser lo que hoy somos. El impresionante legado cultural de Grecia y de Roma se fundió con un tercer componente inesperado y totalmente ajeno: el cristianismo, con su rica herencia judaica y su manera radicalmente distinta de concebir el mundo. De esa fusión, a menudo problemática, pero siempre extraordinariamente creativa, nace el Occidente que hoy conocemos. Como en toda situación de interculturalidad y encuentro (o choque) de civilizaciones, se produjo una crisis generalizada de valores y certezas, agravada por ciertas situaciones políticas. Estudiar esta época no sólo supone esclarecer un momento histórico fundamental, sino aportar lucidez sobre nuestro propio mundo.

¿Diría que la investigación en el campo de las Humanidades tiene el reconocimiento que merece?

En absoluto. Si no estoy confundido, la Fundación BBVA es la única entidad privada en nuestro país que incluye las Humanidades en su programa de ayudas a la investigación. Esto es algo incomprensible, dado el interés que suscita el legado cultural español en todo el mundo. Las Humanidades derriban las fronteras. El estudio de la Antigüedad clásica y tardía debería ser un área absolutamente prioritaria para la llamada construcción europea. La ola de euroescepticismo y los diversos localismos que asolan el continente se deben, en parte, a una profunda ignorancia sobre nuestras raíces culturales comunes.

Y si existe una preocupante falta de inversión para la investigación biomédica en España, en el caso de las Humanidades será mejor ni hablar…

Siempre estamos a recoger las sobras, pero no nos quejamos. La investigación en Humanidades no precisa de tantos recursos ni da tantos titulares, pero es y seguirá siendo la médula de nuestra sociedad. Abandonar las Humanidades y sumir a la gente en la ignorancia de aquello que nos une es, como estamos comprobando en Europa, sencillamente suicida.

¿Por qué decidió dedicarse a la Filología?

Para comprender desde dentro una cultura y su manera de ver las cosas hay que empaparse de su lengua. En el caso de la Filología Clásica, se trata además de comprender aquello que somos nosotros mismos: por un lado, por el peso que la cultura grecorromana tuvo y sigue teniendo en nuestro modo de estar en el mundo; por el otro, porque el español y el resto de lenguas romances no derivan del latín, como suele decirse, sino que son latín, el latín del siglo XXI.

Si la Filología permite estudiar la cultura de un pueblo a partir del análisis de sus textos, ¿qué podría decirse de la nuestra, ahora que nos expresamos fundamentalmente a través de las redes sociales?

La brevedad puede ser un acicate del ingenio. Un tuit puede perfectamente ser el correlato moderno de un epigrama o de un haiku. La estupidez o la genialidad la aporta el individuo, no el medio a través del cual se expresa.

¿No salimos un poco mal parados en una comparación histórica?

¡Qué va! Gracias a los correos electrónicos y demás medios de mensajería el género epistolar ha experimentado un auge impensable hace tan sólo 20 años. Conviene ponerlo todo en perspectiva.

Hay quien dice que la irrupción de Internet es comparable o incluso supera a la revolución de la imprenta. ¿Está de acuerdo?

Internet es un instrumento maravilloso y tremendamente útil que nos ha cambiado la vida a todos. Sin embargo, tiendo a pensar que lo verdaderamente revolucionario es lo que se dice, no el medio por el que se transmite.

Suele decirse que tenemos ciertas actitudes ante las cosas por deformación profesional. ¿Hay algo cotidiano en lo que sea especialmente analítico como consecuencia de su trabajo?

La idea del investigador como un ser analítico me parece engañosa. Mi trabajo requiere de síntesis tanto como de análisis. En latín. el verbo pensar (putare) significaba originariamente podar, quitar lo que sobra. De hecho, nuestro podar proviene justamente de putare. No es de extrañar que Borges afirmara que pensar consiste en olvidar diferencias, en generalizar. En ese olvido selectivo reside en ocasiones la lucidez de una teoría o la brillantez de una investigación. Sin él, seríamos incapaces de relacionar conceptos. Supongo que si tengo una deformación profesional es precisamente la de ser siempre y en todo lugar muy consciente del lenguaje, del origen y las connotaciones de los términos, de las variedades de pronunciación, etc. ¡No puedo evitarlo!

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