“Si me preguntan quién es el mejor cocinero del mundo digo que mi abuela”

Javier Romero | Cocinero

El cocinero salmantino Javier Romero, con el libro 'Cocina familiar'.

Nació en el barrio de La Vega, aunque pronto se trasladó con su familia a Bilbao. Ahora vive y trabaja en La Rioja, aunque vuelve a menudo a Salamanca, donde acaba de presentar en la librería Santos Ochoa su libro Cocina familiar, en el que compila recetas para comer dos meses seguidos “sin tener que repetir ningún día”. Sus platos son los de toda la vida, y ese es, precisamente el secreto de un éxito que le ha llegado superados los 50 años, después de una época en la que, cuando buscaba trabajo, todo eran rechazos. “Demasiado mayor”, le decían. Hoy el canal del cocinero Javier Romero tiene casi cinco millones de seguidores… Y en su cabeza siguen hirviendo los proyectos.

El gran proyecto en el que se ha convertido Cocina Familiar fue fruto del paro…

La verdad es que jamás había pensado en dedicarme a ello, pero tuve que cerrar la empresa de multiservicios que tenía por la crisis.

¿Estaba vinculada a los fogones?

Ofrecía servicios de seguridad para empresas, mantenimiento de jardines, limpieza en fábricas… Y también caterings en bodegas de La Rioja, que era en lo que más me divertía yo.

Eres autodidacta en la cocina, y tu recetario recoge el legado familiar. ¿De dónde te viene esa pulsión por cocinar?

Cuando yo era niño, mis padres tenían una cafetería en Portugalete, y con 12 años empecé a entrar en restaurantes, como digo yo, a fregar platos. Como comer siempre me ha gustado mucho, y si como bien soy más feliz que si como mal, siempre he tenido curiosidad por la cocina. Dentro de lo que cabe, se me da bastante bien, pero sí es cierto que nunca he tenido la suerte de poder aprender de gente que supiera más que yo. Es lo que echo en falta, pero simplemente porque hubiera ganado tiempo, porque yo estudio cocina todos los días. La base de mi cocina la pusieron mi abuela, mi madre y mis tías. Por ejemplo, tengo una receta dedicada a mi tía Luisa de Salamanca, el Cochinillo asado al estilo de mi tía Luisa. Mi abuela tuvo un montón de hijos, entre ellos, cinco hijas que cocinan como los ángeles, y como yo siempre estoy merodeando cerca de la comida para pescar lo que puedo, voy aprendiendo. Además, soy una persona muy metódica, y si me pongo a estudiar aprendo lo que haga falta.

¿Cómo recuerdas ese momento en el que, con 52 años, te quedas en paro?

Cuando tienes una empresa todo el mundo te mira bien… Cuando la pierdes, ves que la gente hasta te huye un poquito, no sea que le vayas a pedir dinero. He ido a pedir trabajo a las gasolineras y hasta ahí me han rechazado, diciendo, poco menos, que no vales para nada.

“Intento animar a las personas de más de 50 años a que no se rindan, a que intenten hacer cosas, porque quizás un día te ve alguien surge la chispa”

Ahora ha salido un informe que dice que siete de cada diez personas de más de 50 años creen que no van a encontrar trabajo, y yo estoy convencido de que es así, pero también intento animarles a que no se rindan, a que intenten hacer cosas, que a lo mejor nunca llegan a nada, pero qué se yo, quizás un día te ve alguien y surge la chispa.

En tu caso, ¿cómo saltó la chispa?

Esta historia empieza porque un día estaba haciendo la compra y me encontré al propietario de una televisión local de La Rioja, que me preguntó cómo me iban las cosas. Le conté lo que había y me dijo: ¿por qué no haces un programa de televisión para mí? Evidentemente, era sin cobrar nada, pero al menos así intentas hacer algo. En este caso se demuestra que nunca sabes dónde va a estar tu oportunidad, ni cuándo va a pasar ese tren que dicen que pasa una vez a la vida. Hice más de 100 programas de cocina, y en el 101 les dije que no podía seguir. Para entonces ya había montado mi blog de cocina, y decidí grabarme yo los vídeos en casa con los pocos medios que tenía entonces. Después de estar más de dos años sin cobrar un duro, empiezas a ver la luz. Y hasta aquí, donde estamos ahora, que es la leche.

Cuatro millones de seguidores…

Bueno, estamos ya cerca de los cinco.

Actualmente existen innumerables programas y blogs de cocina. ¿Cuál crees que es el secreto de tu éxito?

El secreto es muy sencillo. Ves los programas de cocina que están tan de moda y no aprendes nada, porque no enseñan cocina, son reality shows. Sin embargo, muchísima gente tiene necesidad de aprender a cocinar, y es lo que yo hago. Básicamente, lo que tengo en Youtube es un curso de cocina casera, de la de comer en casa cada día. He publicado ya más de 800 vídeos, a una media de uno diario, salvo en julio y agosto, cuando lo rebajaré a cinco a la semana. Ese es mi trabajo, generar recetas para que la gente tenga opciones. Precisamente acabo de publicar el vídeo del hornazo de Salamanca, que ha gustado muchísimo.

Dedicas el libro a Pilar, tu madre, y a tu abuela Manola. ¿Qué recetas suyas recuerdas especialmente?

De mi abuela, que está enterrada en Salamanca, las albóndigas. Eran brutales. Además, como tenía prisa, las hacía grandes, que es como a mí me gustan. Me preguntan muchas veces quién es el mejor cocinero del mundo, y digo que mi abuela, que sin medios -porque vivió en la posguerra, y en la zona pobre- fue capaz de sacar adelante a un montón de hijos. Eso sí que tiene mérito. De mi madre recuerdo las patatas rebozadas, que era la comida típica de los domingos en mi casa, cuando yo era niño. Son recetas que me traen muchos recuerdos.

De hecho, dices que la comida tiene una importante “carga sentimental”, porque es la base de muchos recuerdos…

Fíjate si lo pienso, que cuando se empezó a gestionar este libro, en la editorial Planeta me dijeron que querían un libro para gente que empezase en la cocina, y yo les contesté que estaban equivocados, que este libro iba a triunfar entre la gente de 35 a 50 años, porque les iba a llevar a la cocina de sus madres, a lo que les daban de comer en casa.

¿Cómo ves este boom de sofisticación que vive la cocina?

Jordi Cruz estuvo hace poco en el programa El hormiguero presentando un libro de recetas, y dijo que incluía recetas mucho más fáciles de lo que suele hacer, porque sabe perfectamente que la gente en sus casas no puede hacer ese tipo de cocina. Ese tipo de cocina es para cuando vas un día por ahí a celebrar algo, para hacer disfrutar a los sentidos. Para mí esos cocineros son verdaderos artistas, y saben hacer unas cosas que ya me gustaría a mí saber hacer.

¿Sigues ese tipo de programas?

Sí, yo veo MasterChef, Top Chef… Los veo porque están relacionados con lo mío, y como también estoy metido en el mundo de la televisión, me gusta aprender cosas, tanto lo que puedes hacer como lo que no tienes que hacer.

Para ti la familia ha sido fundamental en este proyecto…

Es que para mí la familia es la base de la sociedad. Cuando hago una cosa, casi siempre la hago con la familia. Hoy en día, Cocina Familiar es una sociedad hecha con mi mujer y mis dos hijos, que cotizan a pleno rendimiento, porque esto da muchísimo trabajo.

Cuentas que antes de este proyecto manejabas internet y las redes sociales a nivel de usuario. Cuándo echas la vista atrás y ves todo lo que has conseguido, ¿qué sientes?

Tengo un amigo que me dice que ya tengo cuatro o cinco másteres en internet. Yo creo que he sabido encontrar el punto. Cuando entré en el mundo de los blogs de cocina, lo hice totalmente engañado, fíjate lo que son las cosas. Me dijeron: “Cuando tengas 10.000 visitas al mes, ya cobras”. Y cuando llegan los 10.000, los 100.000, los 300.000… sigues sin cobrar. Pero ya que has empezado, y como ves que hay ciertas posibilidades, sigues. Un profesor de repostería con un blog de recetas impresionante me preguntaba en un curso cómo era posible que su blog no funcionase.

“Me di cuenta de que la gente tenía muchas necesidades de aprender cocina. Y lo que hice fue ofrecer esas recetas que le hacían falta a la gente”

Cuando entendí un poco cómo iba esto, le dije: “Es muy sencillo, porque tú ofreces recetas para profesionales. Profesionales hay cuatro; habitantes en el mundo, 7.000 millones. Esa es la cuestión”. Para masificar algo tienes que hacerlo como si fuera un servicio público. Yo empecé a tratar esto como si fuera una empresa, a hacer estudios de mercado, y me di cuenta de que la gente tenía muchas necesidades de aprender. Y lo que hice fue ofrecer esas recetas que le hacían falta a la gente. Ahora, después de más de 800, vas incluyendo cosas como el hornazo, un capricho que tengo yo, las perrunillas… Son recetas de mi tierra, que me tira mucho y quiero que conozca todo el mundo. Aunque no sean tan populares, en un recetario tan amplio… Ahora espero que Cocina familiar sea para mucha gente un libro, no de cabecera, sino de encimera.

¿Se siente satisfecho por lo que ha conseguido?

He pasado de ser un total desconocido a que mucha gente me compare con Arguiñano. Yo digo: “Por favor, un respeto a Carlos Arguiñano, que es la leche, y yo son un pardillo comparado con él”. Pero por dentro te hace ilusión. Yo estoy encantado de la vida; hace mucho tiempo que soy bastante feliz; incluso cuando me iba mal estaba bastante feliz, porque soy un luchador nato y jamás me he rendido. Ahora mismo estoy en un sueño, pero con los pies en el suelo, no me hago pajaritos. Sigo con mi marcha, y sé perfectamente que si tiene que llegar algo en esta vida, llegará. Te doy un ejemplo. Cuando yo tenía 5.000 seguidores en Facebook, me dije: “Ya es el momento de hacer un libro”. Hice una autoedición de un ebook y vendí siete ejemplares. Pasó un año y le dije a la editorial que quería el archivo. El bombazo fue cuando lo puse en formato pdf como regalo para la gente. El libro de Las 100 primeras recetas de Javier Romero tiene ahora más de seis millones de descargas en todo el mundo. Qué quieres que te diga, no está en papel, no es una gran edición, pero estoy muy orgulloso.

Después del libro, ¿tienes algún otro proyecto en la cabeza?

Dentro el proyecto de Cocina Familiar va a aparecer una tienda on line de productos de alta calidad a un precio razonable. Esta misma semana se hace pública; empieza con el libro, evidentemente, y con una colección exclusiva de vinos de Rioja a muy buen precio. Y aprovechando mi visita a Salamanca, me voy a acercar a Guijuelo. ¿Dónde voy a encontrar mejor jamón ni mejor embutido?

Para cerrar, sugiérenos un menú para estos días de verano.

Podría contestar: “Come lo que quieras con los amigos y familiares de los que te puedas rodear”. Pero voy a recomendar un gazpachito clásico con tropezones. De segundo, nos vamos a comer una hamburguesa fusionada con pizza que para mí es un lujo. He publicado la receta recientemente. Es una hamburguesa que se hace en un pan grande redondo, de esos de pueblo, y encima se monta una pizza. Eso, para seis personas, es espectacular. Y de postre, el flan de huevo de mi abuela, el de toda la vida. El flan de huevo es un milagro de la gastronomía. Con nada sacas un postre espectacular.

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