Frank Ilfman: “Salamanca es pura inspiración”

El compositor israelí, autor de la banda sonora de decenas de películas y documentales, acaba de recibir un reconocimiento más, esta vez en el marco del MOSMA de Málaga, por la música de la cinta infantil 'Abulele'. Desde hace un año, la capital salmantina es el epicentro de su trabajo para el mundo

Frank Ilfman, con su mujer, la diseñadora salmantina Susana Nakatani.

A mediados de 2013, Quentin Tarantino dijo que Very bad wolves era la mejor película que había visto en lo que iba de año. La cinta israelí ganó el premio al mejor director en esa edición del Festival de Sitges, y también el que se otorga a la mejor banda sonora, obra de Frank Ilfman. De su personalísma creatividad ha salido la música de más de 40 películas (Revólver, The Intruder, The Ferryman…), series de televisión, documentales para la BBC…

Desde hace un año, compone desde Salamanca para buena parte del mundo, incluido Hollywood. “Cuando escucho su trabajo, a veces me cuesta creer que algo tan bonito sale de una personita como él… Es bastante impactante. Salamanca es un poco la imagen de Frank: es muy bonita, alucinante según llegas, pero en la vida a diario es muy normal”, cuenta su mujer, la diseñadora salmantina Susana Nakatani. Vivían en Suecia, pero el país no acababa de convencer al compositor.

¿Salamanca sí le gusta para quedarse?

Oh, sí, me encanta Salamanca, la gente, la comida, el vino tinto… Pasear por Salamanca es pura inspiración. Espero que algún día no muy lejano pueda hacer un concierto aquí, me encantaría. Viajo mucho por trabajo: Londres, Israel, Los Ángeles… Pero para mí es más placentero tener aquí la base, el hogar donde volver y relajarme.

¿Cuál es la diferencia entre componer una banda sonora y hacerlo para un grupo de música (trabajó para Durán Durán, Chemical Brothers…)?

Hace tanto que no hago música para bandas que me cuesta establecer la diferencia… Cuando compones música para una banda, sobre todo si es de rock, tienes total libertad, por lo que cualquier cosa es la inspiración, mientras que en las películas no puedes esperar tanto la inspiración; el trabajo tiene que ver más con el tema de la película o lo que quiere el director.

¿De qué proyecto se siente más orgulloso?

Normalmente, el proyecto del que me siento más orgulloso es el último, porque creo que a medida que voy creciendo mi música se hace mejor y más rica.

¿Es seguidor del cine español? ¿Qué le parece la música?

Me encanta el cine español y la calidad de la música de sus películas españolas. De hecho, soy fan de varios compositores españoles. Además, ahora tengo algunos proyectos en el cine español y tengo muchas ganas. Voy a trabajar con el director Max Lemcke (Cinco metros cuadrados, Casual Day…) en un thriller basado en un libro de la escritora belga Amélie Nothomb, y estoy muy ilusionado.

El compositor israelí, en un estudio de grabación.

Cuando ve una película para la que ha compuesto su banda sonora, ¿logra disfrutar de la historia o se concentra en la música?

Es difícil (risas). Cuando trabajo en la música de una película veo tantas veces las secuencias que es un poco cansino, una y otra vez, 500 veces… Con el producto terminado, a veces sí me puedo relajar y ver la película, pero en otras ocasiones pienso que me hubiera gustado que el resultado final fuera diferente. Una vez que yo compongo la música, la película es editada, así que siempre estoy pendiente de cómo ha quedado.

¿Se valora lo suficiente el componente musical de las películas o los espectadores nos fijamos solo en el trabajo de los actores, en la historia, el director…?

En mi opinión, una buena banda sonora tiene que ser discreta. Para mí es un cumplido que alguien me diga: “La película me ha encantado, pero no me he dado mucha cuenta de la música”. La música tiene que estar ahí para ayudar a la película, no para ser la película.

Sin embargo, hay cintas que destacan por su banda sonora y que todos recordamos por eso…

Hay casos en los que la banda sonora tiene una vida propia, porque es muy buena, pero suelen ser casos en los que la película también es muy buena, y las dos cosas van de la mano. A mí me pasó algo parecido con la banda sonora de Big Bad Wolves, una película israelí que ha tenido mucho impacto mundial, pero son casos raros.

¿Le gustaría trabajar con algún director en especial?

No tengo grandes favoritos, pero me gusta trabajar con directores que supongan un reto para mí y para mi música. Me gustan especialmente Almodóvar, Scorsese, Terrence Malick… pero, en general, cualquiera que me motive.

¿Qué tipo de cine le gusta como espectador?

Crecí con cómics y superhéroes, y es el cine que me gusta; también las películas de acción, las comedias… Como trabajo sobre todo con documentales, thrillers y películas muy intensas, en mi tiempo libre disfruto de cosas más ligeras. En el caso de que hiciera la música para alguna película de superhéroes, esa sí la vería (risas).

¿Y de qué música disfruta en su vida personal?

La clásica, la música israelí de los 70 y la música de los 80, porque es la época en la que yo era salvaje. Nunca escucho mi propia música, salvo que tenga que trabajar sobre ella porque se haga un CD o un álbum.

¿Le llega a afectar personalmente trabajar en algunas cintas?

Cuando son temas muy sensibles o profundos, sí. Como en la música tienes que poner tus emociones y a veces usar tus experiencias o tus recuerdos, puede afectarte mucho desnudarte para hacer la música en ciertos proyectos. Yo me tomo los proyectos de forma muy personal, pongo todo mi ser en ello. Que luego lo utilicen de una manera u otra es otra cosa, pero me gusta que mi música tenga personalidad y algo de mí.

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