Elvira Sánchez: “El subsuelo de la ciudad está repleto de tesoros”

Arqueóloga y gestora de patrimonio

La podrán conocer en las visitas guiadas al Pozo de las Nieves que se retoman, precisamente, este fin de semana. Nadie como ella les hablará de ese singular y mágico espacio de la ciudad, pues fue esta arqueóloga, Elvira Sánchez, quien lo descubrió y trabajó en él durante años. Esta mujer forma parte del grupo de “arqueólogos de urgencia” que trabajan de forma autónoma para descubrir los tesoros que dejaron nuestros antepasados, muchos de ellos, aún por conocer.

Este fin de semana retomas la actividad como guía en el Pozo de las Nieves…
Sí, es un trabajo muy agradable y gratificante. Los visitantes son personas muy curiosas, ya vienen documentados y preguntan con verdadera necesidad de conocimiento. Además me he dado cuenta de que la sociedad cada vez estámás sensibilizados con la necesidad de cuidar nuestro patrimonio, de hacerlo visible. Por otra parte, siento que los salmantinos están muy orgullosos de la riqueza de su ciudad y el valor que aporta al patrimonio global.Y este sentimiento no era así de tangible décadas atrás.

Y este comportamiento social tendrá mucho que ver con la actuación de las instituciones públicas y privadas a la hora de invertir y apostar por el cuidado del patrimonio.
También ha habido un importante avance en este sentido. Desde luego, a los arqueólogosnos gustaría que los protocolos fueran mucho más ágiles para que pudiésemos actuar con más rapidez; y que se invirtiera más dinero en este ámbito. Pero es cierto que en el caso concreto de Salamanca se están ejecutando interesantes programas, como el del Pozo de las Nieves o el del Cerro de San Vicente, por ejemplo; y también otros de carácter privado que nos darán grandes sorpresas y sumarán puntos de interés arqueológico al extenso legado que tiene Salamanca.

El Cerro de San Vicente es el ‘punto caliente’ de la historia de Salamanca. También has trabajado allí.
Sí el verano pasado trabajé allí, compartiendo espacio con otro equipo que se mantiene en la zona. Es un lugar especial y que por fin se va a poner en valor realmente. Las últimas noticias sobre el proyecto de reforma de su entorno me han alegrado mucho, pues creo que ha de ser un lugar visitable que aportará mucho tanto a los salmantinos como a los turistas que recalen en la ciudad. Además, desde allí las vistas de la ciudad son maravillosas.

¿Cuál fue tu primer trabajo como arqueóloga en Salamanca?
Pues, curiosamente, en el Cerro de San Vicente. Formé parte de la escuella taller de la Universidad de Salamanca entre los años 1994 y 1996. En el año 98 monté mi propia empresa, después de estudiar un máster en Gestión de patrimonio y, desde entonces, he desarrollado más de 300 proyectos, tanto en Salamanca como en otros puntos de la provincia y también de la región.

En estos 20 años como “arqueóloga de urgencia” con tu propia empresa, que proyecto destacarías de manera especial…
Es difícil responder. De todos ellos me llevaría algo. Les dedicas tanto esfuerzo, tanto estudio… y después, cuanto desarrollas el trabajo nunca sabes qué vas a encontrar realmente. Esta parte es maravillosa, cuanto un trabajo te sorprende y le da a vuelta a la teoría planteada en el inicio. En este sentido, destacaría la actuación en la calle la Rúa. El edificio que sigue apuntalado. Fue un trabajo para un particular que se acabó convirtiendo en una revelación, pues cambió la historiografía de la ciudad. En la excavación apareció la cerca celtibérica de la ciudad y en concreto la puerta de la cerca vieja. Hasta entonces se pensaba que pasaba por otro lugar.

Sin duda, un gran descubrimiento para la historia de la ciudad. ¿Por qué no se ha puesto en valor?
Eso ya no depende de nosotros, de los arqueólogos. Nuestro trabajo termina cuando ponemos en conocimiento de Patrimonio, de la Junta de Castilla y León, lo que encontramos. Pero cuando se trata de lugares de titularidad privada, tienen que ser las instituciones quienes decidan cómo proceder. Por eso se convierten en logros agridulces. A pesar de lo que suponen en cuanto a riqueza arquitectónica e histórica, se quedan ahí, enterrados, a la espera de que las personas que tienen potestad decidan qué hacer.

“Cuando los descubrimientos no se visibilizan, te queda un sabor agridulce”

 

También te encargaste de la rehabilitación de San Millán, otro punto de interés reconquistado en los últimos años…

Sí, este proyecto también fue maravilloso y me sorprendió gratamente. Además, descubrimos piezas de gran valor, como un conjunto de platos funerarios (donde colocaban la sal para que los cadáveres no olieran mal) y un costurero.

¿Qué hacéis cuando de repente en una excavación aparece una pieza de este tipo?
Hay que actual con rapidez. Estas piezas se conservan en buena medida porque se encuentran en unas condiciones de temperatura y humedad óptimas. Una vez que las exponemos a nuestro ambiente pueden desahacerse, literalmente. Por ello se llevan con la mayor celeridad posible al Departamento de Restauración del Museo de Salamanca, donde se guardan de nuevo en cámaras especiales.

Si pudieras elegir un proyecto en el que trabajar, ¿por cuál te decantarías?
Me gustaría continuar con un trabajo que desarrollé entre los año 2008-2011, en las Escuelas Mayores. Entonces conocí el edificio histórico y en concreto el Cielo de Salamanca, que está realmente sobre la capilla del edificio histórico de la Universidad de Salamanca. Desearía seguir investigando en este lugar y si no soy yo, ojalá se retome este proyecto, pues es una joya de nuestro patrimonio. También me gustaría trabajar en las huertas del río. Este proyecto sí está abierto, allí trabajan otros compañeros.

“En la restauración de San Millán descubrimos un conjunto de platos funerarios”

 

Parece que este es otro foco de interés arqueológico, junto con el Cerro de San Vicente…
Sí, la ribera del Tormes y el entorno del colegio Rodríguez Fabrés hasta las Jesuitinas creo que dará muchas sorpresas. Hay que tener en cuenta que el río sufría numerosas crecidas y que quedaron muchas estructuras bajo tierra, pues toda la zona estaba poblada. Tenemos que dejar tiempo para que los arqueólogos hagan su trabajo.

Inevitable preguntar por los misterios del subsuelo de la ciudad, sus túneles y canales…
Es evidente y conocemos que los grandes edificios, las construcciones históricas contaban con canalizaciones. Estos conductos se cruzaban con los de otros edificios. A lo largo de la historia se les han dado usos diferentes, por pura necesidad. Esto ha dado lugar a múltiples historias y leyendas.

Por lo que cuentas, parece que queda mucho por descubrir en nuestra capital…
Desde luego. Salamanca tiene mucho que contarnos todavía, sobre todo a través del subsuelo. Queda mucho por descubrir y también quedan proyectos estancados por sacar adelante que sumarán riqueza a nuestra colección patrimonial.

Excavación en el edificio de la calle la Rúa en el que se descubrió la puerta de la cerca vieja, celtibérica, de la ciudad. Fotografía cedida por la arqueóloga Elvira Sánchez, quien dirigió el estudio arqueológico de la obra.
Excavación en el edificio de la calle la Rúa en el que se descubrió la puerta de la cerca vieja, celtibérica, de la ciudad. Fotografía cedida por la arqueóloga Elvira Sánchez, quien dirigió el estudio arqueológico de la obra.

También se han destruido grandes monumentos.       

 Los conflictos bélicos, como la Francesada, el mal uso de los edificios y la falta de fondos para su mantenimiento han facilitado la desaparición de un conjunto arquitectónico valiosísimo. La zona de la Vaguada de la Palma fue una joya de la que apenas quedan restos visibles; pero también en otros lugares, como la ribera del Tormes o la mismísima plaza de los Bandos albergaron construcciones hermosas de las que apenas tenemos información.

¿Crees que se está haciendo buen uso del patrimonio?
Las ciudades se levantan para vivirlas y disfrutarlas, hay que usarlas para que se mantengan vivas. Ahora bien, creo se ha llegado a un límite que no debería cruzarse. Al menos, creo que debería de haber un control más estricto de las actuaciones que se realizan dentro y fuera de las construcciones en determinados proyectos, muy vistosos, pero que pueden dañar los edificios.

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