“El día que empiece a sentir el atletismo como una obligación lo dejaré”

Gema Martín Borgas | Atleta internacional

Cross, ruta, media maratón… No hay modalidad que se le resista a esta joven atleta internacional de Barruecopardo que ha estrenado web e ilusión. Comenzó a correr hace 24 años y ahora forma parte del Club Bilbao Atletismo, aunque vive y entrena en Salamanca, desde donde sueña con participar en los Juegos Olímpicos de 2020.

Acabas de presentar tu nueva web (gemamartinborgas.es), pero no es tu primera incursión en el escenario digital. ¿Qué podrán encontrar en ella tus seguidores y los aficionados al atletismo?

Yo ya tenía una web que hizo mi hermano y que yo me tomaba más bien como un entretenimiento.Sin embargo, ahora es casi imprescindible estar presente en las redes sociales y en el mundo digital en general, porque es una es una manera de mostrarte al mundo. Quienes accedan a la nueva web podrán conocer cómo es la vida de un deportista de élite que también hace incursiones en el atletismo popular. También servirá para visibilizar a los patrocinadores y colaboradores, una forma de agradecerles su confianza y apoyo. En principio tengo pensado realizar una publicación semanal, pero empieza la temporada de cross, que se prolonga hasta finales de marzo, y mi intención es contar cómo es la vida ‘por dentro’ en estas competiciones internacionales.

¿Cuándo comenzó tu incursión en el atletismo?

A los 6 años comencé a participar en las primeras carreras populares, como la del Turrón, y en los Juegos Escolares. Mi madre era la encargada de organizar las actividades extraescolares en Barruecopardo, donde vivíamos, y también monitora de atletismo, fútbol sala y baloncesto, así que mis dos hermanos y yo empezamos a practicar estos tres deportes con el club del colegio, aunque me fui decantando por el atletismo. Un día, tras una competición en Vitigudino, un entrenador, Honorato Hernández, le dijo a mi madre: “¡Cómo corre esa niña!”, y le propuso que entrenara en Salamanca. Fue entonces cuando di el paso al atletismo un poco más en serio. Con 14 años me trasladé a Salamanca para estudiar pero, sobre todo, para entrenar.

¿Cómo recuerdas esa época?

El periodo de adaptación fue muy difícil, porque el cambio fue muy drástico y para mí era todo nuevo. Crecí rodeada de mi familia, de mis amigos de siempre, y de repente empecé a vivir con mi abuela y los entrenamientos eran mucho más exigentes, aunque eso para mí era lo mejor, porque en el nuevo instituto sufrí acoso escolar, hasta el punto de que a mitad de curso tuve que cambiar de centro.

¿El deporte te ayudó de alguna forma a superar aquello?

Bueno, el acoso escolar no es algo que se supere; tienes que aprender a vivir con ello, aunque al final descubres que todo tiene algo bueno y que es una experiencia de aprendizaje. Pero sí, el atletismo fue mi base para afrontarlo todo. No solo por las carreras que tenía que echarme para escapar de las agresiones, sino porque donde mejor me sentía era entrenando. Estaba en el Sol Fuerza con Honorato Hernández (olímpico en 1988) y era la más pequeña de un grupo donde me sentía muy integrada y arropada.

Hace unos años sufriste una lesión que te mantuvo apartada del atletismo durante bastante tiempo. ¿Qué supuso para ti ese parón?

Fue muy duro, porque cuando estás en competición internacional y te lesionas eres como un ‘juguete roto’; si no rindes, empiezas a dejar de interesar. Quise incorporarme antes de tiempo y tuve varias recaídas, así que cuando volví lo hice directamente al atletismo popular. Desde ahí fui avanzando de nuevo poco a poco.

Después de más de dos décadas corriendo, ¿qué lugar ocupa el atletismo en tu vida diaria?

Llevo 24 años corriendo, así que mi vida gira en torno al deporte y a los valores que implica. Por ejemplo, cierta competitividad es sana, pero las cosas hay que afrontarlas con deportividad.

Sin embargo, pese a que el deporte es el eje de tu vida, te implicas a fondo en otras muchas actividades…

Estudio Derecho a través de la UNED e inglés en la Escuela de Idiomas, y tengo pendiente una asignatura de Trabajo Social. Entreno todos los días del año, así que como me despierto pronto para ir a correr, ‘exprimo’ bien el día, sobre todo para estudiar y aprender cosas. Es una forma de aprovechar esta especie de ‘época dorada’ que tenemos las mujeres hasta los 37 años, más o menos, si no quieres renunciar a ser madre. Yo aprovecho para formarme y labrarme un futuro profesional mejor.

“Tener que ponerte tiempos para ser madre es de lo más injusto que se puede vivir como mujer”

¿Y no da rabia tener que marcarse ese límite temporal al que no se enfrentan los hombres?

¡Claro que da rabia! De hecho, por mí ya tendría algún hijo, pero ahora mismo es imposible; después del parón que tuve por la importante lesión que sufrí sería romper mi carrera deportiva definitivamente, y eso sería muy doloroso para mí.

Dices que entrenas todos los días del año. ¿No te permites ni un día de descanso?

Entreno todos los días y también hago dieta todos los días (risas). Bueno, en Nochebuena y en Nochevieja me permito ciertas concesiones en la mesa, pero tampoco grandes excesos.

¿Cuántas horas sueles entrenar cada día?

Suelo entrenar dos veces al día, un total de cuatro horas, aproximadamente.

Has llegado a compaginar entrenamientos, trabajo y estudios. ¿Cómo lo hacías posible?

Es un sacrificio terrible, una locura, y la única forma de conseguirlo es teniendo todo el día organizado al milímetro.

“No sueño con ser rica, sino feliz, así que me conformo con lo justo para vivir con dignidad y hacer un viaje al año”

¿Qué retos deportivos te marcas a corto plazo?

Mi idea es pasar a maratón dentro de poco para intentar optar a los Juegos Olímpicos. Soy consciente de que ese sueño supone muchos meses de trabajo y luego puedes quedarte fuera. Pero yo creo que en la vida debes tener ambiciones altas, medias y bajas para ir avanzando hacia ellas. Comenzaré a prepararme a finales de 2018 o principios de 2019.

¿Cuál de tus éxitos recuerdas con más satisfacción?

Cuando gané mi primera medalla de oro en un campeonato de España de 1.000 m.l. por un segundo. Es el momento que recuerdo con más cariño, porque era mi primer campeonato y para mí aquello todavía era como un juego, así que la victoria llegó sin esperarla. Fue como un sueño, una locura. Al acabar me abracé a mis padres llorando, totalmente emocionada. Luego llegaron las internacionales por equipos, pero aquella va a ser la carrera que siempre recordaré.

¿Conservas algún resquicio de ese espíritu de ‘juego’ que al principio te movía a correr?

Sigo divirtiéndome corriendo. No soy una persona de aspiraciones muy grandiosas; no sueño con ser rica, sino feliz, así que me conformo con lo justo para vivir con dignidad y viajar una vez al año. Así que el día que empiece a sentirme agotada por entrenar o a ver el atletismo como una obligación lo dejaré, porque entonces la carrera se habrá acabado.

¿En algún momento has sentido que has tenido que renunciar a algo por el atletismo?

Sólo al tema de la maternidad, y la verdad es que tener que ponerte tiempos es de las cosas más injustas que se pueden vivir como mujer.

Y hablando de injusticias, ¿qué piensas cuando ves la escasa visibilidad o repercusión de los éxitos del deporte femenino de élite?

Que todavía queda mucho por hacer, y es triste, porque el esfuerzo que realizamos las mujeres deportistas es igual que el de los hombres, o incluso más, en algunos aspectos. Te pongo un ejemplo: en la San Silvestre Vallecana sólo se ha hablado ‘en grande’ de los logros masculinos, así que fíjate cómo estamos todavía en 2018. Pero soy positiva, y tengo confianza en que esto cambie. Hay algunas señales para la esperanza, como el hecho de que Ana Lozano, con la que compartí equipo, haya sido considerada la gran revelación del atletismo español del pasado año, por ejemplo.

Aparte de prepararte para optar a participar en los Juegos Olímpicos de 2020, ¿tienes alguna ambición a corto plazo?

Bajar mi marca personal en 10.000 por debajo de los 33 minutos. Es mi objetivo estrella para este año. También espero ir al trail. Hay que probarlo todo y no cerrarse puertas.

Has dicho que te gustaría aunar el Trabajo Social y el Deporte…

En cierto modo ya estoy inmersa en una idea de esas características a través del Club InterSala, que desarrolla, junto con la Fundación Aviva, un proyecto de inclusión social a través del deporte con personas con discapacidad. Verles me ha hecho darme cuenta de que no hay barreras. Para mí es muy bonito formar parte de este proyecto.

¿Cómo vive tu familia tus éxitos?

Mi padre y mi madre van conmigo a todas las competiciones, siempre los dos, en tándem.

¿Con qué momento te quedas cuando participas en competiciones internacionales?

Con el momento de después. Cuando ya has competido y estás relajada con tus compañeras. Dentro de la carrera de algún modo nos transformamos, pero vivo con mucho cariño esos momentos en los que nos mostramos como somos, un poco vulnerables después de la tensión.

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