“Nuestro modelo de sociedad es absolutamente hipócrita y enfermo”

La Casa Lis propone una reflexión sobre la barbarie de los conflictos bélicos a través de dos miradas: la del fotoperiodista Alberto Prieto en Siria y la de Goya, que en el siglo XIX reflejó el horror de la Guerra de la Independencia en una serie de grabados

Alberto Prieto, junto a la fotografía de un combatiente rebelde herido de muerte en Alepo. Detrás, grabados de Goya / FOTOS: Marcos Rodríguez

Alberto Prieto viajó por primera vez a Siria cuando la guerra destruía casi sin ruido, y después ha documentado el horror en nueve viajes más. El museo de la Casa Lis muestra ahora sus fotografías en paralelo a los grabados con los que Goya reflejó, en el siglo XIX, la barbarie de la Guerra de la Independencia española. Este fotoperiodista no es de los que permanece ajeno a lo que ve a través del objetivo, y eso le hace creer que la nuestra es una sociedad “desquiciada”.

Su objetivo ha visto de todo en lugares como Irak, Afganistán, Liberia, Sierra Leona, República Democrática del Congo, los campamentos de refugiados saharauis, Chernóbil, el Mar de Aral o Guinea Bissau. Ahora intenta “sobrevivir” como freelance, aunque reconoce que cada vez lo ve “más inviable”.

¿Cómo surgió la idea de hacer un paralelismo entre los grabados de Goya y las imágenes que has tomado durante años en las guerras de Siria y otros países fronterizos?

La Casa Lis tenía la opción de traer la colección de grabados y como conocían parte de mi trabajo pensaron en incorporar un punto de vista más contemporáneo para plantear una reflexión sobre las guerras. Al fin y al cabo, ahora se hacen de otra manera, pero el resultado es el mismo.

Viajaste por primera vez a Siria en 2012, cuando todavía existía una escasa cobertura del conflicto. ¿Cómo conseguías entrar?

He estado diez veces en Siria entre 2012 y diciembre de 2015, y las primeras entré de manera ilegal, a través de contactos. Las fronteras eran más “porosas”, así que esperábamos en países fronterizos, como Líbano, la ocasión de pasar. Después comenzó a haber más maneras de entrar por las fronteras que controlaban los rebeldes.

Tú que has estado allí en diez ocasiones, ¿crees que hay solución posible al conflicto sirio?

La solución es dificilísima, porque el problema es infinitamente complejo, se solapan muchos frentes y, desde luego, no podemos simplificarlos. Pero sí sé que en occidente tenemos una responsabilidad en eso, entre otras cosas, por las injerencias inoportunas que hemos tenido en esos países. EEUU invadió Afganistán, invadió Irak… ¿Cuál es el resultado? Sólo con un aumento de presupuesto en Defensa -que no sé si es oportuno o no- te aseguro que nunca vamos a ver el fin de esto, porque esto va muchísimo más allá. Tiene que ver con la tolerancia y con muchas otras cosas. Y lo que no se puede tampoco es querer que acabe la guerra y estar apoyando regímenes que no respetan los derechos humanos.

¿Qué te mueve a hacer lo que haces?

A mí me interesa mucho conocer cómo es el mundo, cuáles son los “tejemanejes” que lo mueven y comprobar en primera persona lo que ocurre, sin dar por bueno lo que nos cuentan sin cuestionarlo. Y luego, a nivel profesional, es una buena oportunidad, aunque peligrosa. Y carísima, por cierto. Sólo un día de alojamiento en Beirut mientras esperas para entrar son más de 100 dólares, por ejemplo.

FOTO: Marcos Rodríguez

¿Cómo te las has arreglado entonces para hacer todos esos viajes?

Las primeras veces, perdiendo mucho dinero. En los dos primeros viajes publiqué en grandes medios a través de la Agencia Associated Press. Fui en el momento oportuno, porque la cobertura informativa era escasa y apenas había material, así que la agencia empezó a publicar mis fotos. A pesar de todo, gasté mucho más dinero del que ingresé. Volví, porque parecía que podía ser interesante, seguí publicando algo más, y también perdí bastante dinero. Después hice equipo con periodistas de medios europeos potentes, que es una manera de compartir gastos y también de ir más respaldados y ahí, publicando para varios a la vez, más o menos lo puedes “salvar”. Hasta que he decidido que no puedo seguir viajando sin unas mínimas garantías.

Pareces “descreído” en eso…

Cuando muchos de los periódicos españoles te dicen abiertamente que tienen orden de no comprar trabajos a freelances españoles en sitios peligrosos… Después, una vez fuera, ya en sitio seguro, vuelves a intentarlo y la contestación es: “Por coherencia, no te las vamos a comprar ahora…”. Pues nada, será así, pero sigo sin comprenderlo. Si lo que quieren es que una persona no se ponga en riesgo por su “causa”, sería coherente si luego no publicaran fotos de gente de agencias locales a la que se paga la mitad. Además, creo que es importante la verosimilitud. No puedes dar por bueno todo lo que llega. Y es mayor la garantía que tienes con una persona independiente, que no obedece a ningún interés de un bando o de otro, aun con los errores que pueda cometer. Si no, lo que vamos a recibir es propaganda.

“Si no quieren que una persona no se ponga en riesgo por su ‘causa’, serían coherentes si no publicaran fotos de gente de agencias locales a la que se paga la mitad”

Ya cuando trabajabas en la prensa local hacías tus escapadas a lugares de conflicto…

Sí, yo llevaba bastante tiempo saliendo por mi cuenta sin la presión de vender, porque trabajaba y tenía una relativa estabilidad. Esto fue una apuesta diferente, porque era un sitio donde no se sabía lo que había, ni cómo te iban a recibir los rebeldes o qué te podía ocurrir si te veía o te cogía el régimen.

¿Has llegado a pasar miedo?

Sí. Y el que no haya pasado miedo en un sitio como ese es que es un loco.

Y entre todo el horror, ¿conservas algún instante bonito, de belleza o esperanza?

Sí, muchos. De las personas que nos acogen, por ejemplo. Ha habido episodios muy complicados, fundamentalmente en Alepo, que es la ciudad donde más he trabajado. En momentos en los que había bombardeos muy “cañeros”, gente que no te conoce de nada se organiza para que otros te dejen entrar en sus casas y te mantienen allí hasta que pasa el peligro. Eso lo he vivido en muchas ciudades.

¿Recuerdas algún episodio que te haya marcado especialmente?

Lo tienes ahí (señala la imagen del combatiente muerto que ilustra la entrevista). Ese hombre tiene un agujero en el pecho y se está muriendo. Ese mismo día murieron dos personas cuyos cadáveres estuvieron con nosotros en un cuarto del que yo no tenía muy claro que fuéramos a salir. Pero eso es una anécdota entre nosotros. Porque yo iba libremente, ellos no tienen esa opción de ir y volver en un avión. Están en sus ciudades. Sacando el cadáver de uno de ellos, hirieron a otro en un pie. Fue brutal. Uno de los cadáveres estuvo cuatro horas allí, hasta que se hizo de noche y pudimos salir… de milagro, porque sabíamos que había un tanque y un francotirador disparando a todo lo que se movía, “a la caza del conejo”.

FOTO: Marcos Rodríguez

¿Uno dónde tiene la cabeza en ese momento? ¿La pones en blanco?

No, tienes que enfriarla. Estaba con otro periodista español que ahora trabaja en Colombia. A veces, sin querer, te metes en ratoneras. El cuerpo te pedía salir corriendo inmediatamente, y el corazón se te sale, pero lo que hay que tener es calma y ver cómo evoluciona la situación. Tuvimos la suerte de salir de allí. Yo procuro ser prudente, y a veces eso no te garantiza nada, pero te ayuda a tomar decisiones sensatas. A veces lo que te pide el cuerpo no es lo que tienes que hacer.

¿Cómo se puede luego dormir, y vivir, con esas imágenes en la cabeza?

Pues sacando conclusiones y siendo consciente de que eso tiene que servir para algo. Al menos para darte cuenta de que la vida es preciosa; de que, lamentablemente, la guerra, que es el tema de la exposición, existe desde que el hombre es hombre, y hay unos intereses tan elevados que hacen que nos matemos aun siendo hermanos, siendo personas, da igual de qué sitio. La vida es lo más preciado que tiene uno y, a pesar del horror que se vive, he conocido a gente maravillosa, a periodistas fantásticos, grandísimas personas, y a gente llana de estos lugares que me han tratado mejor de lo que me trata mi país. Dentro del horror se subliman las sensaciones de ayuda, de hermanamiento…

“Una guerra no sólo se explica desde la primera línea del combate; también se explica desde los campos de refugiados”

Yo creo que uno no va ahí por casualidad, al menos en mi caso. Hay gente que lo ha hecho, pero desde luego yo no me pongo en riesgo si no entiendo que existe una causa mayor. De hecho, no iría cada día por frontline. Una guerra no sólo se explica desde la primera línea del combate; una guerra también se explica desde los campos de refugiados o viendo cómo se van los sirios de esas ciudades que son “invivibles” y cómo aparecen después por el norte de África… Familias divididas intentando entrar a las que nuestro Gobierno no facilita la condición de refugiados.

Tú que has estado con ellos y has conocido sus historias, ¿cómo recibes las noticias sobre su situación “en tierra de nadie”?

Me parece vengonzoso. Creo que la sociedad está enferma. Los he visto y he hablado con ellos, he estado con muchos que me han dado su tarjeta, y en ella pone “odontólogo”, “físico”… Son como nosotros, créeme. A veces nos hemos identificado más con ellos porque hemos visto a un niño, o porque el drama sucedía más cerca… ¿Tenemos que verlos en Italia o en Grecia para que entendamos que son como nosotros? A mí no me hace falta. Es lógico y humano que nos sintamos más identificados con lo que tenemos más cerca, pero ¿la gente que muere en el Mediterráneo no merece medio minuto? ¿O los 150 muertos de hace unos días en Kabul? Los sirios importan en la medida en que huyen y van a venir a nuestros países. Y ver a un niño nos revuelve cinco minutos, no nos engañemos. Por eso digo que el modelo de sociedad que tenemos es absolutamente hipócrita y enfermo. Cuando vemos imágenes de guerra por televisión ponemos un filtro que nos permite tranquilizar nuestras conciencias para poder continuar con nuestras vidas. “Ocurre allá, y yo estoy aquí, ¿qué podría hacer yo?”, nos decimos. Pero siempre se puede hacer algo. Siempre. Preocuparse de verdad, concienciarse. Y en cuanto a quienes toman las decisiones, facilitando que quien conoce estos temas los divulguen, no ningunearles.

¿Los reporteros de guerra os sentís así?

Absolutamente. Algunos no somos capaces ni de sobrevivir con nuestro trabajo, que nos gusta y que a lo mejor no hacemos horriblemente mal.

Habéis denunciado que muchas veces ni estáis respaldados por vuestros propios medios, a pesar de que os jugáis el tipo por vuestro trabajo.

Casi nunca. Lo puedo entender… Es algo que va con la humanidad, con el momento que vivimos. Queremos que nuestros hijos, nuestros padres y nuestras novias vivan bien y no tengan riesgos, pero lo demás…  No se está yendo a la raíz, no se está escuchando a la gente que sabe de esto, que la hay, y no suelen ser los que se sientan en los programas de info-entretenimiento, que es lo que hay.

“Veo una sociedad muy desquiciada a muchos niveles, y si no nos importa realmente el que tenemos al lado, ¿nos va a importar esto?”

Por ejemplo, la primera noche que vi la información sobre los ataques terroristas de Londres me sentí sumamente decepcionado con el tratamiento. No creo que aporte demasiado repetir 700 veces en bucle lo mismo, es necesario aportar algo, contrastarlo y hacer un análisis honesto y lúcido, pero vivimos a golpe de clic, y creemos que por conectar cada medio minuto para no decir nada nuevo estamos mejor informados.

Compañeros de profesión que cubren conflictos armados han muerto mientras trabajaban o han sido secuestrados. ¿Cómo vives este tipo de noticias?

Pues de una manera muy intensa. Conozco a algunos que lo han sufrido, como Antonio Pampliega, Ricardo García Vilanova, Javier Espinosa… He coincidido con ellos trabajando. No son sospechosos de ser unos locos, están entre los periodistas más experimentados de España, pero nadie está libre… Cuando ocurren estas cosas, piensas que ese podías ser tú.

¿Desde el punto de vista de la seguridad, cómo se plantea un viaje de este tipo?

Lo primero, haciéndote un seguro, que te cuesta dinero, pero es preferible que lo quites de otra cosa. Porque si encima te ocurre algo, como ha pasado con algún amigo…. Y si mueres ya ni te cuento. Trasladar un cadáver de Siria hasta aquí puede arruinar a una familia. Lo que no hay que cometer son irresponsabilidades. Cuando un sitio es extremadamente peligroso y se sabe que si apareces por allí tienes un riesgo altísimo de secuestro debes hacerlo en un perfil muy bajo y prudentemente, si es que crees que es muy importante estar. Y a veces es mejor no hacerlo. El mejor reportaje no vale una vida.

FOTO: Marcos Rodríguez

Ya que el respaldo y la compensación económica no llegan, ¿qué es lo que más te satisface de tu trabajo?

No es que el respaldo no llegue, es que no lo hay y no lo va a haber. Pero como decía Ramón Lobo en boca de Horacio Verbitsky, los periodistas tiramos semillas a las fuentes. ¿Para qué sirve? No lo sé, pero nosotros las tiramos. Creo que es bueno hacerlo. Aunque no se da el caldo de cultivo para que eso pueda servir de algo… Como digo, veo una sociedad muy desquiciada a muchos niveles, y si no nos importa realmente el que tenemos al lado, ¿nos va a importar esto?Yo lo que pretendo es intentar llegar a la gente y que entienda que esto ocurre, que no es cine, es de verdad. Y que cuando veamos este tipo de imágenes sepamos que están tomadas de la realidad, sea en Libia, en Siria, en Afganistán… El mundo es uno, todo está globalizado, incluido el terror. Me gustaría que estuviesen globalizadas también las oportunidades de salir adelante.

Dices que vivimos en una sociedad enferma y desquiciada y, a pesar de todo, tienes un mensaje de esperanza que se refleja al final de la exposición…

Bueno, yo creo en las personas. En algunas. No voy a ser un catastrofista absoluto. Pero con el género humano estoy absolutamente decepcionado. Están muriendo miles de personas en el mar, lo sabemos, se podría evitar… ¿Y no lo estamos haciendo? ¿Por qué? Porque son negros, porque son pobres. Es muy fácil entender la inmigración. Solamente tienes que irte a Gambia, a Sierra Leona, a Liberia. Sin traje y sin escolta, donde nadie sepa quién eres, y estar unos cuantos días haciendo la vida que hacen ellos. Lo vas a entender rápidamente. ¿Qué harías en esa situación? Lo mismo que hacen ellos: huir, buscar una vida mejor. No hace falta más, solo hace falta voluntad.

FOTOS: Marcos Rodríguez

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