“Acabo de regresar de África y ya estoy deseando volver”

Francisco Javier Hernández | Luz para Benín

Francisco Javier Hernández.

África también ha dejado huella en Javier Hernández, que acaba de regresar de su segundo viaje a Benín. Ha vuelto con la mochila cargada de enriquecedoras experiencias y el orgullo de ver materializado el proyecto ‘Luz para Benín’, por el que una docena de jóvenes podrá forjarse un futuro profesional.

Acabas de regresar de África de supervisar el proyecto solidario ‘Luz para Benín’. ¿De qué se trata exactamente?

‘Luz para Benin’ es un proyecto cuyo objetivo es la creación de una escuela de formación profesional de electricidad en Banikoara, ciudad situada al norte de Benín (África). Es una iniciativa nacida en el seno de la Unidad Pastoral “Centro Histórico de Salamanca”, formada por las parroquias de La Purísima, San Martín-San Julián y San Sebastián.

¿Por qué te involucraste en esta iniciativa?

Formo parte de la parroquia de La Purísima, donde conocí al padre Thèodore Soume. Este sacerdote creó la ‘Fundación Vida para Todos’ que es una ONG implantada en Benín desde hace más de 10 años y dedicada a la educación de niños y jóvenes en varios enclaves en la zona más pobre, al norte del país. Soy ingeniero industrial y me dedico profesionalmente al sector de la electricidad. Además, también he sido profesor en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de Béjar y me gusta la docencia. Así que me puse al servicio de Theodore y él, que es muy inteligente, enseguida vio la oportunidad de aprovechar los recursos que yo le ofrecía. Surgió así la idea de crear una escuela de Formación Profesional para formar electricistas.

Así que tu labor consiste en crear ese centro y formar a los jóvenes…

Bueno, mi labor en Salamanca consiste en promocionar la iniciativa, darla a conocer, para conseguir los fondos que nos ha permitido su construcción y el mantenimiento. Hay que tener en cuenta que los chicos viven lejos, en aldeas muy pobres y no pueden desplazarse a diario hasta la escuela. Por ello, es necesario facilitarles la residencia durante la semana.

¿Cómo logra esa financiación?

Fundamentalmente, a través de la parroquia. Siempre que se celebre alguna festividad o fecha señalada, relacionada con la luz, la colecta va destinada a los chicos de Benín. Además, contamos con la ayuda de socios que hacen aportaciones mensuales y, otros, donaciones puntuales. Por otra parte, les proponemos a los novios que hacen los cursillos prematrimoniales en las parroquias del centro, que colaboren, destinando el coste de los ‘regalitos’ al proyecto. Y, ya fuera de la parroquia, este año, por ejemplo, el dinero del Marrano de San Antón, de La Alberca, tendrá como destino, nuestro centro de formación. La verdad es que estamos muy contentos, porque hemos conseguido más apoyo del esperado y gracias a esta ayuda los chicos se están formando.

Precisamente, acaba de regresas de su segundo viaje a Benín…

Eso es. El año pasado, en las mismas fechas, hice el primer viaje para reconocer el terreno, conocer a los chicos y, en definitiva, poner en marcha el proyecto. En este segundo viaje, gracias a la ayuda antes mencionada, ese proyecto es una realidad. He podido conocer a los estudiantes, 10 chicos y una chica de entre 14 y 17 años. He visto el edificio de aulas, ya construido, y también el edificio destinado a la residencia. Es un auténtico orgullo comprobar que el trabajo tiene esta recompensa.

Entre los estudiantes hay una chica, sorprende en una cultura tan cerrada y machista…

Pues sí, ha sido difícil convencer a los padres de que los roles propios que conocen y que corresponde a cada miembro de la familia pueden cambiar para mejorar la vida de los jóvenes y de la comunidad. A los niños le corresponde cuidar de los animales y a las niñas, bueno las niñas tienen una gran carga de responsabilidades desde pequeñas. Si ya es un trabajo duro ir a las aldeas y hacer ver a las familias que sus hijos tienen que formarse, imagina en el caso de una chica. No podemos olvidar la pobreza y la miseria en la que viven.

¿Qué futuro les espera después de los tres años de formación es el centro?

De momento, ya están haciendo prácticas en las escuelas de la fundación. El objetivo final es que ellos sean autónomos y formen su propia empresa y, por supuesto, que como profesionales, su trabajo también revierta en la fundación y la sociedad.

Comentas que te has sentido muy orgulloso al ver que el proyecto está dando sus frutos, pero ¿qué te aporta a nivel personal?

Es muy gratificante. Supongo que a lo largo de mi vida siempre he buscado, sin pretenderlo, desarrollar esa faceta de entrega a los demás que encontré finalmente gracias a Theódore. Acabo de regresar de África y ya estoy deseando volver. Allí no hay comodidades, comes cuando se puede y eres consciente de una realidad nada agradable, pues compruebas que el día a día para estas personas es muy duro. Hay que estar preparado para venir aquí. Sin embargo, es una recompensa para mí y, por ello, me siento muy afortunado. Aunque somos muchos los que colaboramos en esta iniciativa, creo que yo soy el que más suerte tiene.

Si la escuela ya está en marcha… ¿Cuál es el siguiente paso de ‘Luz para Benín’?

En este viaje he recogido mucha información que tengo que estudiar para mejorar el funcionamiento del centro y la formación del profesorado. Hay que seguir promocionando el proyecto para que los fondos sigan llegando y así permitir que los chicos tengan lo que necesitan para vivir y estudiar.

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