Desvelo entre los venezolanos en Salamanca por la situación de su país

Los expatriados están formalizando una asociación, aunque de momento lo que les preocupa es difundir la grave situación que padecen en Venezuela

Cele Ruiz, en la jornada del plebiscito.

Venezuela está en el punto de mira de la comunidad internacional. El domingo será un día clave para los venezolanos, para los que ‘sobreviven’ haciendo acopio de víveres y protestando en la calle y también para los que observan impotentes desde el resto del mundo, expatriados de una nación que muere un poco cada día.

El presidente Nicolás Maduro ha puesto en jaque a la población convocando elecciones para elegir a los miembros de la Asamblea Constituyente. Colocando a todos los suyos en en este órgano, podrá transformar el Estado, hacer un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución. Un grave ataque que ha llevado a parte del pueblo, movido por la oposición, a luchar para que Maduro no consiga su propósito.

Desde Salamanca

El colectivo de venezolanos que reside en Salamanca está expectante ante los acontecimientos. El pasado día 16, cerca de 300 personas, emigrantes que viven en la ciudad y también venezolanos que estaban de paso, se acercaron hasta la calle Íscar Peyra para participar en la consulta popular convocada por la Mesa de la Unidad Democrática. Los votantes pudieron opinar sobre el rechazo a la Asamblea Constituyente promovida por el Gobierno y sin la base legal, la defensa de la Constitución por parte de los funcionarios y la Fuerza Armada Nacional y la renovación de los poderes públicos, la conformación de Unión Nacional y la realización de elecciones libres y transparentes.

Esa jornada supuso un momento de encuentro entre compatriotas. No todos se conocían, así que sirvió para poner en común información y dar un empujón más al proyecto de formación de una asociación de venezolanos en Salamanca, que ya está en marcha.

Al frente de esta iniciativa se encuentra un grupo de expatriados, como Diana Escalona. Nos cuenta que, aunque creen muy importante y necesario configurar un grupo de trabajo con carácter oficial, registrado, ahora mismo lo que más les preocupa es llevar a cabo acciones para que se conozca de primera mano lo que está ocurriendo en su país. “Este domingo hemos organizado una manifestación en la Plaza Mayor para respaldar el rechazo a la violación de los derechos humanos que se está produciendo en Venezuela. Está prevista para las 20:00 y el objetivo es que se sumen todos los salmantinos y turistas”, declara Escalona.

La venezolana también quiere comunicar a todos los venezolanos que viven en Salamanca que pueden ponerse en contacto con ellos a través del restaurante Kebab Isatis, situado en Íscar Peyra, lugar de encuentro de los expatriados de este país.
Buena parte de los venezolanos que están en Salamanca han salido de su patria huyendo de la miseria social y económica. Otros, los que llevan más tiempo, han tenido más suerte y aprovecharon la coyuntura social de hace unas décadas para poder estudiar en el extranjero, en Salamanca, y han echado raíces en nuestra ciudad.

En cualquiera de los casos, han dejado lejos a la familia y amigos, por los que sufren más que nunca durante estos últimos días.

A nivel particular, les ofrecen toda la ayuda que pueden, que se basa especialmente en el envío de medicinas y dinero. Mandar comida es cada vez más complicado, según dicen, pues suele bloquearse en la aduana y no llega a su destino. En cuanto al dinero, de poco sirve en algunos casos, cuando el problema es el desabastecimiento de alimentos y medicinas.

Otra imagen de Cele Ruiz.

CELE RUIZ / 5 años en Salamanca

“Allí dejé mi profesión, mi casa, mis amigos y a parte de la familia”

Cele Ruiz ya ha conseguido la residencia española y también ha logrado traer a su madre y su hermana en los últimos meses. “Gracias a Dios, mi madre ya está aquí. Estaba muy flaca y temíamos por su salud”, dice.

Allí era farmacéutica, pero lo dejó todo porque “se venía venir lo que iba a ocurrir”. Su hermana había partido antes, así que resultó más fácil comenzar otra vida fuera. Con su madre a su lado puede dormir un poco más tranquila, aunque resulta difícil no desvelarse ante los últimos acontecimientos. “Mi familia lo está pasando muy mal para conseguir lo más básico. El pescado es un lujo, y la carne sólo llega a los ‘enchufados’; para comprar el resto de alimentos, cuyo precio ha aumentado exponencialmente, como el azúcar, hay que aguardar cola entre 6 y 8 horas. Ante esa situación, me cuesta ponerme delante de un plato de comida, sabiendo que mi gente pasa hambre”.

Desde aquí solo puede enviar dinero, pues alimentos y medicinas no siempre llegan a su destino. El sueldo medio de un venezolano son 25-35 euros. Muchos quisieran salir del país, pero con ese salario apenas pueden alimentarse, y los billetes de avión no están a su alcance. El dinero que les envían desde España no garantiza su mantenimiento diario, pues el problema es que no hay alimentos en las estanterías de los supermercados. Pero lo peor de todo, apunta Cele, es la delincuencia.

“No te puedes fiar ni de la propia policía, que comete abusos y maltrata a los civiles. Lo que vemos en los medios de comunicación es sólo un poco de lo que ocurre realmente. Recuperar la vida que teníamos antes será cuestión de décadas, pero no pierdo la esperanza de volver algún día. España me ha dado mucho, pero mis raíces están en Venezuela”, relata. Conectada como puede con los familiares que han quedado allí, sigue atenta al día a día, que teme que acabe en una guerra civil. “Una salida pacífica es muy difícil cuando las Fuerzas Armadas están ‘compradas’”, lamenta.

DAVID SALCEDO / 9 meses en Salamanca

“Salir de Venezuela era nuestro salvoconducto para sobrevivir”

David Salcedo lleva poco más de nueve meses en Salamanca. Su salida de Venezuela fue crítica. Miembro activo de las fuerzas opositoras, asegura que ya no podían aguantar más la dramática situación en la que se encontraba su familia.

En primer plano, David Salcedo.

“Dentro del drama que vivimos, he tenido suerte, pues pude salir del país ayudado por mi condición, ya que soy pastor anglicano. Vine como pastor a la residencia Atilano Coco de Salamanca”, asegura el venezolano, que vivía en Bello Campo Chacao, a 500 metros de la plaza de Altamira, donde se han sucedido las manifestaciones de los últimos meses. El detonante para emigrar fue su rapto, “estuve secuestrado durante 18 horas”.

David y su familia son conocidos como los “agüeros”, pues se encargaban de suministrar agua a los manifestantes. “Estábamos muy expuestos. Además Leopoldo López es amigo personal de mi familia política”, comenta. Este activismo político en contra del Gobierno es duramente penalizado por Maduro “si no vas a favor, te destruyen. Acabaron con mi negocio, una empresa de reformas; con lo cual, la situación económica fue a peor. Nos obligaron a vivir en un edificio sin acondicionar, a la planta 16 y después a un piso en la planta 30. Allí perdimos a nuestro hijo de tres años, que cayó por una ventana”.

Salir de Venezuela era un salvoconducto a la supervivencia, pues asegura que temían por su vida. “Todo lo que ustedes puedan ver por la televisión es sólo una pequeña parte de lo que verdaderamente está pasando. No se respetan los derechos humanos, no tienen lo más básico, en esa situación ¿quién piensa en tener proyectos, en estudiar…? Solo luchas por vivir”.

En Salamanca David y su familia también se esfuerzan por salir adelante, pero dentro de un escenario mucho más amable. “Ahora lucho por conseguir el exilio político y también por traer a mi madre y mi suegra, no sabemos hasta cuándo podrán aguantar, dada su reputación política, al lado de la oposición. Está claro que el gobierno de Maduro no va a pasar de este año, pero lo triste es que habrá muchos muertos en este proceso de cambio”.

GUILLERMO BOSCÁN / 12 años en Salamanca

“Apuesto por una salida negociada para que no avance el odio”

Guillermo Boscán no salió de Venezuela para huir de las penurias políticas y sociales de su país, en realidad lo hizo hace12 años para estudiar con una beca de la Fundación Carolina; después continuó el doctorado en la Universidad de Salamanca y hoy tiene su propia empresa, una consultoría política, fundada junto con dos compañeros. Desde su posición privilegiada, sufre el drama de su tierra y de sus compatriotas y lo vive muy cerca por la experiencia familiar.

Guillermo Boscán lleva 12 años en Salamanca.

“Mis padres son médicos, viven en Maracaibo, donde al igual que en la capital, escasean los alimentos y, sobre todo, las medicinas. Mi mamá y mi abuela tienen hipertensión, así que les envío medicinas periódicamente para sus tratamientos”, cuenta.

Aparte de las medicinas y desde su posición de consultor político, Guillermo apuesta por una solución negociada, que divulga en las charlas que se imparten en el Instituto de Iberoamérica de la Universidad, donde colabora. “Trato de luchar por lo que puede ser, trabajo para que no avance el odio; pero todo esto lo veo desde la tranquilidad que me da vivir en Salamanca”, declara.

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