El compromiso ‘precoz’ que le acercó a los refugiados de Atenas

El de Néstor Prieto no ha sido un verano de piscina, playa y ‘quedadas’ con los amigos. Soñaba con cumplir los 18 para conocer el mundo, pero ese que no sale en las guías turísticas ni en los programas de viajes. La mayoría de edad le ha permitido convivir con los refugiados en Atenas y ahora siente la “obligación moral” de contarlo

Néstor posa con un grupo de niños y voluntarios en el barrio de Exarchia, en Atenas

Ha visto a niños kurdos iraquíes con graves carencias nutricionales totalmente evitables; ha visto abrazarse con sincero afecto a dos sirios que una vez estuvieron en bandos contrarios, ha visto cómo 200 hombres que duermen en el suelo tienen que arreglárselas con dos WC y dos duchas; ha conocido historias de refugiados palestinos que llegaron a Siria huyendo de la ocupación israelí sin saber que tendrían que escapar después de las bombas, ha vivido una de sus mayores alegrías al saber que uno de sus nuevos amigos había conseguido salir de Grecia para reunirse en Alemania con sus hijos y su mujer, seis años después de que la guerra les separara; ha escuchado cómo ese hombre desposeído de todo, quería invitarle una noche a un trozo de pizza para disfrutar de la normalidad de una cena entre amigos; ha leído un mensaje en su móvil que decía: “Hola, amigo. Malas noticias de Barcelona. Estoy muy triste”. Se lo enviaba, poco después del atentado en Las Ramblas, uno de los refugiados con los que ha compartido sonrisas y lágrimas este verano.

A sus 18 años recién cumplidos, Néstor Prieto Amador ha visto todo esto, y mucho más, en los 23 días que ha pasado en Exarchia, un barrio de Atenas en el que conviven vecinos, voluntarios y personas refugiadas acogidas en edificios autogestionados denominados squads.

Conflicto personal

A la vuelta, a este joven que ha empezado a estudiar Ciencias Políticas y que el curso pasado vendió “golosinas y paninis” en la cafetería del instituto para reunir dinero con el que pagarse el viaje se le descolocaron todavía más las piezas de una vida que desde hace mucho, pese a su juventud, está marcada por el compromiso social. “Llegas a casa y te enfrentas a un conflicto personal cuando analizas nuestro sistema de vida y ves que se sostiene gracias al sufrimiento de otra gente”, cuenta.

Por eso, siente la “obligación moral” de contar lo que ha visto. De recordar a quien quiera oír que hay miles de personas que tratan de sobrevivir como pueden a “situaciones límite” mientras Europa mira para otro lado y trata de lavarse las manos. Vestido con una camiseta en la que puede leerse Yo como tú, tú como yo, Néstor afirma no entender por qué los gobiernos europeos –también la sociedad– “no han entrado en razón ni se dan cuenta de que cuando quieran dar una respuesta al drama de los refugiados será demasiado tarde, porque entonces habrá serios problemas de integración”.

Trabajando en el nuevo centro social de SOS Racismo

“He convivido con sirios, afganos, pakistaníes, marroquíes, iraquíes, palestinos… En ninguno vi ningún tipo de pensamiento fanático religioso. Lo único que desean es llegar a algún sitio donde poder tener una vida normal, y la mayoría quiere volver a sus casas después del conflicto. Han dejado atrás a sus hijos, a sus familias, sus vidas enteras; están solos. Muchas veces lo único que quieren es tener un amigo, hablar”, explica.

Con SOS Refugiados

“Antes de emprender el viaje para el que soñaba con alcanzar la mayoría de edad, Néstor Prieto contaba que, una vez en Atenas, se pondría a disposición de las organizaciones que trabajan en Exarchia para colaborar “en lo que fuera necesario”. Así lo hizo. De la mano de SOS Refugiados, que gestiona el envío de comida y material hasta Grecia, ha ayudado a preparar el centro social que la entidad abrirá en Exarchia, El Victoria. Ha impartido clases de inglés y español en un squad de nombre Single man, que acoge exclusivamente a hombres solos, los que “más complicado lo tienen” para encontrar una salida a su drama. Ha preparado comidas y cenas en el City Plaza, un antiguo hotel ocupado y autogestionado que alberga a más de 300 personas refugiadas. Ha cuidado a niños y niñas en el centro Five School… Y ha hecho amigos. Entre los voluntarios y entre los refugiados.
Y no entiende cómo un país como España, “con tantos pueblos que se mueren por falta de población”, no ha sido capaz ni siquiera de cumplir con la cuota de acogida a la que se había comprometido: 17.000 personas. En los casi dos años que han pasado desde que se alcanzó el acuerdo, no han llegado ni 2.000.

Jugando con dos niños refugiados.

Néstor partió hacia Atenas solo un día y medio después de llegar de otra intensa experiencia, la Caravana a Melilla. Nada extraño si se tiene en cuenta que a los 16 años ya participaba en la exhumación de fosas comunes dentro del movimiento para la recuperación de la memoria histórica.
No sabe de dónde le viene un espíritu de compromiso social y político tan temprano, que arrancó a los 14 años desde la militancia estudiantil y que hoy también ejerce desde la Asamblea de Apoyo a las Personas Migrantes de Salamanca, pero cree que el germen pudieron ser los recortes que se aplicaron sobre la Educación pública. “Cuando lo pienso, creo que llevo más años viviendo en crisis que sin ella. Me vi metido en ello y cada vez ha ido a más”, indica. Aunque admite que lucha por una utopía, no se rinde. “Los cambios no llegan solos. Y al menos espero que las futuras generaciones sepan que yo no participe en este genocidio, que no me dejé llevar”.

 

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